Inusitado escuchar un “Muera” en la ceremonia del Grito de Independencia,
preocupante escucharlo, sobre todo con la respuesta del pueblo a viva voz, a grito
abierto, pero entendible desde cualquier óptica, pues si algo ha impedido el
crecimiento de México, el precisamente eso, el clasismo y la discriminación.
La sociedad mexicana todavía no se percata de las diferencias abismales que crean
las clases sociales, la ambición no se presenta en la misma proporción en un unas
y otras, tan solo desprecian en forma consiente, por el color de la piel, por la
vestimenta o por la forma de pensar.
Todos somos iguales, sí, pero no todos vivimos de la misma manera y el clasismo
es referente en ambos sentidos, no solo discriminan a los pobres, también los ricos
son discriminados en muchos aspectos y la intolerancia es perceptible de muchas
maneras desde la época de la colonia en nuestra patria.
Estuve en Oaxaca hace unos días y fue impactante saber que existen dos Iglesias
del Carmen, pues una estaba destinada para los indios y otra amurallada para los
ricos del pueblo.
La tradición clasista del país nos viene desde hace muchos años, no es necesario
recurrir a la historia para tratar de entender lo inadmisible, persiste actualmente en
muchos aspectos y las redes sociales se encargan de maximizarlo para criticarlo,
pero no para hacer conciencia ni para llegar a superarlo.
La clase alta, económicamente hablando, solo acepta como gobernante a los
miembros de su elite, mientras que el pueblo que abarrota el zócalo y las plazas el
15 de septiembre por la noche, ansia mantener la esperanza de algún día llegar a
dar el grito.
Por ello es la emoción que imprimen todos los gobernantes a la hora de emular a
Hidalgo, porque esa fecha es la única en la que las calles del centro se llenan sin
necesidad de ningún acarreo político. El fervor patrio se manifiesta de muchas
maneras, la más notoria y la más impactante es vestir de “Adelitas” a las niñas y de
“Juan Diegos” a los niños, porque las raíces de nuestra idiosincrasia están
asentadas en la lucha militar por la independencia del país y en la religión impuesta.
Muy impactantes las imágenes de la apertura del Zócalo de la Ciudad de México la
noche del 15, con el fondo musical del Huapango de Moncayo y todos corriendo
para vivir de cerca, lo más cerca posible, el Grito del Presidente.
México es una nación orgullosa de su historia, con paciencia notable para llegar a
sus éxitos, y lo que hoy vive el país, es un éxito en la inyección de tolerancia, en su
respeto internacional y en la tranquilidad de su economía.
Ojalá lo entiende este y los futuros gobiernos, la polarización no conduce a nada
bueno, no se justifican los “mueras”, basados en traumas personales, se gobierna
para todos y el poder permite acotar a aquellos que prefieren regresar al pasado,
basándose en la ley, aplicándola de forma plural y puntual.
Para lograrlo, solo hay que recurrir al Grito original de Miguel Hidalgo: “Señores,
somos perdidos; los franceses ya conquistaron España y vienen a conquistarnos a
nosotros. Se acabó la opresión, se acabaron los tributos, se acabaron las gabelas,
y voy a pagarle medio peso a los que me acompañen a pie y un peso al día a los
que me acompañen a caballo.”
Ese fue el grito original de Hidalgo y en su recorrido saliendo de Dolores al llegar al
Santuario de Atotonilco, tomó el estandarte de la Virgen de Guadalupe y le agrego
el “Viva la Virgen de Guadalupe”, después cuando llegó a San Miguel, agregó el
“Viva San Miguel Arcángel”.
Así que el mismo cura Hidalgo comenzó la tradición de agregar “Vivas” a la arenga
y desde entonces nadie ha parado.
La sociedad mexicana somos todos, la democracia permite que cualquier ciudadano
llegue a presidir el gobierno, el plural padrón electoral da el mismo peso y valor a
cada voto, desde ahí debe de comenzar el sueño de la modernización de la nación.
El riesgo de recurrir a las expresiones negativas en una noche de júbilo solo
conduce a la polarización de una sociedad que ya está harta de ello, esperemos
que no permee, que no divida y que se retome el camino de la pacificación que nos
debe de brindar la tranquilidad social.
El gran acierto del PRI fue mantener la paz social, sin justificar los excesos
cometidos, pues como todo gobierno, se equivocó en muchas ocasiones.
La hoya de presión que es un país, debe de mantenerse con la válvula siempre
conectada, permitiendo que le vapor salga, impidiendo la acumulación que la haga
estallar, si queremos una Patria más tolerante, los gobernantes y la sociedad deben
de encaminar sus pasos lejos del MUERA EL CLACISMO.
Jorge Alberto Pérez González
www.optimusinformativo.com
[email protected]

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