La reforma electoral viene que viene. Es tema de moda que por obvias y sobradas razones enfrenta a los partidos protagonistas en un país donde el subdesarrollo político es evidente. Doña Claudia quiere modernizar el sistema que hasta ahora ha sido caricatura democrática en muchos aspectos, aunque en otros los vientos soplan a favor de exigencias históricas no siempre cumplidas.
Se trata de hacer coincidir los procesos en la materia, con la realidad. Sea que la representación cumpla cabalmente con lo que ordena la justicia social: que terminen los cuantiosos recursos entregados a las organizaciones cuyas dirigencias inmoralmente disponen del patrimonio público que, por lo general, va a dar a los bolsillos de ladrones, corruptos, aventureros etc, es decir a esa fauna maloliente, inmunda, dañina y lo que sigue, que México no se puede sacudir a pesar de las buenas intenciones de una Carta Magna que los tales por cuales explotadores del poder se la pasan por el arco del triunfo con singular alegría.
La pregunta es, ¿podrá la Señora Presidenta acabar con la peste personificada en quienes disponen de vida, destino y dinero de ciento treinta y un millón de personas cuya resignación alcanza grado de heroicidad y pue-que hasta de santidad?. Es lo que vamos a ver en unas tres semanas cuando conozcamos el texto de la iniciativa ahora expuesta a estira y afloja hasta por los partidos aliados de Morena. Y es que ni el Verde Ecologista ni el PT desean perder privilegios. ¡Antes traición que lealtad!.
Lo que se conoce del documento en cuestión, es que los dipus llamados “pluris” disminuirían a la mitad, en lugar de doscientos serán cien y electos bajo normas especiales. Algo es algo. Mientras que los senadores en la misma modalidad serán eliminados. Ya estuvo de tanta tolerancia para alcanzar mayorías con olor a metálico. Es aquí donde brincan los que siempre han vivido del cuento y el cinismo palaciego que durante décadas permitió a la delincuencia de cuello blanco acumular cuantiosas fortunas personales. Y ni modo que sea invento.
La corrupción es un barco que sigue transportando a buena parte de la denominada “clase política”, síntesis de la descomposición neoliberal, sean los restos del PRIAN ahora colgados de Morena. En este sentido usted dirá que no hay indicios verdaderos de honorabilidad en quienes usan y abusan de los respectivos presupuestos públicos. Tiene razón, pero debemos aceptar que existen excepciones, así los contemos con los dedos de las manos (y a lo mejor nos sobran), que salvan los objetivos transformadores de una generación que está a prueba tras el dignísimo ejemplo de Andrés Manuel López Obrador.
De manera que la reforma electoral puede marcar un antes y un después, siempre y cuando no se impongan los intereses de los negociantes de siempre entre los que hay que contar a algunos como el presunto morenista Ricardo Monreal, el petista Alberto Anaya y desde luego a Jorge Emilio González, ese nietecito de Emilio Martínez Manautou a quien llaman “el niño verde”, que salió bueno pa’ la transa y entrega al mejor postor del partido del cual sigue siendo “líder moral”, aun desde las sombras a que lo obligan ciertas sospechas de mal comportamiento.
Los procesos electorales en México son los más caros del mundo, dice doña Claudia. De ahí la necesidad de reducir costos y sobre todo hacerlos más auténticos. En el paquete va el INE y los organismos estatales obligados a disminuir la parafernalia de privilegios que conlleva avalar caprichos de origen no muy transparente en muchas ocasiones.
Algo importante será la participación ciudadana en decisiones de presunto bienestar colectivo que solo son negocios de los alcaldes en turno y sus camarillas de ladrones. En este aspecto hay cada ejemplar que san Juditas nos ha de salvar de su voracidad. Usted ya sabe quiénes son y la proximidad de algunos. ¡Hay que cuidar la cartera!.
SUCEDE QUE
¿Alguna vez se ha preguntado pa’ que jijos sirven tantos regidores y síndicos que haciéndole al Tío Lolo disfrutan las mieles de la complicidad por tres o más años?. Sepa que también sobre ellos viene la reforma electoral. Ojalá porque estamos hartos de mantener a prófugos de la honestidad, y luego le sigo porque ya me encabroné.
Y hasta la próxima.







Discussion about this post