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Dice que será Secretario

Por: Clara García Sáenz
julio 11, 2022
in Opinion

Lo conocí antes de que yo cumpliera los 20, él era entonces un médico recién llegado
de Barcelona con su especialidad de traumatología bajo el brazo y un futuro prometedor
en su ciudad natal; había logrado, siendo gobernador Américo Villareal Guerra, el
nombramiento como director del recientemente inaugurado Centro de Rehabilitación y
Educación Especial (CREE).

Entonces yo era una estudiante que buscaba un empleo para mantener mis
estudios universitarios, era como ahora se dice “una nadie”; mi hermano Gonzalo me
recomendó con él porque necesitaban un fotógrafo clínico en el CREE y gracias a mis
conocimientos de fotografía conseguí el trabajo, sólo que “como no había plaza para
ese trabajo” según me explicaron, me contrataron como recepcionista, labor que
desempeñaba puntualmente de siete a tres, de lunes a viernes; pero también cumplía
como fotógrafa cuando se requería.

Cuando se es joven, el abuso laboral generalmente uno lo pasa por alto, tal vez
porque se tiene mucha energía, porque se necesita el trabajo o porque los saberes (en
este caso un conocimiento especializado) se comparten generosamente. Y creo que
esos tres elementos se conjugaron; porque para mí el conocimiento fotográfico de
entonces, antes de la era digital, era cosa cotidiana aprendida de mi padre y mis
hermanos.

En el CREE conocí a dos trabajadoras que no pertenecían a la burocracia
estatal, sino que tenían plazas federales; militantes de izquierda, empecé a labrar
amistad con ellas un tanto por la afinidad ideológica pero más porque a diferencia del
resto del personal del Centro, eran cultas y grandes lectoras.

En aquellos años, con poco dinero en el bolsillo y sin la vasta accesibilidad que
tenemos ahora en el mundo digital, los libros resultaban caros y pocos en una ciudad
como Victoria, así que sus bibliotecas y fonotecas eran un manjar para mi juventud.

Solían invitarme a sus reuniones, donde se juntaban algunos intelectuales y
artistas de la ciudad como pintores o músicos, lo que para mí era una delicia, escuchar
y conversar de libros, escritores, política. Debo decir que pocas veces escuché que
ellas hablaran de sus controversias laborales con el entonces director del CREE, de las
cuales nunca me involucraron, ni entendí.

Pero un día, el director me mandó llamar a su despacho y me dijo que me
prohibía juntarme con ellas, “no quiero verte con ellas, ni en el café, porque las han
visto en Vic’s” entonces reviré, “Yo aquí nunca me junto con ellas, lo hago en mis horas
fuera de trabajo”, evidentemente molesto -tal vez porque le había contestado- alzó la
voz “no importa, ni adentro ni afuera; te prohíbo que te juntes con ellas;” como joven
insolente que fui, consciente de mis derechos laborales y libertades le contesté “pero
fuera de mis horas de trabajo puedo hacer lo que yo quiera, mientras cumpla con mis
responsabilidades laborales usted no puede decirme qué hacer o no fuera del Centro”,
entonces vino la amenaza: “no quiero verte con ellas, si no quieres que te corra”.

Salí chocada de su oficina sin dar crédito a lo que había escuchado; muchos
días duré asustada, después, me sentía indignada hasta que la calma llegó; un día salí
tarde del trabajo e iba casi corriendo a alcanzar el microbús para llegar a la universidad;
en aquella época salía del trabajo a las tres y a las tres empezaban las clases, tenía
que tomar dos trasportes para llegar a clase, que hacía un tiempo aproximado de 45
minutos, de tal suerte que solía hablar con los profesores de la primera hora para que
me permitieran entrar casi al final a su clase sin que me pusieran falta, ellos siempre
accesibles me hacían prometer que no faltaría.

Ese día que salí tarde, una de estas amigas me vio que iba corriendo, tratando
de alcanzar el trasporte público y me ofreció raid, con el apuro del horario accedí y
cuando el carro arrancó nos encontramos casi de frente con el director del CREE, quien
nos vio, sonrió y nos saludó amablemente.

Al siguiente día, cuando llegué al trabajo me llevaron un memorándum donde
me informaban de mi cambio de horario por la tarde, cuando lo vi, no relacioné el evento
del día anterior con esa noticia así que ingenuamente pedí hablar con él, cuando me
recibió le expliqué que yo no podía cubrir ese horario porque iba a la universidad; “pues
si necesitas el trabajo, no vayas ya a la universidad” me dijo, intenté explicarle que mi
prioridad era el estudio y que el trabajo lo necesitaba para mantenerme en la
universidad, alzándose de hombros me dijo: “pues tu sabes, yo te advertí que no te
juntaras con esas mujeres y no hiciste caso, atente a las consecuencias.” Salí
desconsolada de su oficina, mis compañeras secretarias cuando me vieron me
aconsejaron que aceptara el cambio de horario y que dejara la universidad.

Durante ese año que trabajé en el CREE fui testigo de muchas humillaciones de
su parte a compañeros de trabajo y según parece la situación se repitió cuando fue
director del Hospital Infantil muchos años después y en otros hospitales. Gozando de
licencias sindicales por parte de la actual líder sindical de los burócratas cuando no
ocupa cargos directivos en el sector salud.

En los últimos días se ha dedicado a publicar fotos muy cerquita del gobernador
electo y hasta con Zoé Robledo diciendo a quienes le preguntan y no, que es un hecho
que será el próximo secretario de salud en Tamaulipas.

Cuando me enteré de este posible nombramiento, recordé este suceso de mi
juventud y pensé en todos los “nadie” que estarán bajo su autoridad y que no merecen,
cuando han votado por un cambio, ver llegar al gatopardo en que se convirtió haciendo
campaña junto al doctor Américo para ganarse un puesto, no por ideología, sino por
hambre de poder.

Quienes simpatizamos con la izquierda y depositamos un voto de esperanza,
nos resulta repulsivo que, de pronto, esos que siempre han buscado privilegios y que
combatieron laboralmente a quienes pensaban diferente o más grave aún, persiguieron,
corrieron o acosaron a sus subordinados por el solo hecho de ser gente pensante, se
sienten en los primeros lugares con una sonrisa de oreja a oreja convencidos de que
no deben nada, porque para ellos los “nadie” simplemente no existen.

Me han recomendado que no publique este texto porque su nombramiento es
inminente y tengo familiares que laboran en el sector salud que pudieran ser afectados
cuando llegue. Pero eso sería aceptar que nuestro voto fue inútil ante las prácticas
laborales de miedo que se desean desterrar.

E-mail: [email protected]

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