Los límites de la guerra
En el siglo XIX, el célebre prusiano Karl Von Clausewitz, teórico de la Guerra moderna, dijo respecto al conflicto militar entre naciones e imperios: “debe tener necesariamente un carácter político y medirse con criterios políticos”, a lo que agregó para ser más preciso, “que la guerra no es un simple acto de política, sino un instrumento político, una continuación de las relaciones políticas, proseguidas con otros medios”. Es ente sentido que debe entenderse su aforismo: “La guerra es la política por otros medios”. No la “continuación de la política” como algunos belicistas han querido interpretarlo.
Clausewitz, recoge el avance que en su época, habían alcanzado las Ciencias Políticas y las Ciencias de la Guerra, contrastadas con la experiencia de las Revolución Francesa y las Guerras Napoleónicas.
Así se entiende que en las guerras entre países, aún en la máxima polaridad, fragmentación y la exacerbación de la violencia, su papel sigue siendo fundamentalmente político. Si se rebaza este límite, queda dominada y al servicio del odio (la emoción), la enemistad (la fuerza), la violencia primigenia (la irracionalidad). Esto es que, sin la primacía de la política, el resultado queda al azar y a las probabilidades, en las que la destrucción sin sentido, tiene la máxima oportunidad.
Cuando una guerra llega a este punto advierte Max Weber, “ya no es ganable, porque destruye el fundamento mismo de los intereses que se defienden con el conflicto”.
Actualmente estos principios del análisis de Clausewitz sobre la Guerra entre naciones, se puede aplicar a la confrontación entre partidos políticos, grupos o clases sociales, en los cuáles el límite de hasta dónde el Estado puede permitir llegar en la tensión, está dado también por el componente político de los enfrentamientos, a los que se les debe abrir los cauces de la política.
Señalan los teóricos, que si uno de los contendientes no se ciñe a estos límites establecidos por el Estado, cae entonces en la simple delincuencia, tornándose en amenaza a la legitimidad y eficacia del mismo Estado, que debe evitar que un conflicto llevado de esta manera a estos límites cause la degradación de su estructura institucional y de la sociedad.
La enemistad tomada y planteada en términos absolutos ha hecho que las guerras nacionales y los conflictos y disputas entre clases sociales y partidos en nuestra época, tomen carácter marcado por la “guerra absoluta”, que son dirigidas hacia alteración del equilibrio social.
Existen muchos ejemplos en nuestro continente, como son los de Colombia, Guatemala, El Salvador y otros más en diversos momentos históricos.
Tierra quemada
Una de las estrategias más extremas aplicadas en las guerras entre estados nacionales y las que llegan a ocurrir al interior de los países (Guatemala de Ríos Mont en los 80’s, por ejemplo) es la denominada como “tierra quemada” o “arrasada”.
Esta es, el conjunto de acciones bélicas que tienen como objetivo destruir, eliminar, reducir, dañar, sabotear, complicar, cargar de costos, sembrar el caos, el desconcierto, desmoralizar, sembrar la inconformidad, atemorizar, aterrorizar y acabar con todo lo que pueda ser útil y todos los que puedan ayudar a superar una violencia.
Esto incluye no solo armas, equipo militar y combatientes activos y potenciales, sino sobre todo las instalaciones, el equipo de comunicación, de cómputo, software, bases de datos, vehículos. Pero también de los recursos financieros, tiendas, alimentos, servicios públicos para producir falta o escasez de agua, luz, recolección de basura. Así como de los profesionales y técnicos que constituyen el capital humano que es necesario para la producción de bienes y servicios que cubran las necesidades y seguridad de la población. Otra vía es reducir o eliminar los fondos financieros para pagar a tales trabajadores.
En este paquete de acciones de violencia por los medios masivos de comunicación y redes sociales, mediante la difusión de información falsa o tergiversada y campañas contra objetivos “enemigos”.
Tiene un alto impacto y secuela de daños a personas, comunidades e instituciones.
Todo este daño, al mismo tiempo puede ser aplicado como “castigo” para causar “sufrimiento” al enemigo y como acción fríamente técnica, ya sea cuando el agresor invade, cuando se retira o es obligado a retirarse.
