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Abuelos, generación tras generación

Por: Gerardo Flores Sánchez
agosto 28, 2022
in Opinion
¿Usted ya vió su fecha de caducidad?

En un sentido amplio la cultura se refiere a la educación, tradiciones, valores, creencias, preferencias, hábitos, comportamientos personales y sociales.

Asumiendo esto y en un esfuerzo de describir y comprender como los cambios culturales, que han ocurrido en la sociedad mexicana de la segunda mitad del siglo pasado a la fecha, han marcado el carácter de las personas según su fecha de nacimiento y generación a la que pertenezca, es común escuchar y leer sobre una clasificación popular de las generaciones, que comprende a los Baby boomers, a la Generación X, a los Millennials y la Generación Z o Centennials.

Los Baby boomers son los nacidos entre 1946 y 1965, es decir tienen entre 57 y 76 años. Se considera que esta generación es producto de la “explosión demográfica”, que les tocó disfrutar de la “bonanza económica” y la “paz” resultante del modelo económico del nuevo orden mundial bipolar surgido con el “triunfo” en la segunda guerra mundial de EEUU, Europa y la URSS.

Ellos se coinvirtieron en la creciente clase media, como base de las democracias capitalistas, impregnada de la cultura del esfuerzo y del sacrificio, a la que prometieron: seguridad laboral y pensiones para un retiro y jubilación digna. Pero sobre todo condiciones para que sus hijos ascendieran en la escala social.

A esta generación se le pronosticó que para el 2020, serían las del “nido vacío”, pues el progreso de sus hijos y nietos, en educación, en el trabajo, en ingresos y en su nivel y condiciones de vida, garantizarían su independencia temprana, convirtiéndose en un respaldo y motivo de satisfacción en su vejez.

Pero hoy muchos adultos mayores de esta generación, ven con sorpresa y pesar que sus hijos no viven mejor que ellos, que pese a sus estudios universitarios están desempleados, subempleados o con trabajos sin seguridad laboral y con salarios insuficientes para sus altas expectativas y necesidades de un estatus de clase media. También, no es poco frecuente que sus hijos e hijas “regresen al nido”, forzados por insolvencia para contar con los ingresos, vivienda y otros bienes y servicios indispensables para una vida autosuficiente.

Así con el ciclo neoliberal del capitalismo iniciado en los años 70’s y el de la globalización de los 90’s, la cruda realidad ha desmentido cada uno de los lugares comunes y promesas hechas a la generación de Baby boomers.

Lo que ha ocurrido es que la sociedad occidental no ha dejado de transitar de crisis en crisis, en las que la gran mayoría de los miembros de esta generación, de “niños privilegiados” pasaron a ser los “adultos desencantados” y forzados a apretarse el cinturón y a adaptarse a las nuevas tecnologías e inseguridad del mercado laboral. Ahora en la sociedad de la información, son inmigrantes digitales y cuasi-desplazados del mundo que construyeron con sus vidas.

La versión de la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE) a la que México ingreso por decreto el 1994, en el gobierno de Ernesto Zedillo, es de que, esta generación estaría cosechando los beneficios del “éxito” y “progreso material”, tecnológico y social de la economía mundial de finales del siglo XX. Afirmaron que desmontar el Estado benefactor bien valdría la pena.
Lo cierto es que México en casi 30 años de pertenecer a este club de naciones ricas y de ajustarse a sus “sabias” condiciones, no ha superado la línea de las naciones con más rezago en su desarrollo económico según los indicadores de ese organismo internacional: peor salud, educación, crecimiento económico, etc.

Los Baby boomers que tuvieron hijos y nietos son ahora los abuelos que vemos en las plazas comerciales, en los consultorios, en altos y medianos cargos de las empresas, instituciones públicas o de gobierno.

Sin embargo en un México desigual, divido en estratos socioeconómicos, pluricultural y multiétnico, no todos son tan afortunados. Para 2022 el 13.9% de los mexicanos en área rural y el 12.8% urbana están en pobreza extrema, de ellos muchos son adultos mayores y abuelos.

Según datos oficiales de 2018, de estos Baby boomers mexicanos que tienen 65 y más años, cerca de un millón, se encuentran en pobreza alimentaria. De este grupo, la mitad sigue trabajando. Menos del 20% (alrededor de 30 mil personas) esta jubilada y recibe alguna raquítica pensión derivada de su labor de varias décadas. Los desempleados o los que han necesitado completar sus ingresos, se han sumado al sector informal constituido por el comercio callejero.

