La misión lunar Artemis II, que este martes inició su proceso de retorno a la Tierra, ha dejado momentos que trascienden la ingeniería aeroespacial. Entre transmisiones técnicas y maniobras críticas, un bote de Nutella flotando por la cabina de la nave Orion y demostraciones culinarias con ingredientes latinos se han convertido en los hitos más humanos de este histórico viaje a la órbita lunar.
La astronauta Christina Koch, la primera mujer en alcanzar la Luna, y su colega canadiense Jeremy Hansen, han sido los encargados de documentar cómo se alimenta una tripulación en microgravedad tras más de medio siglo de ausencia humana en el entorno lunar.
Un menú de 189 opciones y el “secreto” de la Nutella
Aunque la NASA no incluyó oficialmente la famosa crema de cacao en sus comunicados previos, el bote de Nutella se volvió viral al aparecer flotando durante la transmisión del lunes. Este “invitado inesperado” forma parte de un inventario de 189 artículos distintos diseñados para equilibrar nutrición y bienestar psicológico.
El menú de Artemis II incluye:
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Platos fuertes: ‘Brisket’ de res con salsa barbacoa, macarrones con queso y cóctel de camarones.
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Vegetales: Coliflor, calabaza y judías verdes deshidratadas.
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Bebidas: Más de 10 variedades, incluyendo café, té verde, cocoa y batidos.
El legado mexicano en la dieta espacial
Uno de los datos más destacados por la NASA en esta misión es la presencia de 58 tortillas de harina. Este alimento se integró a las misiones espaciales gracias al astronauta mexicano Rodolfo Neri Vela.
A diferencia del pan tradicional, la tortilla tiene una ventaja técnica crucial en el espacio: no genera migas. En microgravedad, cualquier partícula suelta puede flotar libremente, representando un riesgo al entrar en los ojos de los tripulantes, obstruir los sistemas de ventilación o dañar equipos electrónicos sensibles.
Logística en la cocina de la nave Orion
Nada en la alimentación espacial es improvisado. Los alimentos se presentan en bolsas de plástico o envoltorios metálicos, ya que la mayoría deben ser deshidratados para ahorrar peso y espacio.
Para la preparación, los astronautas utilizan un dispensador de agua potable que rehidrata los paquetes y un calentador de comida con diseño de maletín. Además de las raciones estándar, la tripulación llevó consigo cinco tipos de salsa picante, reforzando la idea de que la comida en el espacio busca replicar, dentro de lo posible, los sabores y preferencias personales de la Tierra.
Según los expertos en alimentación de la NASA, este equilibrio entre calorías, hidratación y gusto personal es vital para mantener la moral de la tripulación durante los diez días de duración de la misión.

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