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Silvio, el comunista

Por: Clara García Sáenz
julio 18, 2022
in Opinion

Todavía en la década de los noventa, después de la caía del muro de Berlín,
Silvio Rodríguez era la imagen de “la canción de protesta”, de la izquierda, del
socialismo, de la disidencia, de la rebeldía contra el capitalismo. Para entonces sus
discos eran difíciles de conseguir y si alguien quería verse “intelectualoide” lo
escuchaba.

Ya entrado el siglo XXI las cosas fueron más fáciles, más pasables, más
tolerables, porque nadie se impresionaba si escuchabas o no a Silvio, te asumieras
de izquierda; incluso, el decir que sentías nostalgia por la Unión de Repúblicas
Socialistas Soviéticas (URSS) sonaba muy “cool” y el hipócrita mundo capitalista
aplaudía películas como “Adiós a Lenin” o “Érase una vez un país”.

Entonces Silvio vino a cantar al zócalo de la Ciudad de México y todo mundo
hablaba de la apertura, a todos les gustaba y para la prensa de derecha “todo era
felicidad”. La primera vez que cantó en el Zócalo a modo de gran concierto gratuito
fue en el 2005; La Jornada reseñaba así el concierto: “El Zócalo de la capital del
país quedó desbordado la noche del sábado por el poder de convocatoria del
cantautor cubano. Ochenta mil, cien mil, ¿muchas más? Un chingo de personas de
edades, estratos sociales y pensamientos políticos diferentes allí reunidas,
convertidas en un colosal miocardio durante más de tres horas. ¡El milagro de la
palabra!” cantada!”

Volvió a llenar el zócalo en el 2007 y después en el 2014, la prensa calculó
más de 100 mil personas en todos los conciertos y ondearon banderas de la UNAM,
del EZLN y cuanto movimiento de resistencia, de izquierda o de protesta al régimen
y entonces todo estaba “muy bien”.

El 10 de junio de este año también llenó el zócalo, pero ya las cosas fueron
diferentes, muchas de aquellas banderas ya no estaban, la prensa destacó el costo
del concierto, y el artistas, bueno el artista “un ordinario”, “comunista,” “lambiscón
del régimen de AMLO” y lo peor, “un cubano propagandista del régimen de Fidel” y
otros epítetos que nunca se les habían ocurrido a los opinadores nacionales.

En un artículo que Juan Pablo Zebadúa Carbonell escribe a propósito del
concierto en el zócalo dice: “Al respecto del concierto de Silvio Rodríguez leí a Julio
Patán (quien dice): En los últimos días se ha leído con pelmaza frecuencia que
bueno, güey, Silvio, como artista, es incuestionable. Como he dicho antes, no me lo
parece. Al contrario. Están esa infumable pulsión metafórica en la que todo puede
leerse como un canto de amor a la revolución, esa pinche vocecita, y esa
característica suya que, extrañamente, no suelen mencionar sus críticos: su
mamonería, ese hieratismo de perdonavidas del hombre plantado en una silla,
inmóvil, frente a las partituras, en el escenario; un hieratismo que se puede permitir
Bob Dylan, pero no él. Sobre todo, está esa melcocha, recordatorio de que detrás
de un represor suele haber un cursilazo, o viceversa.”

Zebadúa Carbonell continua “Cáspita. Mucha diatriba para decir que no te
gusta la trova y ya. A don Julio, es obvio no le encanta Silvio (así, con nombre
propio) y no pasa absolutamente nada, a mí tampoco a mí me gusta la música de
banda, pero no por eso corro a decir pestes de los artistas y luego plantear que por
el “sistema político” tan jodido en el que estamos, están triunfando. Porque luego
arremete que, por eso, por ser tan malo Silvio Rodríguez y por ser un trovador
izquierdoso, el foquin gobierno no debiera patrocinar nada de eso.”

“Pienso si los Rolling tocaran en Ciudad de México, gratis y “para el pueblo”,
entonces las huestes redes sociales dirían que Mick Jagger es comunista porque
se le notó desde antes; no se inclinó nunca ante la reina y porque, lo que más les
jode, es que haya venido a un país donde gobierna la maldita izquierda, la cual no
se le puede dar ninguna concesión porque, por sí, es mala y malvada. Eso piensa
Chumel, es neta.”

Remata diciendo Zebadúa: “Me pregunto: ¿Qué pasará ahora cuando toque,
gratis otra vez, el grupo Firme y los Ángeles Azules? Se sabe ya hay agenda de
conciertos en el zócalo de la ciudad de México. ¿Qué dirán las huestes apostadoras
de los léxicos de odio (igual al otro bando) cuando vean la plaza llena de malvados
comunistas prorusos bailando? Dijera el clásico, como el rock, Silvio no tiene la
culpa y mucho menos la cumbia populachera del lumpen proletariado”.

El escándalo mayor, para la derecha en el concierto de Silvio en el zócalo fue
haberle dedicado la canción de El Necio al AMLO, que por cierto, en algunas
radiodifusoras hace ya algunos años estuvo prohibida por que usa la palabra
“mierda”.

Pero más allá de la politiquería, Silvio llenó el Auditorio Nacional con varias
fechas y desbordó el zócalo con un concierto gratuito, pasando la prueba que sólo
los grandes artistas logran, el tener llenos totales donde se presentan.

Una de las cosas que a mí, en lo personal me gustan y emocionan es ver
como alumnos míos se sorprenden de saber que a mí también me gusta Silvio como
a ellos, lo que significa que la trascendencia de su música de una generación a otra
no es por sus ideas o filias, sino por su talento artístico.

Más allá de sus clásicas canciones de los 70 y 80; la complejidad de Silvio
radica en que como todo buen artista, ha evolucionado y su crítica se ha vuelto más
fina, su metáfora más elegante, y su ímpetu de juventud, se ha transformado en
tranquilidad reflexiva.

Pero cuando hay corazones que odian al diferente, guardan rencor por sus
fracasos políticos de clase social y están enojados porque sus privilegios se
esfuman, no hay forma de invitarlos a que escuchen las críticas tan complejas
hechas en canciones como “Paladar” o tan amorosas como “Ala de colibrí”, tan
liberadoras como “Soltar todo y largarse”, incómodas como “Cuantas veces al día”
porque no las entenderían ni les tocaría el alma, pero tal vez “El reino del todavía”
sea lo única canción que explique la actitud contra Silvio de sus detractores en
aquellas líneas que dice “Nadie sabe qué cosa es el comunismo, y eso puede ser
pasto de la censura.” O tal vez les enrabiete escuchar la que dice: “Viva el harapo
señor y la mesa sin mantel, viva el que huela a callejuala, a palabrota y taller.”

E-mail: [email protected]

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