Lo que Dios unió, que no lo separe el hombre San Marcos, 10,2-16
Hermanas y hermanos en Jesús Maestro y Pastor. Nuestras lecturas de hoy hablan de matrimonio. Desde el principio, Dios los hizo hombre y mujer para que sean uno. Serán compañeros de por vida porque ninguna otra criatura puede llenar ese espacio. Las otras criaturas que Dios ha puesto en nuestro mundo pueden ser compañeros adecuados, pero no podemos amar más a las criaturas que a las personas.
Queridos hermanos y hermanas, miremos a nuestros hermanos que se han casado por la Iglesia con admiración e inspiración. Oremos por ellos porque nos están mostrando a todos que el verdadero amor es para siempre. Pero como en toda la existencia humana hay un problema que encontramos en el Evangelio: el divorcio. Jesús dice que desde el principio no hubo divorcio. No hubo separación. De hecho, el mundo estaba lleno de orden. Adán y Eva se amaban y juntos cuidaron de las criaturas y de la madre naturaleza. Las separaciones y el desorden se deben a nuestra dureza del corazón.
Hay tres causas por las que nuestros corazones se vuelven duros:
La primera causa es cuando estamos solos. Dios dice: “No es bueno que el hombre esté solo”. Estamos solos cuando amamos las cosas que a la gente. Estamos solos cuando tratamos a otras personas como objetos. Preguntémonos: ¿somos respetuosos con los demás? Cuando tratamos a otras personas por debajo de nosotros, entonces estamos solos.
La segunda causa de la dureza del corazón es la soberbia. En la Segunda Lectura, la Carta a los hebreos nos recuerda que Jesús eligió hacerse pequeño. Pasó por nuestro sufrimiento y nos llama hermanos porque es uno con nosotros. Jesús nos ha dejado una escuela de humildad y sencillez.
La tercera causa de la dureza es cuando nos olvidamos de los que no tienen voz, de los marginados, de los rechazados por la sociedad. En el Evangelio, los discípulos estaban reprendiendo a los niños que en ese tiempo y cultura no tenían voz y que estaban tratando de acercarse a Jesús. Jesús les dijo: “Dejen que los niños se acerquen a mí; no se lo impidan, porque el reino de Dios pertenece a quienes son como ellos”. Los niños son nuestro futuro. Su educación debería ser nuestra prioridad, sobre todo su formación religiosa.
Hermanos y hermanas en Jesús, no permitamos la dureza del corazón, dejemos que los demás tengan parte en nuestra vida y que nos demos cuenta de que todos somos hermanos en Cristo Jesús.
Con mi oración, cercanía y gratitud. Pbro. Andrés Figueroa Santos







Discussion about this post