Escuchando una plática a la que no estaba invitado, uno de los protagonistas –
exdiputado local- ahora alto funcionario del gobierno de Tamaulipas, hablaban del abuso de
género en todos los ámbitos, desde el familiar hasta el político.
Contrario a lo que pudiera pensarse, la conversación con algunos compañeros de la
pluma y el micrófono, no se referían al abuso del varón a la mujer. Al contrario, de la mujer
que, por su condición, busca salirse con la suya, hacer ‘su santa’ voluntad y hasta fingir ser
víctima para lograr sus propósitos.
Con honestidad y como buen interesado en temas que no me han convidado, puse
mayor atención en lo que cada participante decía y ello motivó las reflexiones que ahora
comparto con el lector.
De ninguna manera se trata de estar contra el género femenino. Más bien es buscar
consecuencias de la idea generalizada que se adopta hasta en marcos legales, para
‘proteger’ a quienes han sido vapuleadas por una sociedad clasista, más que machista, pues
bien sabemos que son los estratos sociales quienes determinan la conducta de grupo.
No podemos obviar que hasta en la Grecia antigua, la ciudadanía era reconocida a
ciertos ciudadanos, pero exclusivamente del sexo masculino. En nuestro México Lindo y
Querido, es hasta finales de los años cuarenta cuando -a falta de varones que se fueron de
braseros a E.U.- la ley concedió el voto a la mexicana, a la mujer.
En este mismo sentido no fue por justicia social, sino por una necesidad política para
validar con votos las elecciones en puerta, pues los varones mexicanos radicaban
masivamente en Gringolandia.
Para sorpresa de los que escuchábamos del tema, una periodista, conductora de
noticias de la televisión local, comentó que muchas mujeres cuando se ven abandonadas
por el novio que ya no quiere andar con ellas, son capaces de denunciarlos hasta de
violación y acoso sexual, como ha sucedido en varios casos investigados.
Ser mujer en estos tiempos da garantías hasta legales para cometer injusticias contra
varones y no me refiero solo a los aspectos sexuales, sino hasta en cuestiones políticas
como recientemente sucedió con vista a las elecciones del año 2024.
Por razones de género desde hace varios años las autoridades del Instituto Nacional
Electoral (INE) ha determinado la paridad de género en candidatos de los partidos políticos.
Sin importar haya o no capacidad o simparías para una elección, de tal forma que deberán
participar el mismo número de hombres y mujeres.
El marco legal en este caso ordena que, si en una elección interna partidista, el
número impar resultó a favor de un varón, la siguiente deberá obligatoriamente ser mujer y
a la inversa.
En el caso de la próxima elección a la Jefatura de Gobierno en la Ciudad de México,
según el marco legal del INE, los del partido del presidente (Morena) deberán inscribir para
la contienda del 2024, una mujer.
A sabiendas del ordenamiento del organismo electoral, Morena abrió la convocatoria
para uno y otro sexo y a pesar de que los resultados de la encuesta que hizo el partido del
presidente, la decisión en los números ampliamente fue para Omar García Harfuch… pero
ganó perdiendo, porque finalmente la corcholata para la CDMX fue Brugada.
Las malas lenguas de las buenas gentes no se cansan de señalar favoritismo en favor
de la alcaldesa con licencia de Iztapalapa, quien prácticamente lleva 12 años en el cargo,
sin haber sido reelecta, pues la primera vez (2009) Clara Brugada fue suplente de “Juanito”
(Rafael Portillo Acosta Ángeles) quien había acordado con Manuel López, entonces Jefe de
Gobierno de la CDMX que, en caso de ganar declinaría en favor de la dama en cuestión.
Otros analistas señalan la imposición presidencial, sobre la Corcholata, Dra. Claudia
Sheinbaum Pardo, cuando Omar García Harfuch ha sido su colaborador de Seguridad
Pública en la CDMX.
Ser mujer sin duda es un privilegio y para muchos (hombre y mujeres) es un honor
compartir con ellas, en un marco de respeto mutuo, sin sobrevalorar ni desacreditar
cualquier acción.
Es cierto que todos merecemos respeto y a cada uno le debemos reconocer cualidades
y limitaciones y por ello aceptar y disculpar aciertos y errores… Pero también es cierto que
hay abusos solo por el hecho de ser del sexo femenino.

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