Después de haber celebrado la gran fiesta de Santa María, como madre de Dios y
madre nuestra, nos encontramos celebrando ahora la fiesta de la Epifanía del
Señor, es decir, cuando Jesús se manifiesta a todo el mundo después de haberse
dado a conocer a los pastores.
Hoy nos encontramos con el encuentro de los reyes de oriente, que, guiados por
una estrella, van al encuentro de Jesús para luego regresar a anunciarlo a los suyos
con su testimonio de vida.
Cuenta una anécdota que, en una ocasión, un padre de familia promete dejar la
herencia al hijo que actúe con más audacia, y les da una moneda con la cual podían
comprar algo con lo que llenarían la casa por completo. Lo que sucedió después,
fue que se van con entusiasmo a comprar aquello con lo cual llenar la casa.
Uno de ellos compró paja, pero no logró el objetivo, solo la llenó a la mitad. El
segundo compró varios costales de plumas, pero tampoco lo consiguió. Vino el
tercer hermano y aguardo a que callera la noche para encender la vela que había
comprado; sucedió pues, que la luz de la vela logró llenar la casa por completo y
fue el afortunado de gozar de la herencia que su padre había prometido al que
lograra este objetivo.
Y eso precisamente es este tiempo de Navidad y el objetivo de esta festividad, que
para muchos por su nombre suena algo raro. La epifanía del Señor, aquel Dios
humilde y sencillo, hecho hombre para venir a nuestro encuentro, e iluminar cada
rincón, cada situación de nuestra vida.
Por eso notros debemos tener la capacidad como cristianos de ir al encuentro de
Dios con nuestro testimonio de vida, darlo a conocer a los demás. En este viaje a
nuestro destino, a obtener nuestra herencia que no es ya una herencia material,
sino la salvación misma.
Dios nos entrega muchas monedas y no solo una, es decir, nos entrega muchos
talentos para llenar la gran casa que es el mundo, nuestro entorno, nuestra familia.
Hay que darle sentido a nuestra vida con el encuentro cotidiano, con nuestros
hermanos que a la vez son compañeros de viaje.
Por eso Dios mismo se sigue manifestando en nuestra vida a través de los
acontecimientos de ella misma, pero debemos tener la capacidad de dejarnos guiar,
así como fueron guiados los Magos, y al igual que ellos, tenemos que seguir
adelante a pesar de las circunstancias de la vida que nos toca vivir, como lo
experimentaron en su viaje al encuentro del salvador y que no fue nada fácil.
Según nos lo narra el evangelio de Mateo, su encuentro con el rey Herodes, la
perdida de la estrella que los guiaba, el cansancio del camino y cada situación difícil
que experimentaron. Más, sin embargo, su fe y su afán de encontrarse con Jesús
fue mucho más fuerte, hasta lograr llegar a su meta.
Que gran testimonio de estos Magos, que nos enseñan que, para lograr nuestras
metas, en especial la de la salvación, es mucho más fácil cuando se camina en
equipo, juntos como iglesia peregrina.
Cada uno a sus posibilidades, a su paso, pero constantes, recordando lo importante
que es alcanzar la meta a el encuentro eterno con Jesús.
Termino recordando que la Epifanía es la esperanza y la fiesta de la fe de todos los
cristianos, porque nos recuerda que en nuestro caminar hacia nuestra meta, Jesús
es nuestro compañero seguro de viaje. Es quien ilumina nuestro caminar para que
viajemos con seguridad, pidámosle que sepamos descubrirlo, vivo y presente en
cada momento de nuestra vida.
PBRO. JOSÉ DOLORES MUÑOZ TRUJILLO

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