Salvo honrosas excepciones los diputados
tienen fama de flojos, “levantadedos”,
convenencieros, de no pensar en la solución de
los problemas de la comunidad y el país antes
que en los propios, que se reducen a jugosas
dietas y beneficios colaterales con la “charola”
legislativa.
Por eso sin duda no extrañó que en las
últimas sesiones hechas a “matacaballo” por el
tema del coronavirus no presentaran ninguna
iniciativa para palear la crisis que se veía venir,
–pero eso si puntualmente y con riesgo de
contagiarse del terrible mal– sesionaron en San
Lázaro para aprobar reformas a la ley para
reelegirse y poder estar “pegados a la ubre
presupuestal” hasta el 2030.
Y eso nos deja claro que en México somos
una sociedad sin quien la represente y defienda,
porque los que deberían hacerlo lo hacen —
aprovechando el voto que se les dio—para
asegurar beneficios personales o de camarillas.
El 2021 está a la vuelta de la esquina, y hay
muchos que se preguntan si esos diputados
que han traicionado a los ciudadanos se
atreverán a regresar a sus distritos a pedir
nuevamente el voto para reelegirse.
Los políticos de todos los niveles han
aprovechado la pandemia del coronavirus “para
llevar agua a su molino”, y cada quien a su
manera busca demostrar su preocupación por el
pueblo aunque no todos logran el propósito,
algunos por las ocurrencias que ofrecen a la
ciudadanía.
También los gobernantes “pasan a examen”
con la comunidad haciendo lo que debieran
hacer todos anteponiendo la preocupación por
la salud y la vida de los conciudadanos, y varios
de los gobernadores de los estados así lo han
hecho sobre todo cuando vieron que a nivel
nacional se minimizaban los riesgos de la
terrible pandemia.
Tamaulipas ha sido uno de los estados donde
se han tomado medidas de acuerdo a las
circunstancias, y el asunto del coronavirus se
ha tratado de acuerdo a los riesgos que implica
para las familias tamaulipecas.
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