A finales de 1997, estuve adscrito a la “Dirección de Contraloría Social”, cuyas oficinas se ubicaban en el edificio “Tiempo Nuevo”, dependiente de la “Secretaría de Contraloría y Desarrollo Administrativo” (SECODAM), del Gobierno de Tamaulipas, en Ciudad Victoria.
Básicamente el trabajo de esa dirección, era la capacitación y organización de los comités de “Contraloría Social”, desde el enfoque del “Control y Vigilancia de los Recursos Públicos”, en los cuarenta y tres municipios del estado de Tamaulipas, junto a otras entidades como “SEDESOL federal” y “COPLADET”.
Por lo que de manera constante “andaba de comisión por cuestiones laborales”, en Nuevo Laredo, Matamoros, Reynosa, Camargo, Miguel Alemán, Díaz Ordaz, Valle Hermoso, Río Bravo, San Fernando, Victoria, El Mante, Tampico, Ciudad Madero, Altamira, Ocampo, González, Xicoténcatl, Llera y Gómez Farías, entre otros.
En ese tiempo el profesor Juan José Muñoz Díaz, quien fue el Director de la oficina, me “comisionó” el viernes 12 de diciembre de 1997, “Día de la Virgen de Guadalupe”, a la Presidencia Municipal de Tula, Tamaulipas, para una diligencia oficial con el alcalde Rodolfo Lara Castillo (1996-1998).
Tomando el tiempo prudente, salí de la Central Camionera de Ciudad Victoria a las nueve de la mañana con dirección a Tula, por la antigua carretera de Victoria a Jaumave y en punto de las 11:30 horas, ya estaba “haciendo antesala” en los despachos de la alcaldía local.
A esa hora la temperatura era agradable, tal vez unos diez grados centígrados, al estar muy próxima la entrada de la “temporada invernal” en México y “hay que decir que por mi parte, llevaba una chamarra azul”, que me protegía de las oleadas del aire fresco, en el Altiplano Tamaulipeco.
Una vez concluidas las deliberaciones de trabajo, a las dos de la tarde, me dirigí a un restaurante cercano a la plaza principal, en donde pedí una orden de exquisitas “enchiladas tultecas”, acompañadas de una rica cecina y claro, sin faltar un café de olla, con “sabor a canela”.
No obstante, al salir del comedor sentí un intenso frío, que recorría de lado a lado, las calles “Lerdo de Tejada” e “Hidalgo” de la zona centro de Tula y como por arte de magia, descendió considerablemente la temperatura y mientras tanto, tenía la necesidad de conseguir un autobús para retornar a Victoria.
En eso andada, cuando me percaté que alrededor de las diecisiete horas, empezó a caer aguanieve en la plaza principal de Tula, por supuesto que era un espectáculo indescriptible, algo nunca visto por mis ojos, “recuerdo que miraba para adelante, para atrás y lo único que notaba, eran las “pequeñas plumas blancas” que bajaban del cielo.
Dicen los meteorólogos que “el aguanieve”, se forma a temperaturas congelantes
de cero grados, entonces como pude, caminé para la terminal de autobuses de Tula
y a las siete de la tarde (a esa hora, reinaba la oscuridad en el horizonte), le pregunté
al taquillero de las salidas a Ciudad Victoria.
Mencionó que no había corridas a la capital de Tamaulipas, durante esa noche,
puesto que le informaron los superiores, además de los comandantes de la “Policía
Federal de Caminos”, que la vieja ruta de Victoria a Tula, estaba cerrada al impactar
una nevada a la altura de “Alta Cumbres”.
Junto con más gente que le urgía marcharse de Tula, aguanté hasta las doce de la
noche, momentos en que afirmó el boletero, “hay una unidad que partirá con rumbo
a Ciudad del Maíz (SLP), El Naranjo, (SLP), Ciudad Mante (TAM) y con destino final
a Ciudad Victoria, Tamaulipas”.
Después de angustiantes siete horas de largo viaje, pisé la Terminal de Autobuses
de Victoria y al día siguiente, los noticieros de la televisión de la región, comentaron
con extrañeza que hubo una impresionante cellisca, por la vieja vía de Victoria a
Jaumave, registrando temperaturas récord de -25 grados centígrados.
Facebook/olimpobaezcedillo Twitter: @guiadelbien

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