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Vivir para Servir

Por: Gerardo Flores Sánchez
octubre 9, 2022
in Opinion
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La palabra “servir” es un verbo transitivo que expresa una acción o estado: que es el de estar al servicio de alguien, ser útil para algo.

En su etimología latina “servir” significa ejercer un cargo, pero también ofrecer servicios, atender y/o cuidar a alguien, ocuparse de las necesidades del otro, desde su perspectiva y para su real beneficio.
Adaptarse a otro viene de serviré que se refiere a atender, cuidar a otro. De la raíz de servitum, supino del verbo serviré, se derivan las palabras siervo, servidor, sargento y la de realizar la función de esclavo, en el contexto de la cultura grecolatina de la edad antigua.

Se asocia también con la palabra indoeuropea “ser”, que es conservar y observar.

En hebreo servir se dice PI’EL, significa ayudar. Pero además, en hebreo bíblico se utiliza la palabra sharat, que significa “ministrar, servir, oficiar”.

La frase “El que no vive para servir, no sirve para vivir”, atribuida al célebre escritor indio Rabindranath Tagore y a la mística Madre Teresa de Calcuta, esta enunciada con tal rigor moral, que prácticamente le da un carácter de mandamiento que convierte al servicio en una filosofía y una ética especial, con la cual se rebasa la comprensión de éste, como una opción libre de las personas o de una vocación inspirada por un llamado de origen sobrenatural o de la inclinación natural con la que se nace o de la visión del papel y propósito del hombre en el mundo, que mediante la educación y la cultura, establece como un modo cotidiano de vida el servicio a los demás.

Así el mensaje trasmite esta frase, es que el sentido de la vida del hombre, solo se alcanza ayudando a otros hombres.

Por su parte, la antropóloga Margaret Mead señaló que en la prehistoria, se evidenció el primer signo claro del trayecto de los homínidos (de hace casi 100 mil años) hacia la civilización, con el hallazgo de un fémur que sanó después de estar fracturado. Porque esto implicó que otros miembros de su comunidad no lo abandonaron, lo cuidaron y no dejaron que muriera, como ocurre en el mundo salvaje con los débiles y enfermos.

«Ayudar a alguien para que pueda atravesar una dificultad, es el punto de partida de la civilización», concluye Mead.

Es entonces, la colaboración, el servicio y el cuidado mutuo lo que fundamentalmente distingue la humanidad del salvajismo. Es su capacidad para proteger en comunidad, la vida de los suyos. Por lo tanto en su concepto, ayudar y ser ayudado, cuidar y ser cuidado, fincado en relaciones de la ayuda mutua y sentimientos de empatía y solidaridad, es lo que define la esencia de los seres humanos como especie

Sin embargo en la antigüedad el esclavismo introdujo otra concepción del servicio, no ya como ayuda mutua voluntaria, sino como una obligación impuesta por la fuerza, por ser vencido en una guerra o en un asalto, por deudas contraídas por ellos o sus pares. Se trataba de una relación esclavo-amo, en la que el primero no recibe ninguna retribución material por su trabajo. El amo es propietario por entero de una persona (de su trabajo, de su cuerpo y de su vida) que queda convertida en un objeto poseído, sin derechos y voluntad propia.

Así sabios griegos, como Platón y Aristóteles, creadores de los cimientos de la filosofía, la ciencia, las artes y la democracia occidental, vieron a la esclavitud, como algo natural y necesario. ¿Quién más si no los esclavos podrían realizar esas actividades de bajo estatus y poco aprecio, en que situaron al trabajo manual? Los amos, liberados de esa actividad desprestigiada, pudieron dedicarse a las tareas superiores del pensamiento y la creación de grandes obras artísticas, que aún hoy causan tanta admiración.

