Hace algunos lustros, Ciudad Victoria, la capital de Tamaulipas era una ciudad limpia y amable.
Sus calles lucían limpias, muy limpias, sin basura y lo más importante había conciencia de la comunidad en preservarla así.
Era una realidad, no solo el eslogan acuñado por el locutor, promotor del deporte y político Carlos Adrián Avilés Bortolussi, quien lo pregonaba en su programa radiofónico alegría matinal.
Le hablo de la década de los años chentas y noventas del siglo pasado.
En el discurrir el tiempo, hemos ido perdiendo esa cualidad y característica de Ciudad Victoria.
Algo nos pasó en el cambio de siglo, que dejamos de hacer comunidad para que las buenas costumbres de los victorenses continuaran.
Barrer y cuidar el frente de nuestras viviendas, era una de las acciones de la comunidad y de la que éramos corresponsables.
Los vecinos eran muy cuidadosos en sacar la basura poco antes de que pasara el camión recolector por cada sector, de acuerdo al calendario establecido.
Y el comportamiento del ciudadano en las calles era también de buen ciudadano que cuidaba el entorno, no se tiraba basura en la vía pública.
Quizá peque un poco de extremista, porque siempre hay “ecolocos” que nunca respetan las reglas, pero la gran mayoría de los ciudadanos teníamos la cultura de mantener limpia la ciudad.
Y es que la calle, el barrio, la colonia, el fraccionamiento, el parque, el mercado o la ciudad más limpia, no es la que más se barre, sino la que menos se ensucia.
Ahora, pretendemos endilgarle esa tarea exclusivamente al Ayuntamiento o al Gobierno Estatal, sin incluirnos.
Se cuestiona que no haya depósitos o contenedores para la basura en las calles, que no se dé el barrido manual de la calle por los empleados municipales o que se retrase o no pase un día el camión recolector.
Por esa pérdida de educación cívica, cultura de la limpieza y vida corresponsable en comunidad, la ciudad sucia ha sido el eterno problema de casi todas las administraciones municipales recientes.
Desde la era de Enrique Cárdenas del Avellano, Egidio Torre Cantú, Eugenio Hernández Flores, José Manuel Assad Montelongo, Alvaro Villanueva Perales, Arturo Diez Gutiérrez Navarro, Miguel González Salum, Alejandro Etienne Llano, Fernando Méndez Cantú, Oscar Almaraz Smer, Xicoténcatl González Uresti, María del Pilar Gómez Leal o el actual Eduardo Abraham Gattás Báez.
No importa la profesión del alcalde, el partido político, el sector del que provenga, el compromiso que tenga con la sociedad, pues la problemática siempre los rebasa.
Solo con la participación de la comunidad, el compromiso con de los vecinos y las familias de cada sector, podremos recuperar aquella añeja característica, que parece haberse llevado a la tumba el buen amigo y mejor locutor Carlos Adrián Avilés Bortolussi.
Tengo el domicilio en el centro de la ciudad, en una calle muy transitada por autos y peatones, de tal forma que cada día veo esa triste realidad el nuevo Victoria.
Los peatones tiran cubrebocas, vasos de unicel, botellas de plástico, bolsas de frituras, envolturas de galletas, hojas de tamales, cucharas y tenedores de plástico, bolsas de plástico, colillas de cigarro, botellas de cerveza, latas de refresco o bebidas alcohólicas, entre muchos otros residuos.
Y los automovilistas también van tirando esos artículos. Los conductores de microbuses le agregan hasta envases de plástico de líquido de frenos, aceite para motor, aceite hidráulico, etcétera, etcétera.
Pero el problema es general en casi toda la ciudad, la calle de mi oficina, en el segundo cuadro de la ciudad no escapa de esa situación.
Mucho menos otra vivienda familiar en las cercanías del Mercado Argüelles, a la que hay que agregar la suciedad por un mayor número de transeúntes tirando basura, y la que generan los vendedores ambulantes.
O bien las enormes bolsas que sacan a horas no reglamentarias los empleados de los establecimientos comerciales.
La claridad en el reglamento, su divulgación, la vigilancia estrecha para su cumplimento, así como la creación de una alianza estratégica con escuelas para su contribución a la creación de una cultura de limpieza, deben ser acción permanente.
Hace unos días un grupo de amigos veteranos, recordaban aquellos tiempos de tranquilidad, amabilidad y limpieza de la capital tamaulipeca.
Y la coincidencia de los comentarios para resolver la problemática de la sucia capital tamaulipeca que tenemos con alcaldes del PRI, PAN o MORENA, conduce a la necesaria participación plena de la sociedad.
Aparejada con la exigencia al alcalde el turno para que haga su tarea.
Ese desaseo en nuestro diario vivir, luego se pasa a la política.
Y por eso los procesos electorales son tan sucios, con prácticas muy viciadas de los partidos políticos.
Por cierto, hay en puerta dos procesos de elección de dirigencia en los partidos políticos más representativos en la entidad y la ciudad, MORENA y el PAN.
Este domingo se elige la dirigencia morenista. Y tan desaseado está el proceso que la más viable aspirante es una reconocida priista (Lucero Martínez López) del sur de la entidad.
Mientras que en al albiazul, que presume de pulcritud, hicieron otra cochinada en el registro de aspirantes, al amedrentar a dos prospectos ( Francisco Garza de Coss y Arturo Soto Alemán) y rechazar el registro a otro (José Sacramento Garza) , con la idea de asegurar el camino al gran perdedor de contiendas Luis René Cantú Galván, títere de Ismael y Francisco García Cabeza de Vaca, que quieren mantener el control de ese partido.
Cuando la basura pulula por doquier, es que ya nos convertimos en una sociedad contaminada.
Así es que no nos extrañe el predominio de los políticos de desecho.
La gran tarea de ésta etapa de la modernidad, es la limpieza integral. La casa, la calle, el barrio, la comunidad, las instituciones, sobre todo aquellas que son plataformas para el ejercicio del poder público.

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