La guerra comercial entre Estados Unidos y Canadá sumó un nuevo frente después de que el presidente Donald Trump lanzara una amenaza contra el fabricante canadiense de aeronaves Bombardier.
A través de su plataforma Truth Social, Trump aseguró que Bombardier no debería continuar vendiendo sus aviones en el mercado estadounidense, a menos que la compañía comience a fabricarlos dentro de Estados Unidos.
El mandatario también cuestionó la calidad de los productos de la empresa y acusó a Canadá de mantener condiciones que, desde su perspectiva, perjudican a compañías estadounidenses que buscan operar en territorio canadiense.
La amenaza se produjo pocas horas antes de que entraran en vigor nuevos aranceles canadienses contra productos estadounidenses, elevando todavía más la tensión entre los dos países.
Trump ya había dirigido sus críticas contra Bombardier en enero, cuando amenazó con retirar certificaciones a determinados aviones fabricados en Canadá y planteó la posibilidad de aplicar aranceles de hasta 50% a las aeronaves vendidas en Estados Unidos.
Sin embargo, la nueva advertencia representa una presión adicional para una compañía que tiene una fuerte presencia precisamente en el mercado estadounidense.
Bombardier destaca su presencia en Estados Unidos
La postura de Trump contrasta con la importante integración que Bombardier mantiene con la industria estadounidense.
La empresa cuenta con miles de trabajadores en Estados Unidos y mantiene una cadena de suministro integrada por aproximadamente 2 mil 800 empresas estadounidenses distribuidas en 47 estados.
Además, Bombardier ha destacado que una parte importante de sus aeronaves incorpora componentes fabricados en territorio estadounidense. Por ejemplo, las alas de algunos de sus jets Global se producen en Texas, mientras que componentes de los sistemas de control de vuelo se fabrican en California.
De acuerdo con información citada por Reuters, la compañía tiene alrededor de 3 mil 500 empleados en Estados Unidos y trabaja con miles de proveedores estadounidenses, además de gastar más de 2 mil 500 millones de dólares al año con proveedores del país.
Por ello, cualquier restricción a las ventas podría tener consecuencias que no se limitarían a Bombardier, sino que también podrían alcanzar a proveedores, trabajadores y empresas estadounidenses relacionadas con su cadena de producción y servicios.
La compañía ha defendido precisamente esta integración y su contribución a la economía estadounidense ante las amenazas de la administración Trump.
La disputa ocurre además en un momento especialmente delicado para las relaciones comerciales entre Washington y Ottawa. Las negociaciones entre ambos gobiernos se rompieron el 21 de agosto, mientras Canadá prepara medidas de represalia frente a los aranceles estadounidenses.
Los nuevos gravámenes canadienses contemplan tasas de 15%, 25% y hasta 50% sobre productos estadounidenses por un valor aproximado de 20 mil millones de dólares, incluidos acero, productos lácteos, productos electrónicos y otros bienes.
Por ahora, la declaración de Trump constituye una amenaza y no una prohibición ya implementada. Tampoco se ha explicado públicamente cómo se aplicaría una eventual restricción a las ventas de Bombardier en Estados Unidos.
El caso podría convertirse en otro punto de presión dentro de la creciente disputa comercial entre ambos países, particularmente por la relevancia del mercado estadounidense para Bombardier.

Discussion about this post