En política, cuando se rompe el palancón, el golpe se oye lejos. Y esta vez se oyó hasta Tamaulipas.
La salida de Adán Augusto López de la JUCOPO en el Senado no es un simple ajuste administrativo. Es una caída con estruendo, con lodo, con sospechas y con consecuencias. Consecuencias directas para quienes colgaban su futuro de ese poder.
Entre ellos, el senador tamaulipeco José Ramón Gómez Leal, alias el JR., a quien de un plumazo se le quebró el único palancón real que tenía para seguir fantaseando con la gubernatura.
Porque hay que decirlo sin rodeos: ese proyecto nunca pasó de ser un sueño guajiro, una ocurrencia inflada al calor de los pasillos y del autoengaño.
Y como en toda historia de excesos, hubo quien alimentó la locura. La “MAKIavélica” senadora del Verde, le vendió la idea como si fuera pacto de sangre: “si es mujer, tú me apoyas; si es hombre, yo te apoyo”.
Política de cantina, acuerdos de saliva, castillos en el aire.
Pero el poder no perdona ingenuidades.
Adán Augusto cae en medio de acusaciones graves: relaciones incómodas, el fantasma de La Barredora, el tema del huachicol marino y una gestión senatorial marcada por el manejo discrecional de recursos, compras millonarias y un desorden que ya no pudo ocultarse.
El resultado: Morena le retira el timón, lo baja de la JUCOPO y lo manda a “hacer territorio”, eufemismo elegante para sacarlo del centro.
El mensaje fue claro: se acabó la protección.
Con su salida, Ignacio Mier Velasco toma el control, alineado con la presidenta Claudia Sheinbaum, y el Senado entra en modo contención. Los aliados ya no lo reconocen, el Verde le dio la espalda y el pasado en Tabasco volvió a cobrar factura.
Y ojo: los comentaristas políticos aseguran que esta historia no termina aquí. Dicen que el siguiente en la lista podría ser Andy López Beltrán, hoy secretario de Organización de Morena. Si eso ocurre, el remezón será mayor.
Mientras tanto, del otro lado de la frontera, Donald Trump se frota las manos.
Cuando el poder se fragmenta y la casa se divide, los adversarios externos celebran.
En Tamaulipas, la lectura es simple y brutal: sin Adán Augusto en la JUCOPO, el JR. se quedó sin escalera, sin padrino y sin futuro.
La gubernatura no se alcanza con delirios ni con pactos de sobremesa. Se construye con estructura, respaldo real y credibilidad. Y de eso, hoy por hoy, no hay nada.
Así, la política vuelve a demostrar que los sueños inflados por la soberbia siempre terminan igual: reventados por la realidad.
LA UNIVERSIDAD QUE ENTIENDE EL PRESENTE.
Mientras muchas instituciones siguen ancladas al modelo del pasado, la Universidad Autónoma de Tamaulipas decidió dar un paso al frente y hablarle claro al futuro. La educación ya no está encerrada en un aula ni limitada por la distancia, y la UAT lo entendió a tiempo.
Para el ciclo Otoño 2026-3, la máxima casa de estudios de Tamaulipas abre seis nuevas licenciaturas e ingenierías en modalidad en línea, una apuesta seria por la innovación, la inclusión y la realidad que hoy viven miles de jóvenes y trabajadores que quieren superarse sin abandonar sus responsabilidades.
No es ocurrencia ni improvisación. Es planeación.
Las nuevas opciones académicas están alineadas con lo que hoy demanda el mundo: educación digital, diseño, animación, ciencia de datos, energías renovables y sostenibilidad. Carreras pensadas no solo para obtener un título, sino para insertarse en el mercado laboral moderno, competitivo y tecnológico.
Aquí no se trata de “clases por internet” a medias. Se trata de formación integral, con plataformas digitales, acompañamiento académico y estándares universitarios reales. Educación en línea, sí, pero con calidad, con estructura y con visión.
Bajo el liderazgo del rector Dámaso Anaya Alvarado, la UAT ha dejado claro que su política académica va en serio: crecer de manera ordenada, modernizarse y ampliar la cobertura educativa en todo el estado. No discursos, hechos.
Estas nuevas carreras representan una oportunidad histórica para quienes viven lejos de los campus, para quienes trabajan, para quienes no pudieron estudiar en su momento y para quienes entienden que el futuro se construye con conocimiento actualizado.
La UAT no solo está ampliando su oferta educativa.
Está rompiendo barreras, cerrando brechas y enviando un mensaje claro: en Tamaulipas, la educación superior también evoluciona.
Así, la universidad demuestra que cuando hay visión y rumbo, la educación deja de ser un privilegio y se convierte en una verdadera herramienta de transformación social.







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