Muy apreciado lector, en este tercer domingo de cuaresma (Ciclo A), la Palabra de Dios nos enriquece con el Libro del Éxodo (Ex 17,3-7), el Salmo 94 (Señor, que no seamos sordos a tu voz), la carta de san Pablo a los Romanos (Rom 5,1-2.5-8), y el Evangelio de Juan (Jn 4,5-42). El tema central: somos pecadores que nos encontramos con Jesús, recibimos el don del bautismo y las aguas del Espíritu, que brotan dentro de nosotros, y como discípulos-misioneros regresamos a nuestras ocupaciones.
Deseo compartir esta reflexión en cuatro pequeños apartados:
El agua en la Palabra de Dios. Los textos bíblicos nos recuerdan la necesidad absoluta del agua en nuestras vidas. El agua (Dios) es la vida misma. El reclamo que hace el pueblo de Israel a Moisés, torturado por la sed y falta de agua, nos evoca que el agua es esencial para la supervivencia, tanto de los seres humanos, como del pueblo de Dios.
La roca del Horeb, donde Dios permanece mientras Moisés la golpea con su bastón de mando, liberará un torrente de agua, una corriente viva de la que todo el pueblo puede beber, sabiendo que Dios está con ellos. También nosotros necesitamos esa agua viva que brota de la Roca para vivir en gracia y verdad como pueblo de Dios.
Igualmente, la respuesta del Salmo nos recuerda que nunca debemos actuar como nuestros antepasados en la fe, que, ante la dificultad quisieron regresar a Egipto (esclavitud). Dios nunca nos abandona ni nos abandonará, pues bien dice san Pablo en la segunda lectura, la esperanza nunca defrauda.
El contexto del Evangelio. El encuentro de Jesús y la Samaritana junto al pozo es una conversación teológica que presenta los detalles de la conversión y el seguimiento de esta mujer. Se trata de una de las escenas más humanas y bellas del cuarto Evangelio.
El tema clave es la sustitución de un culto vacío y sectario, por un culto en Espíritu y en verdad, que saciará nuestra sed de Dios, pero que también excluye todo particularismo y discriminación. Es pues una catequesis de iniciación cristiana, o de una verdadera puesta en práctica de nuestro bautismo:
· Comienza con los datos locales y de ambiente: se señala el camino de Jesús, la hora y el lugar del encuentro (vv. 4-6).
· La llegada de una mujer samaritana y la petición de agua por parte de Jesús abren el tema del don de Dios, del agua viva que Jesús dará (vv. 7-15).
· A continuación, con la petición de Jesús de que llame a su marido, se introduce el tema de la sustitución de los cultos antiguos por el nuevo culto, terminando con la declaración mesiánica de Jesús (vv. 16-26)
· La escena siguiente narra el anuncio de la mujer a los de su pueblo y la reacción de la gente (vv. 27-30).
· Durante la ausencia de la mujer tiene lugar una conversación de Jesús con sus discípulos a propósito de la comida, que le lleva a revelar cuál es su alimento y a anunciar la abundante cosecha (vv. 31-38).
· Se explicita luego la realidad de la cosecha: la fe de los samaritanos que van a donde estaba Jesús. Éste permanece dos días en aquel pueblo (vv. 39-42).
Jesús y la Samaritana. Como ocurre frecuentemente en el Evangelio de Juan, la Samaritana es una mujer representativa. Simboliza y personifica a la región de Samaría, donde se había dado culto a dioses de cinco pueblos (2Re 17,24ss), representados aquí en los cinco maridos que ella había tenido. Y el culto que daban a Yahveh en la actualidad era ilegítimo, por no ajustarse al principio de un único templo, el de Jerusalén.
Ella (Samaritana) progresa en el conocimiento de Jesús de manera gradual. Al principio, Jesús es para ella un viajero judío; a continuación, un hombre desconcertante; más tarde, un profeta; y finalmente, el Mesías. En ella está representado el proceso de encuentro-conversión al que estamos llamados siempre, de manera especial, en el tiempo de cuaresma.
La Samaritana ejemplifica para todos los discípulos lo que debe suceder en nuestra vida una y otra vez: debemos afrontar la verdad (nuestra realidad personal) durante un encuentro con Jesús y el Espíritu, confesar nuestra condición pecadora, llegar a una conciencia más plena de quién es Jesús y, por lo tanto, de quién es Dios verdaderamente. Para ella, Jesús, es el agua, es decir, el signo y símbolo del “don de Dios”: Jesús es la salvación.
Jesús y sus discípulos. Al igual que en el diálogo con la Samaritana, en su diálogo con los discípulos, Jesús utiliza una revelación misteriosa o una afirmación teológica: el alimento de Jesús, lo que da vida, es la voluntad del Padre y el cumplimiento de su “obra”, la plenitud de su cosecha. Para los discípulos, Jesús es alimento.
Lo que Jesús quiere en su encuentro con los discípulos, es que ellos miren y vean de la misma forma que la Samaritana ha aprendido a mirar y a ver. Jesús llama a los discípulos a cosechar los primeros frutos del trabajo del Espíritu. Los paisanos escucharon el testimonio de la mujer y creen en primer lugar por el testimonio de ella y la conversión de su vida, pero después acuden por sí mismos a Jesús para escuchar su Palabra y continuar el crecimiento de su propia fe.
Lo que Jesús nos pide, es que al igual que la Samaritana, nos encontremos con Él en nuestra verdad y en su misericordia, y después pasemos a proclamar (testimoniar-anunciar) el Evangelio.
Estimado lector, pido a Dios te bendiga en abundancia, además de que nos conceda el don de la conversión y el alegre don del testimonio de la vida en Cristo. Bendecido domingo, por favor, no te olvides de rezar por la conversión de un servidor y por la de todos los sacerdotes de nuestra iglesia diocesana.

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