Él viene, el Ángel del Pacto, el Ángel de Jehová, que es Jesucristo en Espíritu Santo, Él vendrá manifestado en carne humana en Su Ángel Mensajero en este tiempo final, para llevar a cabo la Obra correspondiente a este tiempo final. Eso será la Venida del Verbo, la Palabra encarnada en un hombre en este tiempo final.
Y si encontramos ese velo de carne, al Ángel del Señor Jesucristo, estaremos encontrando el instrumento en el cual Jesucristo en Espíritu Santo estará manifestado en este tiempo final, para todos nosotros recibir las bendiciones de Cristo, ser llamados, ser juntados y ser preparados para ser transformados en este tiempo final; para así, por medio de la Palabra de Dios, el Verbo manifestado en carne humana en el Día Postrero, obtener esa bendición de la liberación.
Y así todos seremos libertados por la Palabra de Dios.
Para vivir eternamente físicamente, en un cuerpo físico, se requiere que sea un cuerpo inmortal, incorruptible y glorificado, igual al cuerpo de nuestro amado Señor Jesucristo. Y ahora, eso es lo que Cristo ha prometido para todos los creyentes en Él.
Así que la persona, cuando escucha la predicación del Evangelio y recibe a Cristo como su Salvador, no es ningún tonto; es la persona más sabia que pueda haber en la Tierra: está asegurando su vida eterna en un cuerpo eterno. Y eso no es ser tonto. Eso es ser una persona lista, una persona inteligente, una persona consciente de que la vida no es solamente lo que vivimos aquí en este cuerpo mortal. Lo grande de la vida está en el cuerpo eterno.
Así que algunas personas son tan tacaños consigo mismos que a su alma no le dan la oportunidad de vivir eternamente, porque no reciben a Cristo como su Salvador; son personas que hasta consigo mismos son tacaños (no sé qué otra palabra se pueda usar). Pero, vean ustedes, tienen un alma ahí, que desea vivir eternamente, y hay solamente una forma de vida eterna.
Jesucristo dijo: “Yo soy el camino, la verdad, y la vida; y nadie viene al Padre, sino por mí”. Ese es el Camino, ahí está la Vida Eterna: es Jesucristo; recibiéndolo como nuestro Salvador, lavando nuestros pecados en el Sangre de Cristo y recibiendo Su Espíritu Santo, y así naciendo de nuevo: y así recibiendo un cuerpo teofánico de la sexta dimensión, igual al del cuerpo teofánico de Jesucristo.
Y luego, en el Día Postrero, en el séptimo milenio, recibiremos el cuerpo físico y eterno que Él ha prometido para todos nosotros.
Ahora, vean ustedes la bendición tan grande que hay en creer en Cristo como nuestro Salvador y lavar nuestro pecados en la Sangre de Cristo y recibir Su Espíritu Santo: la persona de nuevo nace, en el Reino de Dios, y así obtiene vida eterna; al recibir a Cristo y nacer de nuevo tiene vida eterna.
Extracto tomado del Mensaje: LIBERTADOS POR LA PALABRA DE DIOS
Dr. William Soto Santiago
Miércoles, 19 de agosto de 1998; Pachuca, Hidalgo, México
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