La minoría rapaz asegura que el actual combate a los grupos delictivos es semejante al realizado en los tiempos de Felipe Calderón. ¡Mentira!, porque en el sexenio del panista usurpador la intención no fue terminar con el mal sino proteger a una de las bandas empoderadas en Sinaloa. Lo sabemos por las evidencias, pruebas y demás, surgidas durante el proceso contra Genaro García Luna. Sea que entonces la fuerza del estado fue utilizada para satisfacer intereses de la pandilla azul caída en desgracia al quedar descubierta su complicidad.
Ahora la diferencia consiste en aprovechar la tecnología, inteligencia e intercambio de información y desde luego la colaboración entre México y EU, además de agentes especializados muchos preparados en el vecino país, lo cual no es ningún secreto, considerando la importancia del cáncer que daña a millones, principalmente a jóvenes cuya existencia pasa a depender de las drogas desestabilizando o de plano destruyendo los lazos familiares
Nada que ver entre Calderón y Doña Claudia. El primero hizo el ridículo como Jefe Supremo de las Fuerzas Armadas disfrazándose de “Rambo” encabezando acciones propias de cualquier película de ficción más que operativos con objetivos bien definidos. Quiso sorprender con su alcoholismo permanente, a una sociedad que lo midió desde el fraude electoral más escandaloso de la historia moderna de la república que lo convirtió en presidente espurio llevado de la mano por Vicente Fox, el mismo que promueve el consumo de marihuana en América Latina. “¡Apa parecito!” diría Capulina.
El régimen de Calderón fue un engaño como todos los del PRIAN, de fatales consecuencias para los mexicas y para el patrimonio nacional en general. Tanto que el sujeto de marras permanece en España esperando lograr la nacionalidad ibérica imitando a Carlos Salinas de Gortari y Enrique Peña Nieto. Este último que ya dio el primer paso al adquirir costosos inmuebles que le permiten disfrutar la complacencia gachupa. Estos tres de nociva fauna cuyo calificativo no puede ser otro que traidores. ¿Y qué tal Ernesto Zedillo lamiendo los zapatos a los gringos en sumisa postración que hasta le causa orgullo?. ¡Miserables que viven por la generosidad de la ley que no contempla la pena de muerte!.
Respecto de los golpes oficiales de las últimas fechas, (y seguro algunos otros que vendrán), hay que tener valor para realizarlos por la sencilla razón de que está en riesgo la seguridad
personal tanto de la Señora Presidenta como de otros funcionarios e integrantes del Ejército. Y sin embargo a ella la vemos mezclada entre la gente, recibiendo saludos, peticiones y reconocimientos. Ahí está la mujer protegida por el pueblo inaugurando obras, iniciando programas solidarios, estirando el tiempo para cumplir con las expectativas que creara su elección.
Doña Claudia no es cobarde como lo fue Felipe Calderón siempre rodeado por una élite militar-policiaca, que ahora ha de extrañar porque está condenado por la historia y ya no lo cuida ni Margarita su esposa, quien permanece en México y sobre cuya relación circulan rumores de supuesta separación justo porque el tipo no tiene bien puestos los pantalones para enfrentar sus errores, entre otros la protección a García Luna de quien es incapaz de desligarse. Felipe “está hasta el tronco” y en EU lo saben, bien que lo saben, y no dudéis que vayan por él cuando menos lo espere.
El asunto es que existe voluntad en el Supremo Gobierno para combatir a los grupos creadores de violencia e innumerables delitos. En este sentido usted dirá que la presión gringa es mucha y está en lo cierto, pero no podemos dejar de lado que la colaboración binacional brinda la oportunidad de terminar con el flagelo. Y es que no hay de otra siendo como es, una de las principales exigencias de la sociedad. Por supuesto habremos de enfrentar días difíciles como los vividos por los hechos del domingo 22 de febrero, pero de que la justicia se impondrá al final de cuentas eso-que-ni-que.
SUCEDE QUE
Entre sangre y violencia Trump sigue ofendiendo a Dios. Por sus actos sabréis que personifica al demonio. Y ni modo que sea invento.
Y hasta la próxima.

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