Un edificio gubernamental debe estar diseñado para el confort de sus usuarios y la operación debe tener los mismos objetivos.
Cuando se inició el proyecto del nuevo complejo gubernamental de Cd. Victoria, Tamaulipas pensé que sería un gran salto a la dignificación del quehacer gubernamental y por ende del público concurrente.
Una torre gubernamental mucho más amplia, en una zona alejada del centro de la ciudad con amplios jardines y sitios para estacionamientos, sonaba muy atractivo.
Rodeada de otro conjunto de edificios que ofrecen servicios gubernamentales para los contribuyentes, también con amplios estacionamientos parecía la solución perfecta al caos que se generaba en torno al Palacio de Gobierno del centro de la ciudad y otros inmuebles arrendados.
Me refiero a la Oficina Fiscal, la Oficina de Catastro y la de Registro Civil, que tienen importantes afluencias de manera permanente.
Y al menos los primeros años de su operación, los nuevos edificios del Complejo Gubernamental Parque Bicentenario, cumplieron ese objetivo.
Sin embargo, con el paso de los años, los modernos inmuebles han ido perdiendo ese brillo y reflejan deterioro en sus estructuras, pero, sobre todo, en la operación para brindar servicios de calidad a la población.
Del caos son víctimas los propios burócratas o servidores públicos de todas las dependencias gubernamentales que alberga la torre en sus más de 20 pisos.
Las aglomeraciones del personal a las primeras horas laborales del día a día para el acceso a través de los elevadores es un tormento.
Son insuficientes los elevadores y no hay programas de entradas escalonadas.
El deficiente servicio de transporte público de la ciudad obliga a los burócratas de transportarse de vehículos particulares, por lo que las áreas de estacionamiento se saturan muy temprano.
Algunos de los miles de autos de los servidores públicos quedan en áreas prohibidas, ocupando los sitios especiales para discapacitados y no dejan áreas para los visitantes, es decir, el público que acude a realizar trámites o gestiones.
Ese importante segmento de la población, que es por quien existen las burocracias y las oficinas gubernamentales, pareciera que no cuenta, ya que los sitios disponibles para estacionarse quedan a casi un kilómetro, allá frente al punto de acceso al recinto ferial.
En ese largo andar, para llegar a la torre, en las largas filas de autos se aprecia que más del 30 por ciento de las unidades– de la burocracia– portan placas vencidas de uno, dos, tres y hasta cuatro trienios y otros tantos más sin placas o placas de Estados Unidos, conocidos como “chocolates”.
Esa situación se repite en las áreas de estacionamiento de la Oficina Fiscal, la Oficina de Registro Catastral y la Oficina del Registro Civil.
No hay espacios asignados para el público, lo que representa una falta de atención, pues son los contribuyentes que van a pagar diferentes tipos de servicios.
De manera reiterada lo he comentado con algunos funcionarios de primero y segundo nivel del Gobierno de Tamaulipas en los últimos sexenios.
Desafortunadamente, todos evaden la responsabilidad y la atribuyen a otras áreas.
Y las cosas siguen igual o peor.
Ayer acudí al Complejo Gubernamental Parque Bicentenario a realizar algunos trámites.
Primero al Registro Civil, luego al Registro Catastral. Y obvio que, a la Oficina Fiscal, pues para algunos pagos te remiten a esa instancia.
Eran las 10:30 horas y fue imposible encontrar un área de estacionamiento, todos ocupados, algunos por pequeños restaurantes rodantes y mesas con sus respectivas sillas.
Luego acudí a la torre para realizar una entrevista y la situación fue peor. No había forma de estacionarse a menos de 700 u 800 metros.
Reitero, los burócratas han acaparado los estacionamientos y no dejan los necesarios espacios para el público que acude a realizar alguna gestión o trámite.
Por lo tanto, el usuario de los servicios gubernamentales se siente agraviado desde ese momento.
Y a ello hay que agregarle los prolongados tiempos del sistema de elevadores para llegar al piso que alberga a la institución a que se acude.
Añada las malas caras de algunos de los servidores públicos en los módulos de información o en los escritorios de los funcionarios de primer, segundo o tercer rango.
Afortunadamente, ese tipo de servidores públicos son los menos.
En general lograr el objetivo de concluir de manera ágil, oportuna y eficaz un trámite o gestión, es muy difícil.
En ese entorno y la deficiente operación y logística de atención al público, dejan mucho que desear de los servicios gubernamentales.
Hay que hacer realidad el slogan y frases discursivas del gobierno humanista.
Ordenar el funcionamiento de este complejo “Complejo Gubernamental Porque Bicentenario”, parece estar en la cancha de la Secretaría de Administración del Gobierno del Estado, ahora encomendada a Luisa Eugenia Manautou Galván.
Y en algo pudieran ayudar en asuntos de la normatividad las Secretarías de Desarrollo Urbano y Medio Ambiente, donde despacha Karina Saldívar Lartigue o la de Obras Públicas de Pedro Cepeda Anaya, quien para los suyos tomó como estacionamiento parte del recinto ferial.
Lo importante es que se solucione el caos y se piense en la población que acude en búsqueda de servicios o gestiones.
Hay que humanizar la Torre.
Ese COMPLEJO, complejo.
Salvo su mejor opinión, apreciado lector.







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