Esta sumisión y dominio absoluto en el que desaparece la voluntad del esclavo en la del amo, es la que recrean religiones como la hebrea cuyos libros del antiguo testamento prescriben que “cumplimos con nuestro propósito de glorificar a Dios al vivir nuestras vidas en relación y fiel servicio a él” (1 Samuel 12:24; Juan 17:4). Pués ya que “Dios creó al hombre a su imagen” (Génesis 1:26-27), el propósito del hombre no se puede cumplir si está apartado de él y sin someterse a su voluntad. En esos libros sagrados se citan los numerosos casos en que poderosos y soberbios reyes como Salomón, se perdieron por pretender vivir para su propio placer, apartados de Dios (Eclesiastés 12:13-14).

Así mismo, entre los hebreos, aunque había esclavos, la palabra servir a otra persona de alto rango o respeto que es “servida”, no se utilizaba para el trabajo en que se obligaba a un esclavo. Eliseo “serví¬a” a Elí¬as (1Ki 19:21). Se dice que Abisag “serví¬a” a David (1Ki 1:15). Varios tipos de funcionarios “serví¬an” a David (1Ch 28:1)

Servir en ese sentido, era por devoción, por voluntad, con agrado por agradar, con satisfacción por la honra de servir con lealtad. Desde luego, el más alto nivel del servicio, era el que se ofrecía a Dios o al pueblo de Dios. “Serviréis a Dios sobre este monte” (Exo 3:12). “A Jehová tu Dios temerás, y a Él solo servirás” (Deu 6:13).

Ya con el cristianismo, en el nuevo testamento, María dice al arcángel Gabriel, en respuesta a la anunciación: “Aquí está la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra.” (Lc 1.26-38). En un sentido cristiano, la palabra esclavitud en la declaración de sumisión absoluta de María, se entiende como la disposición, acción y estado de obediencia y servicio incondicional a Dios.

Por otra parte, muchas veces contrapuesto, a lo que la historia ha documentado como el papel y la práctica política concreta de las iglesias judeocristianas a largo de más de dos mil años de civilización occidental, las ideas centrales que caracterizan su pensamiento y cosmovisión del mundo, son las de la liberación de la esclavitud y la dominación, la primacía de la dignidad humana y el amor a Dios expresado en servicio al prójimo.

De esta manera, servir a Dios a través de servir al pueblo, sobre todo a los más desvalidos, adquiere un sentido profundo, trascendente y al mismo tiempo concreto y terrenal.

Un significado muy diferente al concepto de servicio, que se consolidó en la cultura occidental, sobre todo en la etapa que vive actualmente nuestra civilización, en la cual la visión hegemónica del mercado, establece al servicio como una mercancía más. Y en el mejor de los casos, dentro del paradigma empresarial de calidad al poner en su centro el servicio al cliente, los deja sujeto al principio de la competencia y de la ganancia, es decir del lucro.

Podríamos concluir que, servir a quien lo necesita y no servirse de los demás para cubrir nuestras necesidades, no es un error, ni una carga, sino la oportunidad de tener una vida fructífera y con sentido. No es más el que obtiene provecho de los demás, sino el que sirve más a quienes están en necesidad.

¿Qué consecuencias podría tener en nuestra vida personal, institucional y social, el dar prioridad al servicio en su sentido auténtico? La respuesta es que grandes serían las repercusiones, sobre todo cuando se trata de personas con un alto cargo y nivel en la toma de decisiones.

Que mejor que su legado y por lo que se les recuerde, sea la atención y el alivio de las necesidades del pueblo y no por la multiplicación de sus bienes y la prolongación temporal de su poder.

Pero también de los servidores públicos de menor rango, deseamos sea muy natural y frecuente escucharles decir: “¿Qué necesitan?”, “¿Cómo están?“¿En qué les puedo servir?” o “Estoy a sus órdenes”

Ya pudimos escuchar estas preguntas, desde los primeros mensajes y conferencias de prensa del gobernador Américo Villarreal, de su Secretaria de Educación Lucia Aimé Castillo y de su Secretario de Salud Vicente Joel Hernández. Es el mismo trato que están brindando sus Subsecretarios y Directores.

Confiamos que bajo la cultura del servicio, será la regla y la sana costumbre de aquí en adelante.
Realmente es agua fresca, después de los tiempos vividos.

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