La guerra en Irán iniciada el pasado 28 de febrero por Estados Unidos e Israel, es hasta la fecha una guerra totalmente atípica para los Estados Unidos.
En primer lugar, ir a la guerra sin tener unos criterios claramente definidos no es recomendable bajo ninguna circunstancia. Hasta hoy en día los expertos se siguen preguntando ¿Por qué Estados Unidos decidió atacar a Irán?
Algunos analistas apuntan a información de inteligencia sobre el lugar y la hora en donde se iba a realizar una reunión en donde el Ayatollah Ali Jamenei y sus más importantes colaboradores estarían presentes (bis) Otros sostienen que se trató de un cálculo político en plena campaña electoral.
Existen varias similitudes entre la política y la guerra. En ambas existe el conflicto como manera de solucionar los problemas, la existencia de un enemigo al cual hay que derrotar, en ambas existe la estrategia, las tácticas y las contraofensivas.
La política es la guerra bajo un proceso de ciudadanización, dicho proceso implica que el conflicto político, es decir la guerra, esta mediada por instituciones y procedimientos procedimentales propios de cada institución que participa en el conflicto. Y al final el objetivo es el mismo: derrotar al enemigo.
La guerra resulta ser un recurso muy efectivo a la hora de movilizar a la base electoral, cabe recordar que estamos en año electoral en Estados Unidos, siempre y cuando vayas ganando.
Trump entró a la guerra con un cálculo político en mente, la guerra va a ser rápida y con una victoria contundente, basta ver las declaraciones que hizo a la CBS el pasado 9 de marzo ((Bis) lo anterior va a movilizar a mi base electoral y va a atraer a los votantes independientes de estados clave para obtener la victoria en las próximas elecciones.
El cálculo, evidentemente le salió mal. La victoria rápida nunca llegó y el costo económico se elevó, al aumentar el precio del combustible golpeado las finanzas del ciudadano estadounidense.
Además, Trump contradijo un axioma básico de la teoría militar, principio de concentración de fuerzas, que menciona no abrir muchos frentes de batalla para evitar la dispersión de recursos lo cual debilita la capacidad ofensiva y defensiva.
Irán ha demostrado que tiene la capacidad militar para atacar instalaciones energéticas de diversos países de la región. Dichos países no cuentan con el equipamiento militar necesario para defenderse por sí mismos, por lo anterior Estados Unidos tiene que desplegar recursos militares necesarios para la defensa de dichas instalaciones.
El dilema para Trump es evidente: cómo salir de la guerra sin parecer derrotado. Si la guerra no se soluciona en un corto periodo de tiempo se corre el riesgo de caer en un periodo de estancamiento, caso Ucrania, cada vez hay más elementos de similitud entre ambos conflictos.
El tiempo corre a favor de Irán ya que cada día que pasa eleva el costo político y económico. Trump está pagando el costo de no hacer caso a sus asesores e iniciar una aventura bélica improvisada, sin ningún tipo de estrategia.
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