Tampico, Tamaulipas (9 de enero de 2026).- Han pasado cinco días eternos desde que la pequeña Pau, una niña de Tampico, desapareció presuntamente a manos de su propio padre.
Cinco días en los que su madre, Edith, ha tocado puertas que —denuncia— siguen cerradas.
A pesar de haber presentado denuncia desde el primer minuto, la Fiscalía de Tamaulipas no ha activado la Alerta Amber ni publicado una ficha de búsqueda oficial.
Esa omisión, dice, es una condena al olvido.
“¿Qué más quieren? ¿Que desaparezca para siempre?
Necesito que busquen a mi hija ya”, exigió Edith con la voz quebrada.
Advertencias que nadie escuchó
Edith relata que el padre de Pau, un médico identificado como Edgar “N”, ya había mostrado rasgos de violencia días antes de la desaparición.
Aun así, ella permitió las convivencias, confiando en que su hija tenía derecho a ver a ambos padres.
Hoy, esa decisión la atormenta.
Cateo sin respuestas
La indignación creció después de que agentes ministeriales catearan un departamento del residencial Velamar en Altamira, donde vieron por última vez a la niña.
La diligencia terminó sin hallazgos.
Ese departamento pertenece a Andrés Concepción Mijes Llovera, alcalde de Escobedo, Nuevo León, quien tiene parentesco con el principal señalado.
A pesar del vínculo, no hay detenidos, imputaciones ni nuevas diligencias anunciadas.
La búsqueda se mueve sola
Cansada de “esperar a que algo pase”, Edith comenzó a pedir apoyo a colectivos y ciudadanía.
Ha encontrado más eco en madres buscadoras y vecinos que en oficinas oficiales.
“Yo no descanso. Ellos tampoco deberían descansar”, sentenció.
¿Qué falta para actuar?
Cinco días sin alerta.
Cinco días sin avances.
Cinco días en los que cada hora pesa como una amenaza.
Mientras la ciudad reacciona y los colectivos se organizan, Edith lanza un mensaje que comienza a multiplicarse en redes, calles y plazas:
“Mi hija está viva. Y si la buscan, la vamos a encontrar. No quiero que mañana sea demasiado tarde.”
La Fiscalía asegura que las investigaciones continúan, pero la realidad es que, en Tampico, el reloj corre más rápido que la justicia.
Y una niña —Pau— sigue desaparecida.







Discussion about this post