Ciudad de México (27 de enero de 2026).- A un año de la cancelación del sistema CBP One, utilizado para solicitar asilo en Estados Unidos, miles de personas migrantes permanecen varadas en México, sin posibilidad de regresar a sus países de origen ni de avanzar hacia la frontera norte, lo que ha profundizado una crisis humanitaria, emocional y social, advierten directivos de albergues.
Organizaciones de apoyo señalan que muchas de estas personas viven como refugiadas en espera, mientras otras sobreviven en albergues o campamentos irregulares. Entre ellas hay madres solteras, hombres enfermos y familias completas, quienes enfrentan episodios de depresión, ansiedad y deterioro de la salud, derivados de la incertidumbre y la prolongación de su estancia.
Pese al reforzamiento de la seguridad fronteriza de Estados Unidos, algunos migrantes continúan intentando cruzar, pero lo hacen a través de traficantes, cuyos servicios se han encarecido. Además, las rutas migratorias en México siguen siendo “difíciles y violentas”, debido a la presencia de fuerzas de seguridad y de grupos criminales, alertan responsables de albergues.
Uno de los casos es el de Joel Hernández, de 33 años, quien inició su travesía en julio de 2024 con la intención de reunirse con su familia, que logró ingresar a Estados Unidos mediante el programa de parole humanitario. Sin embargo, su cita de CBP One nunca llegó.
“Era como ganarse la lotería”, recuerda, al señalar que miles de personas competían por apenas mil 500 ingresos diarios.
Durante la espera, Joel sufrió lumbalgia y depresión, y hoy afirma que su plan ha cambiado:
“Ya no quiero avanzar al norte. Lo que quiero es estabilizarme y echarle ganas aquí. Recuperar el tiempo perdido”.
Alberto Xicoténcatl, director de la Casa del Migrante de Saltillo, y Jorge Antonio Rocha, asistente de dirección de Casa Tochan, coinciden en que la cancelación del CBP One —con el que desde 2023 más de 900 mil migrantes lograron ingresar a Estados Unidos— dejó a miles de personas sin rumbo claro y con proyectos de vida truncados.
Señalan que actualmente existe conciencia de que, mientras Donald Trump esté en la presidencia, el ingreso a Estados Unidos es prácticamente inviable. Quienes no cuentan con recursos para pagar a un traficante deben permanecer en México, incluso contra su voluntad.
Otros migrantes optan por regresar a sus países o buscar alternativas en otras naciones. Tal es el caso de Salvador, nombre ficticio de un venezolano de 39 años, quien llegó a México en noviembre de 2024 y nunca obtuvo cita. Volver, explica, implicó no solo un golpe emocional, sino también reunir alrededor de 6 mil pesos para el boleto de avión, además de pagar una multa al Instituto Nacional de Migración.
Ante este escenario, los albergues han tenido que replantear sus servicios, pues ahora atienden tanto a quienes desean regresar a sus países como a quienes buscan establecerse en México, ya sea de forma temporal o definitiva. En muchos casos, tres meses de estancia resultan insuficientes para resolver su situación migratoria.
Rocha detalla que el proceso de refugio en México es complejo, ya que a la espera de una cita se suma la obligación de presentarse periódicamente ante la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados (Comar), una medida que limita la movilidad de las personas solicitantes.
A ello se agregan las dificultades para conseguir empleo o vivienda, lo que ha derivado en la permanencia de campamentos irregulares, como el ubicado en la colonia Vallejo, en la Ciudad de México, donde viven principalmente familias venezolanas.
Sobre la violencia en las rutas migratorias, Xicoténcatl advierte que los testimonios coinciden en que el trayecto sigue siendo extremadamente riesgoso, pues la presencia policiaca y militar empuja a los migrantes a rutas alternas controladas por la delincuencia organizada, incrementando su vulnerabilidad.







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