Ciudad Victoria, Tamaulipas (2 de febrero de 2026).- La seguridad financiera y la certeza sobre la calidad de los productos se han convertido en los nuevos motores que impulsan el tráfico en las zonas comerciales tradicionales. Tras un periodo de dominio absoluto de las plataformas digitales, el comercio físico experimenta un resurgimiento estratégico, motivado principalmente por el hartazgo de los usuarios ante las irregularidades en el entorno virtual.
Crisis de confianza en el entorno digital
Las estadísticas actuales reflejan un panorama crítico para el comercio electrónico: el 88 % de los usuarios manifiesta serias dudas antes de comprar en sitios que han reportado vulnerabilidades, mientras que un 22 % opta por vetar definitivamente a dichos comercios. Este recelo no es infundado; la proliferación de campañas de phishing en Latinoamérica, que suplantan a grandes tiendas de tecnología y moda, ha forzado a los clientes a buscar canales donde puedan verificar la mercancía antes de desembolsar su dinero.
Paulino Cortés, representante de los comerciantes semifijos y locatarios de la zona centro, confirmó que el sector tradicional está recuperando el terreno que inicialmente perdió ante la comodidad de las aplicaciones móviles.
Calidad y durabilidad bajo la lupa
Uno de los puntos de quiebre para el consumidor actual es la disparidad entre la publicidad digital y el producto final. Las quejas se centran en artículos que llegan con materiales deficientes, dimensiones erróneas o colores distintos a los promocionados. Especial mención reciben los productos de origen asiático, cuya baja durabilidad ha decepcionado a quienes buscaban ahorro, pero terminaron perdiendo su inversión.
Sobre esta situación, Paulino Cortés detalló la frustración de los compradores:
“Sí nos afectó muy fuerte al principio. Las aplicaciones estaban muy fuertes por la comodidad de pedir desde casa, pero la gente ya se dio cuenta de que muchas veces lo que piden no es lo que les llega. Piden por fotos y cuando llega la mercancía no es la adecuada, no es el color, no es la calidad, y muchas veces ya no les sirve”.
Fortalecimiento del comercio local
Este giro en el comportamiento del consumidor ha tenido un impacto directo en el ecosistema comercial. Mientras que algunos negocios puramente digitales han tenido que reducir operaciones o cerrar por la falta de afluencia y credibilidad, los establecimientos físicos del primer cuadro de la ciudad se fortalecen. La posibilidad de “ver y tocar” se ha consolidado como la mejor garantía contra el fraude.
Respecto a la competencia con artículos de bajo costo y baja calidad, Cortés enfatizó:
“La gente se dio cuenta de que lo que venden es de muy baja calidad. A lo mejor saca del apuro un día, pero después ya no sirve. Eso no se puede comparar con un producto bueno”.







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