Ciudad Victoria, la ciudad limpia y amable de hace 30 o 40 años está sepultada en chatarra.
Desgraciadamente poco a poco nos hemos ido convirtiendo casi en un “Yonque”.
Son múltiples las causas y varios los alcaldes que han dejado pasar este problema de nuestro entorno público.
Y ante la falta de autoridad municipal que aplique las normas vigentes, estas se convierten en “letra muerta”.
Puede usted, apreciado lector, tomar cualquier colonia, fraccionamiento, avenida o manzana al azar y aparecerán los vehículos abandonados, en desuso, convertidos en chatarra o madrigueras de alimañas que ocupa el espacio público y dañan la imagen urbana e incluso la salud de la comunidad aledaña.
Unas cuantas calles de la capital de Tamaulipas se salvan de este denigrante, que parece no importar a ninguna autoridad.
Ni de orden sanitario.
Tampoco de orden medioambiental.
O aquellas que tienen que velar por el cuidado del entorno urbano.
Menos para las responsables de la movilidad o vialidad.
O la seguridad o protección civil.
Problemas tan sencillos, pero a la vez tan arraigados y normalizados que me atrevo a aventurar que hay dos autos chatarra por cada diez en circulación.
El daño a la imagen urbana, medioambiental, de movilidad, vialidad y sanidad, entre otras violaciones a las normas, se acentúe en los sitios aledaños a los talleres mecánicos.

O bien en los yonques que se han instalado en las avenidas de acceso a la ciudad por cualquiera de los puntos cardinales.
Quizás se pueda pensar que exagero, pero le invito a ser observador de este tema en la colonia, sector, barrio en que reside o en el trayecto que realiza a diario para ir de casa al centro laboral y la escuela de sus hijos o nietos.
En los últimos seis años se ha acentuado el abandono de chatarra vehicular en la vía pública, debido a que la frontera de Estados Unidos se abrió a la entrada de miles y miles de autos “chocolates” que se regularizaron en su mayor parte.
Lamentablemente, una parte importante de ellos estaban en malas condiciones mecánicas o de carrocería, de tal forma que casi en automático se convirtieron en chatarra.
El pésimo servicio de transporte público por su estado mecánico y la deficiente conectividad entre origen y destinos de los usuarios ha disparado también la demanda de autos baratos y por tanto n el corto plazo quedan en chatarra abandonada.
El actual alcalde de Cd. Victoria, Eduardo Gattás Báez, no solo no ha hecho casi nada por corregir este delicado problema de la ciudad, sino que ha permitido su crecimiento en todos los sectores.
Bien podríamos entregarle el Premio de “Alcalde Chatarra”.
Porque la ciudad que recibió, cierto, en condiciones deplorables por las administraciones de origen panista que le antecedieron, en algunos rubros como este de la chatarra e imagen urbana en general, se le han disparado.
Ayer, en ocasión del Día de la Amistad me reuní con un grupo de amigos egresados del Politécnico Nacional.
Varios de ellos ya no manejan y pasé por ellos.
En el trayecto de la ruta que seguí pulula la chatarra vehicular.

Desde el Centro de la Ciudad, el sector San Luisito, el Fraccionamiento San José, la Colonia Morelos, frente al Parque Infantil de Béisbol de la calle Alejandro Prieto entre 21 y 23.
E incluso en el primer cuadro de la ciudad entre las calles Juárez, Hidalgo, Morelos y Matamoros de las calles 19 al 23.

Tampoco escapa la zona aledaña al “Mercado Arguelles”, con la contribución de los comerciantes ambulantes con la tolerancia cómplice de la autoridad capitalina.

Tiempo de hacer limpia a fondo, no solo de los vehículos chatarra que inundan el espacio público de la capital de Tamaulipas.
Sino de la chatarra de políticos que siguen llegado a la alcaldía victorense en esta nueva era de modernidad, tecnología, robótica e inteligencia artificial.





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