El Papa León XIV vivió un instante inesperado durante el vuelo que marcó su primera visita oficial al extranjero. Mientras recibía distintos presentes de quienes viajaban en el avión papal, una pieza llamó su atención de inmediato y lo llevó directamente a sus recuerdos de infancia en Chicago. El corresponsal de CBS News, Chris Livesay, le entregó un bate auténtico utilizado por Nellie Fox, ícono de los White Sox y miembro del Salón de la Fama.
El pontífice, sorprendido al ver las iniciales y el número del histórico segunda base, reaccionó con una mezcla de emoción y humor. “Oh, wow”, alcanzó a decir antes de preguntar entre risas: “¿Y cómo pasaste esto por seguridad?”. La relación del Papa con el equipo de Chicago está bien documentada: ha mostrado abiertamente su fidelidad a los White Sox, llegó a portar su gorra en el Vaticano y en 2005 asistió al Juego 1 de la Serie Mundial.
El bate que ahora suma a su colección corresponde a uno de los jugadores más emblemáticos en la historia de la organización. Nellie Fox, 15 veces elegido al Juego de Estrellas, disputó 14 de sus 19 campañas en MLB con los White Sox. En Chicago acumuló 2 mil 470 imparables y lideró la Liga Americana en hits en cuatro temporadas. Fue traspasado a los Astros después de 1963, cuando el futuro pontífice, entonces Robert Francis Prevost, tenía apenas ocho años.
Fox ingresó al Salón de la Fama de Cooperstown en 1997 gracias al voto del Comité de Veteranos.
León XIV abrió la puerta a un perfil poco común en el Vaticano: un pontífice con una afición deportiva marcada por su origen estadounidense. No es el primero —Francisco siguió fielmente a San Lorenzo durante su pontificado—, pero León XIV llega con una identidad ligada al deporte de su país y a la cultura deportiva de Chicago.
Prevost, primer Papa originario de Estados Unidos, conserva vínculos con los equipos de su formación académica y de su ciudad natal. Su relación más visible fuera del beisbol es con el basquetbol colegial: estudió en Villanova, donde obtuvo su licenciatura, y celebró públicamente el título nacional conquistado por los Wildcats en 2016.
Con ese historial, no sería extraño que algunas de sus escuadras favoritas encuentren eventualmente su camino hacia el Vaticano, como antes lo hizo San Lorenzo con el Papa Francisco. La conexión deportiva de León XIV, desde Chicago hasta Villanova, promete nuevas historias entre el Vaticano y el mundo del deporte.







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