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El infame atraso

Por: Alejandro de Anda
febrero 19, 2023
in Opinion
Mil maneras de morir, coctel mortal
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LO CLARO. Aquellos que provenimos de la mitad del siglo pasado, somos
fehacientes testigos de la importancia de los títulos de profesión que daban
lustre a actividades tan importantes como la abogacía o la medicina.

Fuimos atendidos por médicos graduados como médico cirujano partero, de
gran prestigio pero no mayor especialización.

Los egresados en el campo económico como la contaduría –antes, tenedores
de libros- o la abogacía, recibían el título y la cédula que les acreditaba el
estudio recibido. Y listo.

Las actualizaciones en su campo dependían de los colegios o asociaciones
que les permitían continuar cultivándose.

Por eso damos un valor sustantivo a las acciones que la academia hoy fomenta
en la especialización.

La Universidad Autónoma de Tamaulipas comparte –además de la continua
reevaluación de su agenda- el sumar nuevos programas de posgrado, que
responden a la demanda de la sociedad.

Maestría en psicología educativa; en administración e innovación digital;
especialidades en ginecobstetricia y en urgencias médico quirúrgicas son
algunas de las nuevas ofertas que amplían la gama de especialización y
favorecen a su entorno.

Atención a la competitividad y al progreso de nuestras comunidades.

Enhorabuena.

LO OSCURO. Las verdaderas razones ‘nacionalistas’ que impidieron una
mayor aceleración al dinamismo del desarrollo mexicano, por supuesto que
están ligadas a los designios del país vecino norteamericano.

“Convención Especial de Reclamaciones” por pérdidas sufridas por ciudadanos
o sociedades de los EE.UU. a causa de las confrontaciones civil armadas en
suelo mexicano entre 1910 y 1920.

Ese fue el documento firmado –y rechazado oficialmente, pero puesto en
operación- al que hoy rememoramos y conocido en la historia de nuestro país
como “el tratado de Bucareli”. Signado por el ministro de relaciones exteriores
mexicano Alberto Pani (en representación del mandatario Álvaro Obregón
Salido) y su contraparte norteamericano, Calvin Coolidge.

Tal manuscrito fue emitido con fecha de 23 de agosto de 1923, en un edificio
oficial ubicado en la calle de Bucareli, número 85 de la hoy CDMX.

Tiene sentido la trama.

Las confrontaciones que sucedieron motivados por la desigualdad social y que
el mundo conoce como Revolución Mexicana, ocasionó grandes pérdidas de
vidas de mexicanos y cuantiosos quebrantos a la nación, así como los
trastornos políticos que facultaban (mediante golpes de estado) la fácil
remoción del jefe del país en turno al timón, asesinado por su sucesor. ¡Vaya
historia la nuestra!

Pero los ‘colaterales’ resultaron a la postre de mayor cuantía al progreso que
deviene de cualquier revolución, comparado como sucedió satisfactoriamente a
la mayor parte de los países que ha sufrido revueltas, excepto Cuba. Vietnam,
de los mejores ejemplos de éxito.

En nuestro México, los vecinos ‘norteños’ resintieron los estragos en sus
inversiones –nunca en sus vidas- y tales acciones dieron por obligatoriedad
reclamos oficiales airados al mandatario general Álvaro Obregón.

Urgido de ser ‘bien visto’ o legitimado por el gobierno norteamericano, aprobó a
Pani el suscribir en su nombre el documento que obligaba a nuestro país
hacerse cargo de los daños suscitados en la infraestructura de los nacionales
gringos en suelo mexicano.

Además, a desoír la aplicabilidad de la Constitución promulgada en 1917. Que
en su artículo 27 apuntaba que (sic) “todos los bienes y recursos naturales
sobre el suelo y por debajo de éste, sumado a las aguas de mar que le
corresponden que se encuentran en los límites geográficos territoriales, son
propiedad indiscutible de los mexicanos”.

Dando ‘en la torre’ a las compañías petroleras y las de luz entre otras que
operaban con graciosa impunidad. Y a las que se respetaron, a pesar de no
haber entrado jamás en vigor ‘oficialmente’ el tratado en cuestión.

El documento ‘no oficial’ vence este año, al cumplir el centenario. Y devuelve la
oportunidad a los mexicanos –entre otras cláusulas signadas- de fabricar
instrumentos y maquinaria que tengan patente mexicana, pues en aquel
manuscrito doloso, la industria gringa era fuertemente respaldada so pena de
desconocimiento a Obregón.

El sistema educativo que habría imperado en el nivel básico –quizá continúa-señalaba la instrucción técnica con un oficio en actividades secundarias
(electricidad, pintura, cocina, mecánica, talleres en general) que brindaba
oficios de operadores para atender a la industria americana que amenazaba
con apoderarse del espectro productivo mexicano.

Incluso mandaron los colores: caqui para varones (emulando el uniforme militar
esencial) y de colores a las damitas, donde el rosa indicaba principiante, azul
intermedio y guindo a quien ya contaba con la preparación indispensable. Así
se percataban del nivel de operaria y la calidad en los procesos ya obtenida en
aulas.

La instrucción obligatoria de entonces para conseguir trabajo, ‘secundaria’ o
nivel básico.

Las petroleras americanas continuaron operando no menos de 15 años
posterior a la entrada en vigor del 27 constitucional. Igual la productora de
energía eléctrica LyF.

Quizá nunca fue cierto el tratado de Bucareli.

Pero los efectos, sí que lo parecen.

Sabida nuestra historia, obligados estamos a tomar lo aprendido y evolucionar.
Toda la clase política conocida hasta hoy es formada y educada bajo ese
criterio o régimen de supeditación a la economía fuerte de nuestro vecino país.

No es que esté mal o bien. Es que debemos crecer en base a nuestras
necesidades y posibilidades de auténtico desarrollo. Que las empresas sean
mexicanas.

No en aprender a hacerles las hamburguesas y prepararnos para jardineros.
Se acabó Bucareli. Aunque nunca hubiera existido.

COLOFÓN: Aunque… señalan –y bien- a aquellas personas que alardean de
pensamiento extremo izquierda, con la mejor ideología de reparto igualitario de
la riqueza y oportunidades para todos… con un Iphone 14 en la mano, para
compartirlo con el mundo en las redes de Facebook.

Ya nos prepararemos para hacer un iphonoxtl óox (óox es 13 en maya), ahí la
llevamos).

[email protected]
@deandaalejandro

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