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Domingo XVIII del Tiempo Ordinario Ciclo C

Por: Sacerdote José David Huerta
julio 31, 2022
in Opinion

“Nunca vi un camión de mudanzas detrás de un cortejo fúnebre, nunca”. Papa Francisco

Estimados lectores, que tengan un bendecido domingo. En este día la Liturgia de la
Iglesia nos presenta los siguientes textos para meditarlos, reflexionarlos y sacar criterios de
acción para nuestra vida: la primera lectura está tomada del libro del Eclesiastés o Qohélet
1,2; 2,21-23, la sugerencia para la segunda lectura es la carta de san Pablo a los Colosenses
3,1-5.9-11 y finalmente la propuesta para el Evangelio es Lucas 12,13-21.

Como sucede frecuentemente, es fácil encontrar la relación entre la primera lectura
y el Evangelio. En este caso, nos hablan de los bienes materiales, que en palabras del
Eclesiastés, son “vana ilusión” porque “todo pasa” y al final de nuestra vida no nos
llevaremos nada de ellos. Pero considero que el criterio para llegar a esta afirmación
existencial nos lo da la segunda lectura, donde San Pablo señala que vivimos en un “orden
nuevo” inaugurado por la resurrección de Jesús.

Para quien cree en Cristo, para quien es discípulo de Jesucristo, para quien acepta la
biblia como Palabra de Dios, existe una nueva forma de vivir. No poseemos solamente la
vida en este mundo sino que estamos llamados a la vida eterna, a resucitar y nunca morir
más. Por eso en el proyecto de vida que hagamos debemos considerar la dimensión de la
resurrección. Dice Pablo “busquen los bienes de arriba…pongan todo el corazón en los
bienes del cielo”.

Obviamente la Iglesia no nos dice que los bienes materiales sean malos en sí mismos.

El problema radica en el lugar que les demos en nuestra vida, es decir, cuando nos dejamos
llevar por la avaricia y no los utilizamos como medios para hacer el bien, para generar
trabajo, para socorrer las necesidades de los demás.

Jesús en el Evangelio hace una advertencia: eviten, cuídense, guárdense de toda
clase de avaricia. San Pablo en Colosenses 3,5 dice “hagan morir en ustedes lo que es
terrenal…el amor al dinero, que es una idolatría”. Y el Evangelio da las razones para adoptar
este criterio: la vida del hombre no depende de la abundancia de los bienes que posea. Sin
embargo, cuánto nos cuesta comprender estas palabras.

¿Cuál es el ideal de muchas personas? Quizá es el mismo que narra la parábola del
Evangelio: acumular lo suficiente para que al final de nuestra vida, en nuestra jubilación,
podamos descansar, comer, beber y disfrutar, banquetear, hacer fiesta, darnos a la buena
vida. Pero la ausencia del trabajo no es un verdadero ideal humano ni cristiano. Además,
algún día moriremos y no nos llevaremos nada.

Parafraseando al Papa Francisco podemos decir que si hay un tesoro que podemos
llevar con nosotros, un tesoro que nadie nos puede robar, no es lo que has estado
guardando para ti sino lo que has dado a los demás. El amor, la caridad, el servicio, la
paciencia, la bondad, la ternura son lo que llevaremos. Los otros (dinero o bienes
materiales) no (reflexión del Papa en la misa diaria del 21 de junio de 2013).

El Papa Benedicto XVI también se ha pronunciado sobre el tema señalando que “la
riqueza, por más que se trate de un bien, no debe ser considerada un bien absoluto” porque
“sobre todo no asegura la salvación sino que hasta podría comprometerla seriamente”
(Ángelus 5 de agosto de 2007). Por eso las cosas, las posesiones no deben ser lo más
importante hasta el punto de que oscurezcan otros valores fundamentales como el servicio
a Dios, al prójimo o el valor de la unidad familiar.

Que nuestra preocupación no sea acumular sino compartir; que nuestro consuelo
no sea almacenar para darnos la buena vida sino generar trabajo para muchos; que nuestro
modelo no sea una vida de disfrute sino el vivir la salvación que Jesús nos ofrece, porque
nos podría decir Dios: insensato, tu alma será reclamada esta misma noche, o quizá porque
llegará una enfermedad que nos hará cambiar de actitud.

Vivamos una vida para amar a Dios y amar al prójimo a través de acciones concretas.
Dios nos conceda sensatez para vivir usando los bienes como medios e instrumentos para
alcanzar la vida eterna.
Que el Señor bendiga a tu familia!
Fraternalmente: P. José David Huerta Zuvieta

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