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Museo del Calendario

Por: Agencias
marzo 28, 2020
in Entretenimiento
Museo del Calendario
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Santiago de Querétaro, Querétaro, México.-

El Museo del Calendario, ubicado en una casona restaurada del siglo XVII en el centro de Querétaro, está lleno de curiosidades, leyendas e historias de la vida cotidiana de diferentes épocas.

En este recinto algo queda demostrado, los calendarios han estado presentes a lo largo de la historia para contar el tiempo, pero también para contar algo más: las modas, las costumbres y los ideales de vida de las sociedades.

En una época en la que el calendario es algo que se puede tener en la palma de la mano, entre cientos de aplicaciones de nuestro celular, los calendarios impresos se han vuelto una pieza de museo, y eso gracias a los coleccionistas.

La familia Landín pensó compartir una parte de su colección de más de 2 mil piezas históricas y contemporáneas en el Museo del Calendario (Mucal), que abrió sus puertas en 2015 en una antigua casona restaurada en Querétaro que es, por sí sola, un espacio que vale la pena visitar.

Contar el tiempo ha sido una obsesión humana desde años remotos. El calendario más antiguo que se conoce es el de Aberdeenshire, Escocia, creado hace 10 mil años.

En esa época, quienes miraban al cielo se daban cuenta de que había eventos que se repetían y pensaron en registrarlos. Babilonios, griegos y egipcios contaron el tiempo. También los mayas y los aztecas, quienes dejaron en la Piedra de Sol un resumen gráfico de la cosmogonía náhuatl.

En las primeras salas, se puede ver una réplica de tamaño natural (3.60 metros de diámetro) del calendario azteca, tallado en madera por Luis Hernández Martínez e Irma Covarrubias.

Más adelante, el conteo del tiempo quedó a cargo de los religiosos, quienes llevaban un control de las estaciones del año y las cosechas, que se anclaban a las festividades. El primer calendario de pared fue elaborado en 1890 por la empresa estadounidense Osborn & Murphy, y fue el preludio para lo que vendría después, pinturas encargadas por anunciantes para promover sus productos en un objeto que estaría a la vista de las familias los 365 días del año.

El museo exhibe más de 200 piezas distribuidas en 19 salas; destacan las dedicadas a las obras de los grandes pintores de calendarios como Santiago Sadurni, Ángel Martín Merino, Jesús de la Helguera y Raúl Pablo Vieyra Flores.

La casona que alberga el Mucal está a unos pasos del Jardín Guerrero en la ciudad de Querétaro y su fachada no hace justicia a la majestuosa construcción que se encuentra adentro, un remanso de paz en pleno bullicio del centro histórico.

Solo atravesar el umbral de la puerta de entrada da una sensación, ya que los pasillos y patios del edificios están llenos de plantas, bonsáis de la India y macetas florales.

El inmueble fue comprado en 2005 a la familia Pozo y sometido a una restauración mayor, con técnicas de construcción de su época, conservando sus cuatro patios dedicados a las cuatro estaciones y su fuente original en el patio central con un Cristo.

La casona tiene mucha historia. Tras la restauración fueron rescatadas varias vasijas y objetos que están en la sala 13, convertida en Museo de Sitio.

Este lugar era habitado por una familia que tenía un negocio de telares y teñido de telas, lo que explica por qué cuenta con una red hidráulica que incluye pozos de agua que puedes ver en tu recorrido, ya que durante la restauración se montó un piso de cristal y alumbrado para conocer sus entrañas, gracias al trabajo del arquitecto Fernando Pérez Landín.

Como toda construcción antigua en Querétaro, la casona tiene su leyenda de fantasmas. En los días de la intervención francesa, la hija del dueño de este sitio se enamoró de un capitán de caballería del Imperio al que veía todas las noches, a través de la reja. Un día, su padre, quien simpatizaba con México y su República, los descubrió y se puso furioso.

Los vecinos notaron que a partir de entonces la hija desapareció y ya no se le oía cantar por los jardines. El padre murió anciano y amargado por haber tenido lo que él llamaba una hija ingrata, sin que se supiera más de ella.

En 1934 el doctor Manuel Pozo, médico reconocido, compró la casa y comenzaron a pasar cosas extrañas: las cosas se movían de lugar y sombras pasaban de una habitación a otra. Cuando se remodeló la biblioteca, descubrieron dos esqueletos, uno más pequeño que otro, con un vestido de gasa azul; el segundo con un uniforme azul de lana y botones del escudo imperial.

Después de retirar los esqueletos y sepultarlos terminaron los “espantos” en la casa del doctor Pozo.




 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Fuente: https://www.mexicodesconocido.com.mx/museo-del-calendario-universo-de-dias-y-sopresas.html?amp

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