Queridos hermanos en la fe católica, ¿Cómo van esos propósitos del
año 2023? ¿Cómo va tu proyecto de vida? ¿Tu vida sacramental? Ya
ha pasado el mes de enero, el mes en el que nos propusimos metas
para nuestra vida de fe católica a corto y largo plazo. Si por alguna
razón nos ha faltado determinación para realizarlos , nunca es tarde
para volver a empezar.
En el domingo V del tiempo ordinario que estamos celebrando en
nuestras comunidades parroquiales , hemos escuchado la invitación
del Maestro Jesús de Nazaret a ser <<sal de la tierra>>, una sal que
se necesita para darle sabor al mundo, a la sociedad, a la familia y a
todos los que conviven con nosotros. Podemos ser sal para los
demás, podemos ser sabor y alegría para los otros, pero sobre todo
en estos tiempos, podemos contagiar de nuestra fe en Dios en el cual
creemos.
Pero la realidad de nuestros tiempos es un tanto complicada , la tarea
no es facíl, los católicos no nos preocupamos por llevar una vida de
fe plena y sincera en Dios y esto nos impide el poder compartir una
confianza plena en Dios y poder ser esa sal de la cual el Maestro
Jesús nos pide ser en el mundo. ¿Cómo anda tu fe? ¿Te preocupas
por cultivar tu fe?
El Maestro Jesús ya lo advertía, hay que cuidar de nuestra sal para
que no se vuelva insípida. Una sal sin sabor y que ha perdido toda
su fuerza para darle ese agradable sabor a los alimentos , se
convierte en un producto que ha perdido calidad y que ya no puede
cumplir con su propósito .
Así nosotros, debemos ocuparnos por una vida de fe que no pierda su sabor, una vida de fe en Dios de calidad y sobre todo de fidelidad a su proyecto que se realiza en la Iglesia.
¿Nuestra vida de fe ha perdido su sabor? Necesitamos poner mucho
de nuestra parte para poder recuperar el sabor de nuestra vida de fe.
Nuestra fe en Dios empieza a perder sabor cuando no oramos, no
practicamos las virtudes, no rezamos el Rosario y sobre todo cuando
dejamos de asistir a la Santa Misa.
La Eucaristía, ese encuentro con la Palabra de Dios y con el Pan de
vida que es Jesús, debe ser para nosotros los católicos , la sal de
nuestra vida. La Santa Misa es lo que da fuerza y sentido a nuestras
vidas, no olvidando que es <<fuente y culmen de toda la vida cristiana
>> Lumen gentium 11.
Tengamos como santo propósito del año que hemos iniciado llevar
una vida Eucarística, una vida de comuniones frecuentes, pues de
esta forma, nutriéndonos de la Sagrada Comunión nuestra fe estará
fortalecida y entonces ayudaremos a los demás a que encuentren en
la Santa Misa el sabor para su vida de Fe. ¡Cuánto bien hace la Santa
Misa!
El Maestro Jesús de Nazaret también nos invita hoy a que seamos la
luz del mundo, pues, así como la sal tiene una función, la luz tiene
como proposito, alumbrar, iluminar, quitar la oscuridad para que
podamos ver mejor. Nuestra vida de fe, debe ser luz para los
demás, que importante es que seamos luz, que seamos testimonio,
que llevemos en nuestras vidas esa luz que proviene de Dios.
Es urgente que pongamos nuestros dones y carismas al servicio de
Dios y de la Iglesia. Tanto en la figura de la sal como de la luz, la
invitación es a que seamos don para los demás. Que todo lo que
hagamos este impregnado de nuestra fe en Dios y que nuestras
buenas obras den testimonio del Dios en quien nosotros confiamos.
No tengamos miedo, seamos sal para darle sabor a la vida de nuestra
familia, de nuestros amigos , de los demás, seamos luz de esperanza
para todos aquellos que nos rodean y que muchas veces viven
inmersos en la oscuridad de los problemas o del dolor. Que el
Maestro Jesús nos motive siempre a que ayudemos a los demás.
Amén.
Con mi oración, cercanía y gratitud.
Pbro. Lic. Andrés Figueroa Santos

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