Hoy es aceptado por todos, que la pandemia COVID-19 representa una de las
crisis sanitarias, sociales y humanitarias, más abruptas, extensas y profundas que
ha enfrentado el mundo contemporáneo.
Lo que aún no se conoce y se admite completamente, es que la crisis económica
post pandemia, puede ser de tal trascendencia, que obligue a la reformulación de
sociedad humana de este nuevo siglo ya sea para mejorar definitivamente las
bases del bienestar de población o para reforzar la riqueza y el poder de los
grandes capitales trasnacionales que hoy dominan y depredan a las poblaciones y
recursos naturales del mundo.
Otro escenario que nadie desea, pero que se hace poco para no llegar a él, es el
declive generalizado de la sociedad humana, muy semejante a lo que en medicina
se denomina “falla orgánica múltiple”.
Desde 2020 en el mundo y particularmente en América latina y México, se resintió
el duro impacto en la vida social e individual, que tuvo el cierre de
establecimientos, el confinamiento y el distanciamiento social. A lo cual se agregó
el gasto emergente que los países hicieron para atender el elevado volumen de
enfermos y hospitalizados. Muchas naciones, aún las desarrolladas, recurrieron a
préstamos que incrementaron su carga hasta un 160% de su PIB, como es el caso
de Italia, cuyo sistema de salud fue totalmente rebasado.
Nuestros países que ya padecían un bajo crecimiento económico y altos
indicadores de desempleo, pobreza y desigualdad integral, con la pandemia
recibieron en el peor momento una repentina y urgente sobredemanda de bienes y
servicios que los sectores público y privado tuvieron que afrontar.
A la distancia de dos años, está claro que ni el Mercado beneficiado por cuatro
décadas de neoliberalismo, ni el Estado debilitado por los embates de la
privatización y endeudamientos públicos heredados, fueron suficientemente
solventes para atender debidamente la demanda de bienes y servicios, ni para
como contener y mitigar las consecuencias sociales y humanas de esta
megacrisis.
Para que los que quieran ver, está claro que el Mercado puede producir mucha
riqueza y concentrarla en pocas manos, pero su naturaleza no es la distribución de
recursos a la población cuando hay una crisis. También quedo evidente que un
Estado benefactor desmantelado, no puede reconstruirse, ni responder de la
noche a la mañana a las exigencias sociales que implica una catástrofe al alto
magnitud.
La realidad es que no estuvieron a la altura requerida de la emergencia. Ahora de
vuelta a la nueva “normalidad” y con el eventual arribo de nuevas pandemias, está
por saber si el Mercado tendrá la voluntad y el Estado la capacidad de superar los
retos de la etapa post COVID-19
Finalmente en este inicio del año 2022, con los signos de esperanza que van
surgiendo, parece que sobrevivimos como sociedad mundial y como nación,. Los
centros de investigación social y económica internacionales como la OCDE, el BID
y la CEPAL, han documentado que existe una recuperación importante en la
economía global mundial y en muchos de los países en desarrollo, llamados
emergentes.
Sin embargo, la pandemia no ha terminado y no hay razones suficientes para
echar las campanas al vuelo, Al contrario, el diagnóstico de la Organización
Mundial de la Salud (OMS), de la Panamericana de la Salud (OPS) y de los
ministerios de salud de los países americanos, que en el mejor de los casos la
emergencia sanitaria internacional por COVID- evolucionará a la intermitencia y/o
a una endemia.
Por otra parte, con la disminución de las medidas de contención por la reducción
de casos y defunciones, las tendencias de recuperación y crecimiento económico,
aunque ya superaron los números rojos, no alcanzan todavía a compensar la
caída del Producto Interno Bruto (PIB), durante la pandemia, de hasta el 8.5%,
como ocurrió en México.
Las organizaciones internacionales que cuidan la salud de los mercados y las
condiciones de seguridad de los capitales (FMI, BM, BID), esperan a que la
epidemia se detenga, para tener la confianza de activar las inversiones. Mientras
tanto esperan y reclaman que los Estados nacionales hagan lo posible y cumplan
con su obligación. Es un simple reparto de roles: los mercados a ganar y los
Estados a rescatar a todos.
Desde luego que en la pandemia no todos perdieron. Quienes crearon, produjeron
y vendieron los insumos para combatirla (medicamento, vacunas, mascarillas,
oxígeno, servicios de salud, en otros diversos) tuvieron ganancias exorbitantes.
Entre los grandes beneficiados están los dueños y proveedores de hardware,
software y servicios digitales de internet, telefonía móvil, de redes, tipo zoom y
otros para que sectores como el de la salud, la educación, el trabajo, el comercio,
la banca, la política, la prensa, el esparcimiento, entre otros, pudieran mantenerse
en la modalidad virtual.
Otros grandes ganadores son los líderes mundiales de ventas en línea como
Amazon, cuyo propietario es Jeff Bezos el cual posee un capital de 186 mil
millones de dólares, superado por Elon Musk, fundador de Tesla y SpaceX, el cual
en el último año de pandemia aumentó en 75% su fortuna estimada en 273 mil
millones de dólares.
Este grupo selecto y reducido de no más de 500 superricos, tiene en su haber un
volumen de 8.4 billones de dólares, mucho más que todo el PIB de América
Latina. La magia en las bolsas de valores, hacen posible que en un solo día y sin
producir más, uno de ellos como Elon Musk gane 32 mil millones de dólares
adicionales, solo con el aumento del valor de sus acciones
No habría problema que ganaran tanto dinero a un nivel que ya no tiene sentido
humano individual, si no fuera que al mismo tiempo la población de muchos países
pobres y en desarrollo no tienen vacunas, servicios de salud, educativos,
alimentos y trabajo.
Para acentuar esta lógica irracional, frente a un panorama en el que hace falta
sumar los esfuerzos y recursos de todos, para superar lo que queda de la
pandemia y prepararse para las futuras, Europa y Rusia han sido empujadas a un
conflicto que tan solo como primera e inmediata consecuencia ha causado el alza
del gas y del petróleo. Las repercusiones en cascada son ya bien conocidas.
¿Quién ganará aparte de las industrias de las armas y de hidrocarburo?
Todo indica que la enfermedad, la muerte, la pobreza y el sufrimiento humano, no
terminará con el fin de la pandemia.
Es una forma cruel de darnos la bienvenida, no la nueva normalidad, sino a la
misma anormalidad que se construyó en el siglo XX y se ha prolongado y
agudizado en este siglo XXI. .

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