Muy bendecido domingo querido lector, este Domingo XX del Tiempo Ordinario la liturgia nos propone la primera lectura Del profeta Isaías (56, 1.6-7) «Velen por los derechos de los demás», la segunda lectura de la carta del apóstol San Pablo a los romanos (11, 13-15.29-32) «Lo hago para ver si provoco celos de los de mi raza y logro salvar a alguno de ellos», y el Evangelio de San Mateo (15, 21-28) «Atiéndela, porque viene gritando detrás de nosotros».
Este domingo quizás algunas palabras de Jesús pudieran resultar fuertes para nosotros y más al momento de dirigirse a aquella mujer, y para poder entender porque Jesús le llama perritos tomemos en cuenta que Él está en la región de Tiro y Sidón, consideradas ciudades paganas y los judíos constantemente llaman a los paganos bajo el sustantivo “perros”, con este contexto no ha de extrañarnos las palabras de Jesús y no tanto porque él al ser judío los desprecie, sino porque reconoce que su propia raza tiene actitudes y comportamientos que distan de su anuncio del Evangelio.
Y es ahí una de la primera enseñanzas de este domingo poder aceptar a todos a pesar de las diferencias, lograr superar las barreras que nos superan y así como dice la primera lectura “velar por los derechos de los demás”. No podemos negar que Jesús constantemente nos invita a ver a nuestro prójimo como hermanos para así poder ser ciudadanos del Reino, el cual no tiene fronteras ni excluye a nadie.
Otro rasgo discipular que podemos hacer nuestro este domingo es la actitud de los apóstoles, quienes al escuchar los gritos de aquella mujer acuden inmediatamente ante Jesús y le piden que la atienda, son capaces, a pesar de las diferencias a actuar para beneficio de ella, interceden de tal modo que logran superar las actitudes egoístas que los llevan e vivir ensimismados.
De esta mujer cananea podemos aprender la humildad, la paciencia y la perseverancia, humildad porque lejos de buscar sentirse superior o ponerse exigente es capaz de ser paciente en su petición, confía totalmente en Jesús llamándolo Señor, persevera a pesar de las palabras o gestos y así su fe es grande y Jesús le concede lo que desea.
Este es nuestro gran reto como cristianos superar lo que nos divide, reconocer que todos estamos llamados por Dios y que por lo tanto hemos de esforzarnos por alcanzar la unidad.
Que tengan muy feliz y bendecido domingo.
Pbro. Fernando Emmanuel Reséndez Amaya

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