Este 13 de enero a nivel internacional está dedicado a hacer conciencia sobre la depresión como problema de salud pública mundial y local. Las instituciones de salud, las organizaciones no gubernamentales y los medios de comunicación aprovechan para informar sobre su magnitud, su impacto, así como las estrategias y acciones que tenemos a la mano, para su prevención y atención.
La OMS señala que la depresión es una de las principales causas de discapacidad en el mundo. Cerca de 350 millones de personas en el mundo tienden a presentar depresión grave, con un costo económico que excede el billón de dólares al año, debido al ausentismo laboral, accidentes y caída de la productividad. Un costo económico y social no cuantificado, pero que se estima mayor al laboral, causa la depresión en las familias y comunidades. Esto significa que la infelicidad es lo más costoso que existe en el mundo y en nuestras vidas.
Ya lo decía Aristóteles desde 4 siglos a C., “el propósito de la vida es ser felices”. El mundo actual lo ha olvidado o lo ha cambiado por dinero, poder, consumismo y placer.
La ubicación en el calendario de esta fecha es muy oportuna, porque todavía a nivel individual estamos a tiempo de incluir en nuestros propósitos de año nuevo la atención de este problema al que generalmente restamos importancia posponemos, por las prisas y exigencias de la vida cotidiana, hasta que se manifiesta en crisis de salud física o problemas familiares o laborales. La tarea es no normalizar estar tristes y deprimidos.
También para las instituciones públicas, es oportuna esta fecha al empezar el año, para que lo incluyan este pendiente y rezago social entre los compromisos y prioridades a atender.
Así es que, si en estos primeros días del año, saludamos a nuestras amistades deseándoles salud, éxito, prosperidad y felicidad. Apliquemos el cuarto deseo a nosotros mismos, previniendo, descubriendo y atendiendo a tiempo la depresión.
Pareciera que el mundo actual es una maquinaria de frustraciones, lleno de expectativas, pero al mismo tiempo saturado de limitaciones, dificultades e incertidumbres, a las que las que demás le agregamos la ´pérdida o dilución del sentido de nuestra vida. Vamos de prisa y apurados, esforzados al máximo, pero a objetivos que no son los verdaderamente nuestros, que son los que nos hacen felices y dan satisfacción vital. Todo se acompaña de una creciente incapacidad para relacionarnos armónicamente con los demás y con nosotros mismo. Siendo así es lógico y “normal” que las emociones dominantes sean el miedo, la ira y la tristeza.
En nuestros países pobres o en desarrollo, atribuimos todo a la falta de dinero y bienes materiales. Sin duda el nivel de vida económico y social tiene un peso definitivo en el balance general de calidad de vida, que incluye gozar de salud mental emocional.
Sin embargo, las estadísticas a nivel internacional señalan que los tres países con mayor prevalencia de estrés, ansiedad y depresión son Australia, Estados Unidos e Inglaterra. Los tres son naciones competitivas, desarrolladas con alto PIB y con promedios de altos estándares de calidad de vida. Los tres centros, modelos y difusores del modelo económico neoliberal que es también un estilo de vida.
Por su parte los más felices, según encuestas elaboradas por reconocidos organismos internacionales, son los países nórdicos: Finlandia, Dinamarca, Suecia, Noruega e Islandia. Sorprende que enseguida de ellos, califique Israel y Costa Rica con altos índices de felicidad.
El primero está envuelto en una guerra genocida contra los palestinos de la franja de Gaza y amenazado de ser bombardeado por Irán. Y el segundo es miembro de la región latinoamericana, condenada desde hace 40 años a crisis económicas e inestabilidad social, desigualdad y pobreza crónicas.
Esta visto entonces que comprender y dar remedios para la infelicidad de las naciones, no es nada fácil.
Pero a nivel individual y desde un punto de vista de clínico-médico, al que generalmente se ha confinado el estudio de la depresión, es importante distinguir la emoción de la tristeza, que sobreviene cuando vivimos y quedamos expuestos a eventos dolorosos emocionalmente como el duelo, la separación, la pérdida de trabajo, entre otros, y la depresión.
En la tristeza hay una razón objetiva y su duración es temporal, además la persona sigue con sus actividades, aunque sea a menor nivel o restringido
Para poder diagnosticar a una persona como deprimida debe presentar pensamientos, emociones y condutas de tristeza con pérdida de interés y placer en las actividades cotidianas, inclusive las que antes causaban bienestar. Esto síntomas y signos deben estar presente la mayor parte del día, casi todos los días y por lo menos durante dos semanas.
Desafortunadamente, solo hasta que la depresión se convierte en un trastorno que por su intensidad afecta la vida social, laboral y la salud de una persona, es cuando se acude a la atención de salud.
En algunos casos, cada vez más frecuente, la señal es el intento o consumación del suicidio. Por eso es tan importante reconocer a nivel social e individual la presencia e incremento de la depresión. Quién la ha padecido o ha tenido algún ser querido con este problema de salud mental y emocional, sabe bien el daño expansivo que causa.
Frente a los determinantes sociales de la depresión, muchas cosas están lejos de nuestro control personal, como la economía, la estabilidad social, la seguridad, la paz mundial y otras, pero si podemos trabajar por ejemplo en nuestro autocuidado físico y mental emocional, adoptando estilos de vida saludable y maneras armónicas de relacionarnos con quien convivimos, empezando por nosotros mismos.
Evitar aislamiento, los ambientes sociales violentos no constructivos, pasivos, que repriman el disfrute de la vida y el desarrollo familia, profesional, institucional, comunitario. Se trata de construirnos entornos socioemocionales saludables, que fortalezcan el tejido social y el bienestar mental emocional.
Todos los grupos de edad están expuestos a la depresión, pero destacan como más vulnerables los de 20 y 50 años (edad productiva), las niñas, niños y adolescente y los adultos mayores, donde el porcentaje de depresión es del 50 al 74 por ciento, que además se asocia con enfermedades orgánicas, mentales, con pobreza, violencia y marginación, especialmente en las mujeres.
En este Dia Mundial Contra la Depresión, chequémonos como estamos emocionalmente, sin dejar de sumarnos expresar nuestra demanda y contribución para que se desarrollen políticas públicas más efectivas a favor de la salud mental y emocional.
¡Que tengan un feliz año 2025!







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