Hace algunos años, 38 para ser exactos, siendo reportero del periódico El Mercurio de Ciudad Victoria, Tamaulipas, tuve la oportunidad de ver de cerca el inicio del gobierno del Ingeniero Américo Villarreal Guerra.
Un perfil más técnico que el político tradicional de aquellos tiempos.
En la candidatura había dejado sembrado en el camino al reynosense Manuel Garza González, el presunto favorito del gobernador saliente, Emilio Martínez Manautou.
Villarreal Guerra había sido Subsecretario de Infraestructura de la entonces poderosa Secretaría de Agricultura y Recursos Hidráulicos.
De ahí salto a la candidatura a Senador de la República, una de las plataformas, desde antaño, para buscar las candidaturas a los gobiernos estatales, con el padrinazgo presidencial.
Así, llegó el victorense a la candidatura del PRI al gobierno de Tamaulipas, con el respaldo del entonces mandatario nacional Miguel de la Madrid Hurtado.
Hubo una frase que se hizo popular en aquella campaña por la gubernatura, que buscaba posicionar el nombre el abanderado a la gubernatura y a la vez, tratar de sumar a las bases que se habían ido con la idea de que el agraciado sería el reynosense.
AMERICO Y YA., así de sencillo, fue utilizado en la primera etapa de los discursos y los actos políticos.
El nombre no tan común en el diccionario de los nombres mexicanos y en particular de los tamaulipecos le hizo permear en las bases del tricolor.
Obvio sumado a las características de sencillez, humildad, franqueza y apertura total del entonces candidato y ya como gobernador.
Muy importante en la estrategia de campaña y ya en el gobierno, fue la figura de Manuel Montiel Govea en el área de Comunicación Social, para hacer permear el nuevo estilo del político tamaulipeco para ese sexenio.
Sin que hicieran sombra al titular del Poder Ejecutivo, fueron colocados en algunas áreas estratégicas a dos políticos tradicionales.
El matamorense Heriberto Batres García, que traía buenas credenciales a su paso por la entonces poderosísima Secretaría de Gobernación Federal, donde tuvo un cargo relevante.
Y Ernesto Guajardo Maldonado, Ingeniero Agrónomo Chapinguero (grillo, mejor dicho, grillísimo) en el PRI, CNC y Congreso del Estado.
Había papeles muy claros, El Bueno tenía que ser el gobernador, y El Malo y El Feo de la obra, correspondía a esos personajes, a veces de un lado o a veces del otro.
Aunque a también asumían el rol de El Feo, sin hacer mucho esfuerzo el secretario de Administración, llegado de Coahuila, Felipe Fernández González o el Secretario Particular, el mantense Rafael Diez Piñeiro.
Hombres valiosos, bien intencionados la mayoría y sobre todo leales y trabajadores, que hacían eco del lema de la administración estatal, Voluntad y Trabajo, estuvieron en ese gabinete de 1987 a 1993.
Entre ellos, citados en orden por su cercanía con el mandatario estatal.
Ing. Francisco Lavín Ortíz, como Secretario de Fomento Agropecuario.
Ing. Enrique Varela Galván, en la Dirección General del entonces Instituto Tamaulipeco de Vivienda y Urbanización.
Ing. Jorge Quintero García, director general del COPLADET y después Diputado Local y presidente de lo que hoy es la Junta de Gobierno del Congreso.
El tampiqueño basquetbolista y C.P. José Francisco Rábago Castillo, secretario de la Contraloría Estatal.
También jaibo, en la Tesorería del Estado, Mario Alberto Cruz Ayala, quien ya había sido subtesorero en otra administración.
El Dr. Santiago Vidal Balboa en Salud, que en ese entonces era Jefatura de los Servicios Coordinados de Salud Pública en la entidad.
El Ing. Antonio Carlos Valdez Balboa, en la Secretaría de Obas Públicas, también con alguna experiencia previa de otros sexenios.
El abogado reynosense, Aníbal Pérez Vargas, quien inició como Procurador General de Justicia del Estado y cerró como Secretario General de Gobierno.
El vendedor se sueños industriales, el Ing. Fortunato Martínez Farías, en la Secretaría de Fomento Industrial, Comercial y Turismo, quien tenía en esa última área a Carlos Tercero Romero, buen conocedor de su función, ambos venían de Nuevo León.
Pocas mujeres había en el primer nivel de ese equipo y por tanto destacaba en el área de Cultura, el ITCA, la riobravense Blanca Anzaldúa Nájera.
Que tiempos aquellos.
Buen gobierno en general.
Con algunos yerros como toda administración.
Pero el saldo final fue saludable para Tamaulipas.
Era otra época, pero dejó cimientos firmes para que los sucesores pudiesen poner los siguientes ladrillos en el desarrollo integral de Tamaulipas.
El tema viene a colación porque este 3 de abril el Ing. Américo Villarreal Guerra cumpliría 94 años.
El falleció en junio del 2010 en esta ciudad capital.
Una cápsula informativa del pasado, no tan reciente, pero válido en tiempos de la Cuarta Transformación Tamaulipeca, en donde el nuevo equipo gobernante puede abrevar más de aquella experiencia.
Sobre todo porque lo encabeza su hijo, el Dr. Américo Villarreal Anaya, a quien le alcanzó parte de las acciones de su padre, para llegar al sitio de gran responsabilidad en el que se encuentra.
Con un nuevo contexto, claro está, otra realidad internacional, nacional y estatal muy distintas.
Pero en donde las cosas buenas, pueden seguir aplicando y por tanto replicándose.
Salvo su mejor opinión, estimado lector o lectora.







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