En este texto del evangelio del día de hoy, Jesús conduce a sus discípulos a un
lugar alto, para estar en oración, recordemos que lo alto representa la cercanía con
Dios. Otra de las intenciones de Jesús era darles una probadita de lo que es el cielo
a estos tres discípulos en concreto, para que así en el momento de la prueba
permanecieran firmes y se mantuvieran seguros en su misión.
Este texto siempre me ha llamado la atención en lo particular, y me hace reflexionar
como Dios cuando nos va a pedir una misión en concreto, o va a permitir una prueba
en nuestra vida, este siempre nos separa, lo vemos claro en el evangelio de este
domingo y lo constatamos con sus discípulos los llama para que estén con Él y
luego enviarlos.
Así también sucede en nuestra vida cuando alguien nos va a pedir algo, nos motiva
con algo para hacerlo. En el caso de Jesús, su principal motivación fue que sus
discípulos experimentaran la transfiguración de Jesús junto Moisés y Elías cosa que
vemos dio resultado y por eso Pedro manifestó el gozo que experimentó en ese
momento el cual quería seguir disfrutando.
Ese deseo fue interrumpido por la voz de Dios manifestando lo contento que se
sentía de la labor que estaba realizando Jesús, y de ese amor que le tenía. También
les dio una orden: “escúchenlo”, que es lo mismo que imítenlo en el cumplimiento
de mi voluntad para poder llegar a la meta y no solo experimentar un ratito sino toda
una eternidad de ese gozo.
Algo que nos recuerda al inicio de este pasaje para poder cumplir esa misión, es
que es necesario cumplir con el primer mandamiento, es decir, tener un amor
especial por Jesús y tenerlo por encima de todas las cosas de nuestros intereses,
las personas que apreciamos, nuestros vienes, entre otras cosas más y lo cual nos
cuesta mucho.
Mas, sin embargo, es por lo que podemos empezar porque amando de corazón a
Dios se va a facilitar el amor al prójimo, y el cumplir la voluntad de Dios en cada
momento de nuestra vida, se va a facilitar la renuncia y vamos a hacer capaces de
soportar las pruebas diarias de la vida.
Que lección tan hermosa nos da Jesús a través de su palabra, el ser generosos en
todos los aspectos de nuestra vida, con nuestro tiempo en el servicio y desgaste por
el prójimo, a tiempo y destiempo, así como en la ayuda generosa en cuanto nuestras
posibilidades económicas y materiales.
Recordemos las palabras de Jesús de que hay más alegría en el dar que el recibir,
seamos pues participes de esa alegría; si nos ponemos a pensar, tenemos un
campo muy amplio en este aspecto, por ejemplo, cuantas cosas tenemos en casa
o cosas personales que ya no utilizamos pero que tienen un buen uso como son
ropa, zapatos entre otros artículos más.
Pensémoslo y no olvidemos la promesa de Jesús quien diere, aunque fuera un vaso
de agua fría a uno de estos por ser mi discípulo no perderá su recompensa. En otro
pasaje nos recuerda que acumulemos tesoros en el cielo que es lo que realmente
vale la pena, porque lo material aquí se queda, sin embargo, lo que hagamos de
bueno por los demás, Dios lo tomará en cuenta.
En otro pasaje del Apocalipsis (14: 13), nos hace hincapié algo que nos invita en
este día cuando dice: “Dichosos desde ahora los muertos si han muerto en el señor
que descansen ya de sus fatigas, porque sus obras los acompañan”. Como vemos,
sigue vigente su promesa y sigue recordándonos lo importante de nuestras obras
para obtener esa recompensa.
Pidamos hermanos de todo corazón a Dios para que nos ayude en nuestra vida
diaria a no desanimarnos ante las adversidades, y tener nuestra vista siempre fija
en el alto, no en los bienes terrenales.
Que Dios y María santísima nos sostengan en cada momento y recuerden que Dios
sin nosotros sigue siendo Dios, pero nosotros sin él somos nada.
Su servidor y amigo, Padre Lolo.
PBRO. JOSÉ DOLORES MUÑOZ TRUJILLO

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