Para leer el artículo de hoy, deberemos remontarnos al 10 de febrero
del 2004, fecha en que se publicó originalmente, han pasado ya 18
años y recordar la historia con intención de investigación nos puede
ayudar y mucho a entender el presente.
Para las nuevas generaciones que no lo vivieron la recomendación es
que busquen en Google las palabras claves con la fecha 2004, “Asalto
al rancho del Presidente Fox” y para entender lo de Atenco solo tienen
que buscar, “La lucha de Atenco, un derecho universal”, un completo
estudio publicado por la UAM.
Lamentable lo acontecido en el rancho del Presidente Fox, como
también fue lamentable lo sucedido en Atenco. Estas dos acciones
ciudadanas fuera de la ley, deberían de ponernos a pensar a todos en
las consecuencias que traerán a la larga, para preocupación por
nuestra tranquilidad y por el respeto al estado de derecho en el que
debemos de vivir.
Sin duda alguna el malestar ciudadano encuentra sus válvulas de
escape y tarde o temprano, esas válvulas desencadenarán en una
tragedia, pues no es posible pensar que siempre estará atento alguien
con la suficiente madurez para entender los orígenes de la
inconformidad, o alguien con la suficiente lucidez para evitar un
enfrentamiento.
El secretario que consultó con los patos la ubicación del nuevo
aeropuerto y que ejecutó con las patas la expropiación respectiva, aún
despacha en su cargo y hoy, si hoy, ya nadie se acuerda de los
machetes que amenazaron la tranquilidad de toda una nación.
Sin embargo sigue latente la inconformidad y a pesar de no ser noticia
ya, el resentimiento perdurará más allá del respectivo sexenio.
Por ello se entiende la inconformidad de los braceros y su actitud
beligerante, intimidatoria y desapegada a la ley. Ellos fueron
engañados hace muchos años, cierto, en otro sexenio, pero también
recibieron promesas recientes de un cambio que no logran ver por
ningún lado.
Para entender este fenómeno, tenemos que remontarnos cuatro años
atrás, y recordar que Fox hizo campaña en la unión americana y que
allá se comprometió con los antiguos braceros que lograron adquirir la
residencia en ese país, a, desde Los Pinos encabezar la bandera de la
justicia y entregar a sus familiares los recursos que ellos habían
aportado al fondo.
Por ello, vuelven a nuestra mente aquellas imágenes inusitadas del 2
de Julio del 2000, en las que aparecían miles de México-americanos
cruzando la frontera exclusivamente para votar en las casillas
especiales instaladas en plazas y centrales de autobuses, logrando
con esta acción agotar para antes del mediodía, las boletas
disponibles para sufragar por el candidato a la Presidencia de la
República de su preferencia.
Ellos y sus familiares en territorio nacional cumplieron cabalmente el
compromiso, lo llevaron al triunfo confiando en que cumpliría sus
promesas, creyeron que la paz en su patria se restauraría en15
minutos y solo vieron por televisión como se paseaban por varios
estados, encapuchados y armados, los integrantes del Ejercito
Zapatista de Liberación Nacional.
Ellos cumplieron, recorrieron muchas millas para depositar su sufragio
y hoy, si hoy que regresan, son testigos mudos de que siguen
pasando miles de autos americanos en caravana, para ser vendidos a
sus familiares, con el consabido disimulo de la Policía Fiscal y de la
Federal Preventiva, porque cuando los detienen y se van, están
seguros de que no nada más les dan las gracias.
Ellos cumplieron y creyeron que los fondos desaparecidos desde
hace muchos lustros les serian reintegrados, porque a ellos les queda
claro que quien se los escatimó fue el gobierno y han esperado tres
años a que el gobierno se los restituya.
Hoy, si hoy, los braceros y sus familias exigen justicia y el
cumplimiento del pacto, han sido pacientes y esperan solo
reciprocidad, pero quienes vemos los toros desde la barrera ya
sabemos cuál será la respuesta del Presidente: Abriendo los ojos
desmesuradamente y ante la turba dirá con voz engolada ¿Y MI
MAMÁ POR QUÉ?
*Corolario: En el 2006 fueron violadas durante su detención 26
mujeres floristas que se manifestaban en San Salvador Atenco.
Jorge Alberto Pérez González
www.optimusinformativo.com
[email protected]







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