Sí, lo sabemos, hablar del iPhone 5s en 2026 suena casi como mencionar el Tetris en plena era de la realidad aumentada. Pero lo cierto es que Apple, en un movimiento que sorprendió a propios y extraños, ha decidido mirar hacia atrás para lanzar actualizaciones de seguridad a dispositivos que muchos ya daban por muertos.
¿Quién dijo que lo obsoleto no sirve?
El protagonista indiscutible de esta historia es el iPhone 5s, aquel teléfono de pantalla de 4 pulgadas y botón físico con Touch ID que muchos recuerdan con cierta nostalgia, porque fue el primer móvil con el que hicimos videollamadas, probamos apps nuevas o incluso nos asomamos por primera vez al mundo de los juegos de casino online. Lanzado en 2013, llevaba años fuera del radar de las grandes actualizaciones, pero ahora, gracias a iOS 12.5.8, vuelve a tener algo que decir.
Junto a él, otros veteranos como el iPhone 6, el primer iPad Air o el iPod touch de sexta generación también reciben esta bocanada de aire. ¿La idea? Evitar que, por culpa de certificados caducados, dejen de funcionar cosas tan elementales como activar el dispositivo o enviar un simple mensaje.
Más que nostalgia, una estrategia de fondo
Apple ha desplegado una serie de parches de seguridad que abarcan desde iOS 12 hasta iOS 18, así como distintas versiones de iPadOS. De esta forma, varios dispositivos que ya habían quedado fuera del soporte habitual reciben una prórroga inesperada en su vida útil.
En un contexto donde la obsolescencia parece avanzar a toda velocidad, este gesto resulta llamativo. Apple opta por estirar la funcionalidad de equipos que, aun con evidentes limitaciones, siguen siendo válidos para tareas básicas. Es una decisión técnica, sí, pero también una declaración de intenciones que pone el foco en los usuarios que continúan utilizando estos dispositivos por elección o por necesidad.
Nada cambia… pero todo cambia
Conviene ajustar expectativas desde el principio. Esta actualización no convierte un iPhone 6 en un modelo de última generación, ni mejora su rendimiento, ni introduce nuevas aplicaciones, ni rediseña la experiencia visual. Todo permanece prácticamente igual, con una diferencia clave que marca la frontera entre lo usable y lo inservible.
Es decir, podrás seguir usando tu viejo teléfono para lo esencial: enviar mensajes, recibir llamadas, hacer videollamadas o incluso echar una partida rápida a las slots sin que la experiencia se vuelva frustrante. No es una segunda vida, pero sí una prórroga bien medida.
Una señal para los usuarios
Movimientos como este no se ven todos los días, y menos en un mercado tan enfocado en la novedad constante. Por eso, más allá del detalle técnico, el gesto tiene un trasfondo interesante. Apple demuestra que aún hay espacio para cuidar la longevidad, para no dejar atrás a los dispositivos con tanta facilidad, y para entender que muchos usuarios siguen sacando partido a sus equipos aunque no sean de última generación.
Al final, esto es también una invitación: si tienes un iPhone viejo guardado en un cajón, quizás sea buen momento para sacarlo, cargarlo, conectarlo al WiFi y ver si hay una actualización esperándote. No vas a tener el último sistema operativo, pero al menos podrás seguir usándolo sin miedo a que deje de funcionar de un día para otro.







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