De los que no se encuentran en pobreza alimentaria (alrededor de 6 millones) el 66% no trabaja y solo el 20% (1.2 millones) están jubiladas o reciben una pensión. De los que trabajan, solo el 6.4% eran derechohabientes de alguna institución de seguridad social.

Esta situación crítica de 2018, se vio empeorada por el impacto económico y social de la pandemia de COVID-19 de 2020-2022. Una de las respuesta más concretas de política pública para detener y atenuar la caída del nivel de vida de las personas mayores ha sido el Programa Universal de Pensiones a Adultos Mayores (PUPMA). De acuerdo a las investigaciones más recientes sobre el nivel de pobreza, con este Programa las pensiones a este grupo de edad se incrementaron del 39.12% al 74.12%. Es decir 7 de cada 10 mexicanos recibe alguna pensión. Lo cual aunque es un alivio a la pobreza relacionada al nivel de ingresos, aún no es suficiente para sus necesidades multidimensionales en alimentación, vivienda, salud, educación, trasporte, trabajo, justicia y otras más.

La Generación X, esta integrada por las personas que nacieron entre 1965 y 1982. Actualmente tienen entre 57 y 41 años. Por lo tanto son adultos próximos a ser mayores. Muchos ya son abuelos. Aún con esa edad, podemos ver casos en que dependen de alguna forma de sus padres mayores de 70 años. Otros afortunadamente son un apoyo emocional, material o prestadores de cuidado para sus padres envejecidos, enfermos, con discapacidad o dependientes. Pero también se da el caso inverso, de padres muy ancianos que cuidan a hijos adultos y adultos mayores. El Sistema Nacional de Cuidados sigue ausente.

Los Millennials son la generación de aquellos que nacieron entre 1981 y 1996, por lo tanto tienen entre 41 a 26 años. Son nietos y nietas de los Baby boomers, con quienes tienen tensiones por la extrema diferencia cultural, pero en algunos casos se fueron a vivir con ellos en un encuentro intergeneracional forzado o deseado.

Son personas jóvenes y adultos maduros que están viviendo en carne propia las duras condiciones impuestas por las reformas estructurales que los organismos internacionales representantes de la banca internacional recetaron a los Estado nacionales ante las crisis sucesivas que ellos mismos diseñaron. Lo más perverso es que pocos tendrán un trabajo seguro y la mayoría llegaran a viejos sin pensión, ni patrimonio.

Muchos no han podido mantener un matrimonio estable, ni una pareja “para toda la vida” como fue el modelo ideal de sus abuelos. El sistema los ha convencido de que son “libres”. Hay madres solteras, mujeres abandonadas, hombres divorciados, pares ausentes, embargados por su o sus ex esposas. Algunos son adultos que nunca lograron dejar la adolescencia y madurar, para ser autosuficientes. El establishment les educó en el individualismo y resentimiento.

La Generación Z o de Centennials. Esta formada por los nacidos entre 1996 y 2012. Son los y las hijas de la generación Millennial y bisnietos y bisnietas de los Baby boomers. Actualmente tienen entre 10 y 26 años. Son los niños, adolescentes y jóvenes inmersos en la dictadura de las nuevas tecnologías, tan naturales para ellos como el aire que respiran. Nativos digitales de segunda generación que padecen toda la diversidad de trastornos psicoemocionales, psicosociales y psiquiátricos que han generado la caótica vida social, comunitaria y familiar de la sociedad de la información y el conocimiento. La precariedad los asecha. La incredulidad le es tan natural como sus smartphones.

No en pocos casos el contacto entre los miembros de la generación Z, con los de la de los Baby boomers, cuando no es inexistente, puede ser mágico y refrescante como el de dos seres que viven en planetas diferentes de universos distintos pero que descubren que hay lazos de amor profundo que los une.

Ese el caso de mi relación con mis bisnietas, a las que como ser del pasado remoto no puedo evitar verlas con cierta culpa por el mundo que les estamos dejando; pero también con la ilusión de que esta nueva generación, haga lo que las tres que les antecedieron no se atrevieron a hacer con vehemencia, y retomen el camino del que nos dejamos extraviar por las ambiciones e irresponsabilidad de los que diseñaron la irracional, insostenible e inhumana sociedad de los “vencedores” de la Segunda Guerra Mundial, mismos que hoy acarician la idea de una Tercera.

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