“Viajar te deja sin palabras y después te convierte en un narrador de historias”
Uno de los mejores lugares para observar al ser humano sin que se den cuenta es en un aeropuerto.
Los invito el día de hoy a que me acompañen a ir a uno de ellos: Lo primero que llama la atención son las maletas hay una gran variedad: simples sacos de lona, mochilas de todos los tamaños, maletas de tela, rígidas, de cabina, algunas se destacan por su marca lujosa. ¡Por allá veo una chica con una especie de porta traje como de metro y medio desplegado! Sin duda cada maleta representa la personalidad de su propietario.
¿Llega un joven, acaso estudiante? Con la cara metida en su celular, audífonos en los oídos escuchando música, absorto en su mundo, sin ver, ni escuchar nada de lo que sucede a su alrededor.
Por acá arriba un matrimonio de adultos mayores caminando muy juntos. El presuroso, alerta. Ella confiada y segura lo sigue, sin duda así son en su vida diaria. Uno liderea, otra lo sigue.
¿Una mamá joven espera la llegada de un pasajero acaso será su esposo? Batalla con dos pequeños ambos caminan por ello la madre no se da a abasto en su cuidado. Se nota que espera con ansia “el relevo” que le va a ayudar en la tarea.
A lo lejos diviso una mujer impecablemente vestida con larga cabellera rubia al viento. Muy segura de sí misma guía a un espléndido perro de pedigre. Tienen prisa por salir de ahí e iniciar la aventura de conocer la ciudad, de disfrutar sus vacaciones.
Un joven espera con ansias el arribo de un vuelo en el que viaja su amada. Cuando ella llega a su lado, hay abrazos, besos, júbilo. ¡Ella trae en su equipaje una bolsa con su traje de novia! Que maravilloso es ver dos seres que se aman y quieren hacer un compromiso público del mismo. ¡Felicidades para ambos!
Un joven de aproximadamente 30 a 35 años, impecablemente vestido de vaquero, sombrero, botines, ropa, atractivo. En sus manos lleva un hermoso ramo de flores en colores rosa, blanco con toques violetas. Una extranjera se le acercó y lo felicito por tan esplendido arreglo. El solamente sonreía. Lo acompañaba un niño de unos 10 años vestido igual, con Síndrome de Down.
Después de una larga espera pues el vuelo estaba demorado llegó la mujer. Mostro una gran sensibilidad para con el niño. ¿Que como lo sé? Pues porque al primero que abrazo fue al niño y al mismo tiempo le regaló un juguete: un caballo blanco con manchas café. La cara del pequeño y supongo que la de su papá se iluminaron por el detalle.
Ojalá y lleguen a formar una familia, ojalá este papá valiente y responsable encuentre una madre para el niño.
Es fascinante observar a personas en su tránsito de un lugar a otro.
Podemos compararlo con nuestro viaje llamado vida.
Y algún día todos llegaremos inevitablemente a nuestro destino final.
PAZ Y BIEN.







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