Los apóstoles dijeron al Señor: “Auméntanos la fe” San Lucas 17,5
En estos tiempos difíciles, el Señor nos invita a orar: “Auméntanos la fe”. Entendamos que la fe es un don. Comienza con la decisión de Dios de revelarse a nosotros. Sin embargo, tenemos un papel importante que desempeñar. La fe no puede ser solo creer. Orar por un aumento de la fe significa nutrir las semillas de esa fe para que crezca y pueda sostener nuestras vidas. Jesús dice que la fe es como un grano de mostaza que no se queda pequeño, puede crecer cuando la cultivamos y marcar la diferencia en nuestras vidas.
Entonces, para nuestra reflexión, ¿cómo alimentamos nuestra fe? Nuestras lecturas nos dan tres respuestas. Primero, DEBEMOS APRENDER A HABLAR AL SEÑOR. Esto es lo que hizo el profeta Habacuc en nuestra primera lectura. Le contó a Dios sus problemas, los males y las injusticias que enfrentaba.
¿Aún sabemos esperar en Dios y confiar en él, o hemos intentado resolver todos nuestros problemas por nuestra cuenta? Quizás no hemos hablado a Dios en mucho tiempo porque sabemos que también hemos estado haciendo cosas malas.
La segunda manera de nutrir nuestra fe es NO ENDURECER NUESTROS CORAZONES. Esto significa, ante todo, comprender, que antes de señalar con el dedo a quienes creemos culpables, debemos empezar por examinarnos a nosotros mismos y aceptar que también hemos pecado.
Pero después del arrepentimiento, y de no endurecer nuestros corazones, es comprender que nuestras acciones siempre afectan la vida de quienes nos rodean. Cuando mentimos, engañamos y robamos, afectamos a los demás.
Finalmente, nutrir nuestra fe es imitar a los sirvientes de la historia de Jesús. SOLO HEMOS HECHO LO QUE TENÍAMOS QUE HACER. Mientras algunos se quejan de su trabajo, mientras otros piensan en ganar dinero, en progresar y en recibir más por menos trabajo, volvamos al valor del trabajo honesto y a la gratitud a Dios por lo que tenemos.
Queridos hermanos y hermanas, oremos a Dios para que aumente nuestra fe, pero al orar, practiquemos también una mayor fidelidad. Hablemos más al Señor, contándole los males e injusticias que cometemos y de nuestro arrepentimiento por esos actos. No endurezcamos nuestros corazones; comencemos por aceptar humildemente nuestras faltas y luego procuremos ser más sensibles con los demás. Finalmente, cumplamos con nuestro deber siendo buenos ciudadanos, buenas personas y fieles católicos.
Con mi oración, cercanía y gratitud
Pbro. Andrés Figueroa Santos







Discussion about this post