Trump trae críticas mundiales por su acción en Venezuela, violaciones al derecho internacional, desdén por normas establecidas y amenazas contra países, aliados o no. Existe sensación de incertidumbre y parece obvio que las cosas no terminarán bien ni para EE. UU., ni para el resto del mundo.
Se recuerda la advertencia de despedida del presidente Einsenhower referente al surgimiento de un complejo industrial-militar a partir de la Segunda Guerra Mundial. Era inevitable que una nación cuyo gasto militar era igual al del resto del mundo combinado, llegue a utilizar sus armas para dominar.
La voz popular es impopular ante guerras en Vietnam, Irak, Afganistán, etc., aunque Trump no muestra preocupación por la voluntad del pueblo, se ve encima de la ley, generando leyes con sus acciones. La insurrección del 6 de enero 2021 en el Capitolio lo mostró. La elección 2024 reforzó el control de Trump sobre el Partido Republicano al asegurar que no hará nada para obligarlo a rendir cuentas. La captura del dictador Maduro fue ilegal e inconstitucional. Como intervención militar, requería conocimiento del Congreso y su aprobación. De ser asunto de “aplicación de la ley”, el derecho internacional requiere que tales acciones se realicen por extradición. Un país no debe violar la soberanía de otro, ni capturar ciudadanos extranjeros, menos jefes de Estado dentro de otro país.
El primer ministro israelí Netanyahu, el presidente ruso Putin y otros son acusados de crímenes de guerra, pero nadie propone enviar soldados a capturarlos. Trump dice que su gobierno “manejará” Venezuela y tomará su petróleo, no se le permitirá vender al mejor postor. Una nueva era de imperialismo se cierne. El poder hace el derecho. Cuestiones morales como matar docenas de presuntos narcotraficantes sin pretensión de proceso debido, y el imperio de la ley, están a un lado.
Si EE. UU., reclama al hemisferio occidental como esfera de influencia e impide a China petróleo venezolano, China puede reclamar el este de Asia e impedir a EE. UU., acceso a chips de Taiwán al controlar la política de exportación a EE. UU. Si las naciones cooperan frente al imperialismo sin ideología, ni principios de Trump, como deberían, las perspectivas para EE. UU., serían peores pues se trata de codicia y voluntad de poder sin producir riqueza, dirigen su energía a la ganancia, saqueando a otros mediante el poder del mercado, engaño o explotación.
La prosperidad requiere estado de derecho, sin él, hay incertidumbre. ¿Se quedará el gobierno con mis bienes? ¿Exigirán los funcionarios soborno? El costo lo paga la sociedad pues la corrupción es mala. ¿Qué ofrece EE. UU., de lo que el mundo no pueda privarse? Una potencia hegemónica que abusa de su poder y amedrenta debe ser acorralada. Resistir este nuevo imperialismo es esencial para la paz y la prosperidad. Puede que no haya más alternativa que política de contención mundial.







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