Hace algunos meses se metió a mi patio un tlacuache, lo vi cuando se estaba comiendo los huevos de mis gallinas, así que indagué como podía resolver el problema y me recomendaron a una persona que se dedicaba al rescate de estos animales, la contacté y después de varios días me contestó el mensaje, le explique la situación y me preguntó que si lo tenía ya en jaula, le dije que no, que me habían contado que ella los rescataba poniéndoles trampas, entonces me dejó en visto; pasaron los días y el tlacuache seguía ganándome los huevos, así que insistí preguntándole que podíamos hacer, como no me respondía le escribí la palabra prohibida para ver si así reaccionaba. Más tardé en enviarle el mensaje en que me contestó amenazándome que me iba a demandar si le hacía daño al animal, alegó que tenía muchos reportes antes que el mío y que por la zona en la que yo vivía no serviría de nada atraparlo porque llegarían más y ya no me contestó.
Luego me enteré de que era una persona que se dedicaba a promocionarse en las redes sociales y hacer proselitismo político en nombre de los animales, pero que en realidad -diversas fuentes coincidieron- solo era simuladora.
Quienes somos de pueblo, conocemos a los animales porque crecemos rodeados de ellos, aprendemos a quererlos, a respetarlos, a cuidarlos, distinguimos la fauna nociva e intentamos mantener a nuestros animales de patio y mascotas lejos de ellas. No es una moda, ni tendencia, es una forma de vida; por eso me causa ternurita cuando veo que los defensores de animales, que han crecido en la ciudad y que seguramente a muchos nunca los mordió un perro, los persiguió una gallina, los correteó un ganso, los tumbó un borrego o les picó una araña, defienden con vehemencia a animales que en muchas ocasiones representan problemas de salud pública como los perros y gatos callejero, y me resulta inexplicable el por qué se vuelcan con tanto odio hacia las personas que no comparten sus ideas, en resumen no entiendo por qué quieren más a los animales que a su prójimo.
Pero luego el capibara muere por estrés y nadie dice nada, pocas menciones en redes sociales, inacción total frente a la horrible e innecesaria muerte de un animalito que sacaron de una reserva ecológica y trajeron al zoológico de Tamatán en Ciudad Victoria para ser exhibido; pero lo más asombroso para mí ha sido el silencio total de los animalistas cuando el vocero de la Comisión de Parque y Biodiversidad de Tamaulipas declaró que en los últimos seis meses han muerto cerca de 50 animales en el zoológico. Ni una triste pancarta de protesta, ningún animalista bloqueando calles, ni manifestantes, ni marchas o plantones afuera del parque.
La defensa de los animalistas al parecer no alcanza las esferas gubernamentales de dónde sacan beneficios y buscan en su discurso una herramienta como trampolín para posiciones políticas. Deberían tal vez pedir un poco de asesoramiento a los animalistas que en la Ciudad de México cierran calles como presión al gobierno capitalino para que salve a 700 animales (perros y gatos) que estaban en un refugio donde recibían mal trato.
El zoológico por sí mismo representa -dicho por el vocero de la Comisión de Parques y biodiversidad- un problema por estar en un lugar ya muy urbanizado. Además de ser un secreto a voces la falta de currículo de sus directores tanto de la Comisión como del zoológico -cuyas designaciones son meramente políticas-, el tráfico de animales y el abandono de las instalaciones (baste ver las paredes exteriores del zoológico, que llevan pintándolas casi tres años y no han podido terminar).
Los animalistas tienen tarea que no quieren hacer o no saben tal vez, que es parte de su deber, más allá de amenazar, exhibir, calumniar y emprender campañas de desprestigio hacia los ciudadanos que no comulgan con sus ideas o solo por pronunciar las palabras prohibidas: muerte, envenenamiento o sacrificio. El capibara les ha dado una bandera de lucha que está claro, no quieren tomar.
En cuanto al tlacuache, optamos por mover los troncos donde se escondía y los gatos del vecindario terminaron ahuyentándolo o al menos eso creo, porque los huevos de mis gallinas ya no desaparecen.
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