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América Latina y la IA según Marian Vidaurri: rezagos, límites y escenarios posibles

Por: Agencias
febrero 10, 2026
in Mundo
América Latina y la IA según Marian Vidaurri: rezagos, límites y escenarios posibles
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¿Puede una región incorporarse plenamente a una revolución tecnológica cuando aún enfrenta carencias estructurales sin resolver? Esa pregunta atraviesa buena parte del debate sobre la Inteligencia Artificial en América Latina y sirve como punto de partida para las observaciones de la politóloga y economista Marian Vidaurri, quien examina el fenómeno desde una perspectiva estructural, alejada del optimismo tecnológico automático y de los enfoques alarmistas.

En su lectura general, América Latina ocupa una posición secundaria dentro del mapa global de la Inteligencia Artificial. El liderazgo en innovación se concentra en Estados Unidos y, de forma creciente, en China, mientras que el desarrollo de marcos regulatorios avanza principalmente desde la Unión Europea. Esta ubicación periférica se explica, en parte, por niveles limitados de inversión en investigación y desarrollo, así como por debilidades en la infraestructura digital y en los sistemas educativos, que aún no logran formar talento especializado a la escala requerida.

Infraestructura, inversión y límites fiscales en el análisis de Marian Vidaurri

El análisis se centra en el plano material. Marian Vidaurri señala que persisten déficits históricos en transporte, saneamiento y suministro energético que condicionan la capacidad de los países para integrar tecnologías complejas. Cuando la base física sobre la que operan las economías presenta limitaciones estructurales, la adopción de soluciones avanzadas encuentra obstáculos que no se resuelven únicamente con conocimiento técnico o software.

El contexto fiscal añade una dificultad adicional. En numerosos países latinoamericanos, la fragilidad presupuestaria reduce el margen de acción de los gobiernos para impulsar estrategias sostenidas de innovación. En ese escenario, señala Vidaurri, el desarrollo tecnológico tiende a recaer en el sector privado y en la inversión extranjera. Sin embargo, advierte que problemas recurrentes de gobernabilidad, la falta de transparencia y las debilidades administrativas generan un clima de incertidumbre que dificulta atraer capital a largo plazo hacia sectores intensivos en tecnología.

A estas limitaciones se suma la brecha en conectividad, un factor que Marian Vidaurri identifica como determinante para el despliegue de la Inteligencia Artificial en la región. El acceso desigual a internet continúa condicionando tanto el uso cotidiano de estas herramientas como la capacidad local para desarrollar soluciones propias. Aunque el número de hogares conectados ha crecido de forma sostenida, la brecha frente a los países de la OCDE sigue siendo significativa. Estas desigualdades se profundizan al cruzarse con variables como el nivel de ingresos y la localización geográfica, dejando fuera a amplios sectores de la población de los beneficios de la economía digital.

Al observar cómo podría manifestarse la IA en sectores concretos, el foco se dirige hacia actividades que ya cuentan con cierto grado de digitalización. Vidaurri subraya que este patrón genera un avance desigual, ya que los beneficios iniciales tienden a concentrarse en nichos específicos y tardan en trasladarse al conjunto del tejido productivo. Los servicios financieros y el comercio electrónico aparecen como los ámbitos con mayor potencial de transformación temprana, al permitir mejoras en la eficiencia operativa, análisis de datos y personalización de la oferta.

El vínculo entre Inteligencia Artificial y desigualdad social introduce una tensión constante en el debate regional. Estas tecnologías pueden contribuir a ampliar el acceso a servicios esenciales, facilitar modelos educativos más adaptados y apoyar políticas públicas basadas en datos. No obstante, desde el enfoque de Vidaurri, la reducción de brechas depende menos de la tecnología en sí que de las decisiones estructurales que acompañen su implementación y del grado de inclusión efectiva en la economía digital.

En el mercado laboral, la automatización asociada a la IA plantea riesgos para los empleos manuales. La ausencia de programas de reentrenamiento y de mecanismos de protección social amplifica esta vulnerabilidad. Además, el peso del sector informal en América Latina sugiere que una parte relevante de la actividad económica continuará desarrollándose al margen de estos avances tecnológicos en el corto y mediano plazo.

El papel de los gobiernos aparece, en este contexto, como especialmente complejo por la cuestión regulatoria. Vidaurri plantea la necesidad de marcos regulatorios flexibles que promuevan una adopción integrada de la Inteligencia Artificial, impulsen la formación de talento y garanticen la inclusión digital. Al mismo tiempo, recuerda que estos objetivos conviven con problemas aún no resueltos, como la falta de infraestructura básica y la persistencia de economías informales, que limitan el alcance de cualquier política tecnológica.

El reciente reporte publicado por el Foro Económico Mundial, “América Latina en la Era Inteligente: Un Nuevo Camino para el Crecimiento” concluye que aunque con el uso de la inteligencia artificial dicha región tiene el potencial de incrementar el nivel de productividad por 2% anual y agregar US$1.7 trillones en valor a las economías, estos beneficios tangibles no se han materializado y los desafíos persisten en términos de infraestructura, buena gobernanza y marcos regulatorios laborales.

Adicionalmente, los sesgos y la polarización añaden otra dimensión a la dimensión y debate público. La Inteligencia Artificial refleja los datos que recibe y puede amplificar tensiones sociales preexistentes. En contextos de alta polarización política, el uso irresponsable de estas herramientas puede intensificar los conflictos, especialmente en entornos digitales y en redes sociales. La manipulación de algoritmos por actores estatales y no estatales también aparece como un factor con potencial para generar crisis políticas y sociales.

Desde esta perspectiva, la Inteligencia Artificial se perfila como un componente transversal de la economía global. Para Marian Vidaurri, la discusión sobre gobernanza, transparencia y rendición de cuentas es apremiante. La forma en que se aborden estos debates condicionará si la adopción de la IA en América Latina logra traducirse en beneficios sostenidos o profundiza las brechas existentes a largo plazo.

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