Hermanos y hermanas en la fe católica reciban un cordial saludo en Jesucristo, Maestro y Pastor. Aprovecho el espacio para felicitar a los papás en su día, dichosos ustedes que han recibido el don de la paternidad. En la Santa Misa no olvidemos incluir a los papás difuntos.
En este domingo los seminaristas están en las parroquias invitando a la oración por las vocaciones y a solicitar su apoyo para el Seminario y continuar respondiendo a la llamada de Jesús. ¡Señor danos Sacerdotes!
En la Santa Misa de hoy hemos escuchado el Evangelio que nos deja una enseñanza sobre el obrar de Dios, el modo en que Dios construye su Reino. Contrario a la forma en que Dios trabaja, en los tiempos modernos vivimos con prisa queremos las cosas rápido y nos desesperamos. Muchas veces nuestras crisis de fe tienen mucho que ver porque queremos que Dios obre instantáneamente.
El Reino de Dios del que habla Jesús requiere esfuerzo, dedicación, perseverancia etc. Los católicos de estos tiempos tenemos que aprender que la vida de Fe en Dios es para aquellas almas decididas a encontrarse con Dios muchas veces por caminos nada fáciles.
Como creyentes católicos, tenemos que trabajar en nuestras personas, principalmente en aquellas virtudes que prepararán la tierra de nuestro corazón para recibir la semilla de Dios. Que importante es ocuparnos en nuestra preparación, en nuestra formación, en el crecimiento de todas nuestras capacidades.
Las parábolas de las semillas también puede llamarse las parábolas de los frutos cuantiosos, por un lado el trigo abundante y el otro las grandes ramas que sirven para anidar a las aves del cielo. Las semillas de las parábolas estaban llamadas a cumplir con su propósito, crecer y dar fruto.
Cuanto tenemos que aprender de estas hermosas imágenes. Para muchos de nosotros nos causa miedo el pensar que tenemos un propósito en la vida, la Iglesia promueve las vocaciones para atender el proyecto de Dios que tiene para nosotros. Tal vez hoy en las misas nuestra oración personal debería estar dirigida a pedirle a Dios que nos oriente para que con un buen propósito de vida podamos dar mucho fruto.
Finalmente cuidemos nuestro corazón del egoísmo que nos impide ser fruto para los demás. Bondad, amabilidad, paciencia entre otros, pueden ser los frutos que podemos compartir para nuestros hermanos. Que día con día podamos descubrir la semilla que Dios ha puesto en nuestros corazones para dar frutos de santidad en la Iglesia.
Con mi oración, cercanía y gratitud.
Pbro. Lic. Andrés Figueroa Santos







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