No exageramos al decir que el control morenista en el Congreso de la Unión está en riesgo. Y es que sus aliados más próximos, PVEM y PT se ponen bravos respecto de la mentada reforma electoral. Por obvias y sobradas razones rechazan la reducción del número de “pluris” y por “supuestísimamente” el recorte de recursos, sea el financiamiento público que va a dar a los bolsillos de los vividores de siempre, es decir a aquellos(as) que juegan a las escondidas con el nuevo estilo democrático.
No extraña que al interior de la santa alianza se partan la mandarina en gajos como en cualquier familia en conflicto por la herencia. En el caso que nos ocupa todo huele a metal. Olvídese de convicciones, ideología y valores presentes en discursos, pero ausentes cuando la ambición obnubila los sentidos por tratarse de dinero contante y sonante, porque créalo, a las mafias partidistas importa solo el interés inmediato del “cuanto tienes, cuánto vales”.
Es razón de quienes saben, bien que saben, que la propiedad de un partido garantiza placentero transcurrir por la existencia: “vida nada me debes, vida estamos en paz” y que venga “la lana”, después hablamos.
Usted amado lector(a) estará de acuerdo en que los políticos son la peor lacra que sufrimos los mexicas. Habrá excepciones desde luego, pero confirmarán la regla de que los y las que adquieren poder se vuelven odiositos(as) al grado de suponer que son determinantes para definir futuro y hasta pospretérito y antepresente del subjuntivo de la población.
Ejemplos hay de sobra, incluso en Morena, lo cual obliga a Doña Claudia a insistir hasta el cansancio, en la humildad que debe imperar en el ejercicio gubernamental. Pero ha de ver que los interfectos actúan como si entendieran al revés el exhorto presidencial y hasta lo presumen ofendiendo a la población con actitudes propias de dictadorzuelos o sátrapas de esos que nunca tuvieron y llegan a tener por azares de la amistad, influencia, corrupción, complicidad o, ¡qué sé yo!.
El asunto es que la “clase política” que padecemos no corresponde a las expectativas mayoritarias. En primer término, el sistema que permite la creación de monstruitos electorales cuya tarea es saquear al erario sin rubor o escrúpulos que los detengan. México es tal vez el único país donde la manutención de aventureros dedicados a “la grilla” es total. Miles de millones de pesos generosamente entregados para incrementar la demagogia y el engaño.
Uno de los tantos privilegios para la élite de la mentira, son “los pluris” que nadie los elige, pero cobran como si fueran salvadores de la patria, y los hay que saltan de una curul a otra con singular alegría. Uno de ellos es Pablo Gómez quien con la bandera de preso político del 68 transitó por el Congreso de la Unión casi medio siglo siendo rescatado por AMLO quien lo envió a la Unidad de Inteligencia Financiera donde solo hizo el ridículo, y ahora por la Señora Presidenta que lo convirtió en coordinador o algo así, de la dichosa reforma. Pa’ que vea que en todos lados de cuecen habas.
Quedamos en que los principales opositores de la reforma electoral son los aliados de Morena por lo que es de creer que no se avanzará mucho en los deseos de una verdadera transformación en la materia. Lamentable sería que el intento quedara en caricatura que llevara a la frustración ciudadana, sea que las cosas “cambiaran” para seguir iguales equivalente a lo hecho en los regímenes del PRIAN que se limpiaban el rostro con lodo o con estiércol que no es lo mismo, pero es igual… Chingao, creo que ora si me mandé.
SUCEDE QUE
La polémica sobre la carretera Rumbo Nuevo además de saludable, es democráticamente válida. Si los tamaulipecos la pagamos doble (con Cavazos y Yárrington), ¿por qué una empresa privada vuelve a cobrar por transitar una vía que tanto nos costó?
Y hasta la próxima







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