Ayer me preguntaron la razón para no abordar el tema de las boyas flotantes y la razón es simple, no me compete por congruencia abordarlo, pues es una medida unilateral hecha en su propio territorio y todo lo que se diga o maldiga de este lado del Rio Bravo, estoy seguro de que no le importa ni al presidente ni al congreso norteamericano.
Cuando se tiene un claro sentido del respeto al derecho ajeno, es difícil cuestionar lo que el gobierno norteamericano hace, pues es su territorio y con la anuencia de sus gobernados, allá pueden protegerse como a ellos mejor les convenga.
No es posible que a un vecino le ofenda que alguien levante una alta barda en su propiedad, pues las razones que le asisten no pretenden de ninguna manera perjudicar al colindante.
Parece mentira, pero quienes más critican la medida gringa, son precisamente aquellos que en sus casas tienen grandes bardas y en sus negocios enormes cortinas de hierro.
Se entendería pues, que tal vez el sentido de la crítica va en dirección contraria a la razón, y que no se logra percibir el alto contenido político que la instalación lleva, pero no como para compararlo con el Muro de Berlín, pues la razón de aquella edificación tuvo que ver con un botín de guerra.
Yo entendería la oposición a las boyas, de parte de aquellos que resultan perjudicados con su colocación, pero no de aquellos a quienes ni nos va ni nos viene, creo que ninguno de nosotros nos sentiríamos menos por el simple hecho de que aparte de un río nos separe una boya.
Aquí en Matamoros, por otras razones, en la colonia jardín desde hace muchos años, se construyó una barda para delimitar la ruta fiscal, justo frente al Río Bravo, y aunque algunos se opusieron a ella, y hoy ya no sirve de nada, podemos constatar que no nos ha causado daños psicológicos severos y mucho menos ha evitado la migración por ese lugar.
Lo que sí evitó, fue el paso continuo de gente extraña con bultos, pues los vecinos no me dejaran mentir, que, a raíz de la construcción, el sector se convirtió en más tranquilo.
Creo que, en opinión sobre la línea de boyas, debemos de entender que nunca jamás un cerco evitara la migración, pues del tamaño que les pongan la boya, ellos, los desesperados por vivir mejor seguirán burlándolas hasta hacer realidad el sueño americano.
También creo que las boyas no evitarán el narcotráfico, pues con la misma rapidez con que la instalen, aparecerán los drones que la evitarán, aunque no debemos de olvidar que la mayor cantidad de droga, entra a los Estados Unidos a bordo de vehículos que eluden la revisión aduanal, pero que pasan rodando por los puentes internacionales.
Sin embargo, nadie ha tomado en cuenta al fantasma del enemigo número uno de la Unión Americana, y no me refiero a Irán, sino al Comunismo.
Es tanto el miedo que tienen los norteamericanos de los resultados del actual gobierno en nuestro país, que ya sienten mucho la cercanía con Cuba, el barullo de la cercanía con Nicaragua y la posible respuesta ciudadana en el país.
La caída de Batista en Cuba, aquella bella isla que era el burdel de los gringos, se convirtió en un dolor de cabeza cuando miles emigraron hacia la tierra de la libertad y se avecindaron en la calle 8 de Miami apoderándose de todo.
La historia siempre nos provee de datos que nos permiten entender que en esta vida todo se aprende y haciendo bucitos le sacarán la vuelta a LAS BOYAS FLOTANTES.
Jorge Alberto Pérez González
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