En el año 2016 la sociedad entera en Tamaulipas estaba atenta a los
procesos electorales que se llevaban a cabo. No había mesa de café,
sobremesa familiar o simple reunión donde el tema no saliera a
colación, la discusión era permanente sobre las posibilidades de cada
uno de los aspirantes, concentrándose desde luego en dos siglas, PRI
y PAN y en dos figuras, Baltazar y Francisco.
Por este tema, las familias se dividieron, los grupos se desintegraron,
los enfrentamientos subieron de tono y el encono se reflejaba en los
comentarios soeces de las redes sociales.
Y esto resultaba sorprendente cuando ambas siglas acumulaban el
mayor número de rechazos, pues el anti partidismo estaba
concentrado ahí. En Tamaulipas el anterior rechazo a los partidos de
izquierda había desaparecido, pues para los habitantes en general, la
posibilidad de acceso al poder de estos dos partidos estaba totalmente
desechada.
En ese tenor, debemos de reconocer que la intención del voto, según
los estudios de mercado, llegaba casi al 80%, razón sobrada para
pensar que, en las posibilidades de triunfo, lleva más probabilidades
Baltazar que Francisco, pues la izquierda no presentaba en la
contienda a un candidato de peso.
Y esto era fácil de entender, cuando en la boleta que tendrían a la
mano los votantes, el nombre de Baltazar aparecía bajo el amparo de
tres siglas diferentes, mientras que Francisco solo en una.
El rechazo a los partidos grandes, de aquellos que consideran
culpable a ambos de las desgracias del país, pero que cumplen a
cabalidad el deber cívico, les permitiría optar por otras siglas a fin de
hacer valer su voto, pues aquella campaña para anular los sufragios,
había demostrado que no conducía a nada, ya el reparto de curules y
prerrogativas, no toma en cuenta a aquellos que acudieron a la
jornada solo para anular su boleta.
Alternativa y alternancia no significan lo mismo, aunque a veces se
utilicen las palabras de forma incorrecta.
De hecho, la presencia por primera ocasión de candidatos
independientes, permitía la posibilidad de efectuar el voto diferenciado,
es decir, de las tres elecciones; Gobernador, Alcalde y Diputado, tres
decisiones diferentes.
El hartazgo ya era mucho, pero el abanico de posibilidades se reduce
cuando no convencen las cartas presentadas, más cuando no se
vislumbraba en la oposición; propuestas concretas, serias y
responsables.
Esto no lo digo yo, lo dicen todos aquellos que tienen que soportar
mensajes cada 45 minutos en la radio o en la TV, sin contenido
suficiente como para poder convencer.
En Nuevo Laredo se preguntaban, porque no fueron tomados en
cuenta los miembros más tradicionales y representativos de Acción
Nacional, como Raúl Eliseo Huerta o Rogelio Soto Quiroz, por citar
dos ejemplos.
Lo mismo sucedió en Tampico y su zona conurbada, ¿dónde está
Arturo Elizondo o Diego Alonso Hinojosa? se preguntaban por allá.
En el Mante, también tenían cartas como: Armida Perales, Enrique
Murillo, Mariana Banda, Gustavo Cedillo, mientras que en Victoria;
Leonor Sarre, Lidia Madero y Teresa Aguilar, no fueron tampoco
tomadas en cuenta para ningún cargo de elección popular.
En Matamoros también hubo posibilidades para Ramón A. Sampayo,
Chito García o Cesar Rendón, pero nadie volteó a verlos para suceder
a Egidio.
Si la mutación era posible en Tamaulipas, el PAN perdió la
oportunidad por aferrarse a la popularidad de un solo hombre, pues
olvidaron tomar en cuenta que esta puede ser positiva y negativa y el
peso virtual de las fortalezas se derrumba ante el peso específico de
las debilidades.
Teniendo tantas caras limpias, (no sé si las manos), ¿porque escoger
a alguien que no podía explicar su fortuna?
Acción Nacional desde mi muy personal punto de vista, en su decisión,
perdió la oportunidad de ofertar un buen gobierno, hoy tal vez ya se
dieron cuenta, pero resulta DEMASIADO TARDE.
Jorge Alberto Pérez González
www.optimusinformativo.com
[email protected]

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