Puerto Príncipe, la capital de Haití, enfrenta una escalada sin precedentes de violencia, con bandas armadas tomando el control del centro de la ciudad, situación que persiste a pesar del estado de emergencia y la imposición de un toque de queda. Este martes, se reportaron ataques e incendios a farmacias, clínicas y escuelas, evidenciando la grave situación de seguridad que enfrenta la metrópoli.
El Hospital Universitario Estatal de Haití, clave en la prestación de servicios médicos, ha sido abandonado durante casi un mes tras ser objetivo de los grupos armados de la coalición ‘Vivre Ensemble’, liderada por el notorio Jimmy Cherizier, conocido como Barbecue. La violencia no se ha limitado a este centro médico: un colegio, diversas clínicas y farmacias, así como numerosas viviendas, han sido saqueadas e incendiadas, lo que ha provocado un aumento de la tensión y la huida de los residentes.
La respuesta de las autoridades, aunque presente, parece insuficiente ante la magnitud de la crisis. La Policía Nacional de Haití (PNH) reportó la neutralización de 17 presuntos miembros de bandas y la confiscación de armamento en un esfuerzo por restaurar el orden. Sin embargo, el comandante en jefe de la PNH, Frantz Elbé, reconoce la necesidad de intensificar las operaciones para proteger a la población.
El estado de emergencia, vigente en el departamento del Oeste hasta el 3 de abril, y el toque de queda extendido hasta el viernes, no han logrado contener la expansión de la violencia. Las restricciones incluyen la prohibición de manifestaciones públicas y la orden a las fuerzas del orden de usar todos los medios legales para hacer respetar estas medidas.
Más allá de la violencia, la crisis tiene profundos impactos humanitarios. La clausura de servicios esenciales ha dejado a pacientes en el Hospital Universitario Estatal sin atención médica, abandonados a su suerte. Unicef alerta sobre las repercusiones de la violencia en la crisis nutricional y sanitaria, poniendo en riesgo la vida de más de 125.000 niños en peligro de desnutrición aguda grave.
La comunidad internacional observa con preocupación la situación en Haití, donde la inestabilidad política agrava la crisis. La dimisión de miembros del consejo presidencial de transición y los debates internos reflejan la complejidad de alcanzar una solución duradera. La urgente necesidad de seguridad para permitir el acceso a servicios vitales y la distribución de ayuda humanitaria resalta la crítica situación que enfrenta Haití, una nación al borde del abismo.

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