Querido lector, los textos bíblicos sugeridos para este domingo son los siguientes:
Isaías 55, 10-11, Salmo 64, Romanos 8, 18-23 y el Evangelio según san Mateo 13, 1-23.
Nuestra reflexión se centrará en el texto del Evangelio.
El Evangelio de Mateo está estructurado a partir de 5 grandes discursos: el discurso
de la montaña de los capítulos 5 al 7, el discurso misionero en el capítulo 10, el discurso
parabólico en el capítulo 13, el discurso eclesiástico en el capítulo 18 y el discurso
escatológico en los capítulo 24 y 25. Y el Evangelio de hoy lo situamos en el discurso central,
el de las parábolas, donde nos presenta a Jesús como el sembrador que sale a sembrar la
semilla del Reino, de la Palabra de Dios.
¿Por qué Jesús habla en parábolas? No las ha creado Él sino que se utilizaban en su
tiempo para dar una enseñanza. ¿Por qué el Maestro no usa un discurso directo, doctrinal,
sistemático para exponer su doctrina y que, quizá, deje más claro el mensaje? Porque las
parábolas poseen una riqueza inigualable: la historia de la parábola es abierta, multiple,
involucra al lector del que solicita la imaginación, la fantasía, la creatividad, etc. Poseen una
fuerza las imágenes de las parábolas.
A lo largo del Evangelio de este domingo los acentos van cambiando. Podemos decir
que la primera parte se centra en el sembrador y la semilla (la parábola propiamente dicha);
en la segunda parte Jesús les explica el por qué les habla en parábolas (citando un texto del
profeta Isaías); y la tercera parte el acento se pone en el tipo de terreno que recibe la semilla
(a lo largo del camino, en terreno pedregoso, entre espinos, en tierra buena).
La reflexión que proponemos se desprende de la tercera parte del Evangelio que
menciona lo que sucede con los tipos de terreno:
El primero representa a aquellos que reciben la Palabra pero al no entenderla ésta
es arrebatada. Cuando la acogemos de modo superficial, pero no la reflexionamos, no le
abrimos camino en nuestro interior, la Palabra no tiene ninguna opción de dar fruto, porque
no le hemos dado importancia. Por ejemplo, cuando vamos a misa, y nos distraemos con el
celular, o estamos mentalmente en otro sitio.
El segundo tipo de terreno, representa a aquellos que acogen con alegría esta
Palabra. Y esta es la diferencia con el primer tipo de tierra. Pero el problema es que no tienen
raíz, son inconstantes, la acogida es efimera, transitoria, temporal, con fecha de caducidad.
Es necesaria una base humana para que de frutos. Muchas personas se emocionan cuando
participan de un retiro, de una hora santa que mueve sus corazones, pero no tienen una
voluntad firme y fuerte para continuar y seguir a Jesús a pesar de las dificultades.
El tercer tipo de terreno representa a quienes oímos la palabra, pero las
preocupaciones, las seducciones de la vida la sofocan y nos quedamos estériles, sin dar
fruto. Muchas veces nuestra mente está tan ocupada en tantas cosas que no tenemos
tiempo para leer, reflexionar y acogerla en nuestro corazón. Por eso podemos preguntarnos:
¿qué preocupaciones, qué cosas, qué relaciones están ahogando esta Palabra en mi vida?,
¿qué cosas o personas me impiden dar fruto?
El cuarto tipo de terreno representa a aquellos cristianos con 3 características:
escuchan la Palabra involucranto toda la persona (mente, corazón, manos), dan fruto cada
uno según su capacidad y son constantes y perseveran. Cuando hacemos esto, podemos
tener la seguridad que Jesús se encargará de lo demás.
Por eso la invitación del Evangelio es a “trabajar nuestra propia tierra: pongamos lo
que falta o quitemos lo que estorba, pero asegurémonos de estar bien dispuestos para Dios”
(El Domingo, semanario de instrucción religiosa, Año 73 No. 29, San Pablo).
Querido lector: gracias por leerme. Deja entrar la Palabra de Dios en tu corazón y en
tu familia! Que tengas un bendecido domingo.
P. José David Huerta Zuvieta

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