Decenas de millas de hombres ultraortodoxos tomaron las calles de Jerusalén en una de las mayores manifestaciones de la última década para rechazar el reclutamiento militar obligatorio en Israel. Vestidos de blanco y negro, los manifestantes bloquearon los accesos a la ciudad en protesta por la decisión del Tribunal Supremo que declaró ilegales las exenciones vigentes desde la fundación del Estado.
Los ultraortodoxos, conocidos como haredíes, representan entre el 10 y el 15% de la población israelí y gozan de privilegios que los han mantenido al margen del servicio militar. Su vida gira en torno al estudio de la Torá y sus comunidades mantienen un estilo de vida separado del resto de la sociedad.
La crisis ha provocado una quietud política: los partidos haredíes abandonaron el gobierno del primer ministro Benjamín Netanyahu, que ahora busca aprobar una nueva ley para conservar parcialmente las exenciones. Mientras tanto, los líderes religiosos aseguran que su lucha busca proteger la identidad judía y su derecho a dedicarse exclusivamente al estudio religioso.
Jerusalén se convirtió así en escenario de un enfrentamiento social, político y religioso que reabre el debate sobre el papel de los ultraortodoxos en la sociedad israelí, su participación en el Ejército y el futuro de las políticas de integración nacional.

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