Para llegar a esos extremos, de atentar contra la tierra, los recursos, el Estado, las instituciones y la sociedad propia, lo primero que establece el ejército o grupo agresor, es identificar como “enemigo” a todo aquel que no se someta a su control y permanencia..
Lo deseable
Estas acciones que dañan y afectan a la misma población civil, ajena a los conflictos violentos, están a tal grado considerados fuera de toda ley y violatorios de los derechos humanos, que han sido prohibidos y sancionados por las Convenciones de Ginebra de 1977, establecidas por la comunidad internacional respecto a las guerras.
En un sistema democrático, donde priva la política en la competencia y en la disputa por el poder, no debiera haber guerra porque no hay enemigos y la existencia de uno no excluye la del otro. El que es elegido como ganador en una contienda electoral, debería recibir del que fue derrotado, el control íntegro del aparato de Estado, mediante una transición bajo la ley y la civilidad, sin odio, sin resentimiento, sin violencia en cualquiera de sus formas. Sin daños a terceros inocentes. Cuando la democracia no es simulación, la alternancia confirma que el poder reside en el pueblo.
La realidad
Ya desde el 9 de agosto Jesús Eduardo Govea Orozco, jurídico de Morena en Tamaulipas, advirtió que. la deuda que se le estaba dejando al gobierno de Américo Villarreal era de 15 mil 700 millones de pesos. Además había otras deudas indirectas, aún no bien estimadas por el bloqueo del proceso de entrega-recepción.
También preocupado denunció que todavía en el los últimos días del mandato del gobernador saliente, el Congreso controlado por él, le autorizó mediante una reforma al Art. 13 de la Ley de Ingresos del Estado, que pidiera un crédito por 1 300 millones,
Ahora se sabe que la administración saliente heredó deudas bancarias por más de 16 mil millones de pesos. Lo que significa un aumento del 33% en el endeudamiento del Estado, respecto del último trimestre del año 2016. El pago a tales deudas, están programadas para terminar de saldarse hasta el 2040, pues se trata de un financiamiento a largo plazo. Además hay un desfase a corto plazo para el cierre del 2022, ya que únicamente tiene 700 millones con un déficit de 2 mil millones de pesos
El mismo gobernador Américo Villarreal ha hecho público en las redes sociales que de los 56 mil millones de pesos de presupuesto que el gobierno federal envió a Tamaulipas al iniciar 2022, solo han dejado 7 millones de pesos. Y que el déficit para los 3 meses finales es de 2 mil millones de pesos.
También ha informado que en la infraestructura, de equipo y de materiales de las diversas instituciones, hay faltas, deficiencias y daños acumulados por falta de mantenimiento. Como es el caso en la Secretaria de Seguridad Pública en la que solo están activas el 43.6% de las unidades registradas en el parque vehicular.
Hay limitaciones en el equipo antimotines.
Otros daños causados no recientemente, ni tan notables como los de finanzas o los de la infraestructura, pero sumamente graves para la operación eficiente y de calidad de las instituciones del aparato estatal, fue la destrucción del caudal de capital humano, con alto perfil profesional, con expertez y experiencia adquirida por muchos años de servicio en puestos y funciones claves y que fueron despedidos, desplazados o congelados al inicio del arranque del pasado gobierno a fin de dar espacio al abundante personal que sin competencias acreditadas, sin perfil idóneo y sobre todo sin vocación y lealtad institucional (el favor se lo deben a quien los colocó) ocuparon puestos para ser peones y alfiles de la política del grupo al que pertenecen. Muchos de ellos se saltaron la fila del escalafón e ingresaron con plaza de base, con todo y compensación. Por lo mismo se quedaran por los siguientes sexenios haciendo antigüedad mientras los vuelve a necesitar su jefe real.
La mayoría de esos expertos desplazados, después de entregar su salud y su vida a su institución, se han ido jubilando, sin otro reconocimiento que el de sus compañeros y familiares que si saben de su capacidad y entrega al servicio. Un daño no solo laboral y a la economía familiar y en esencia humanitario.
Hoy en el nuevo gobierno surge la oportunidad de conservar a los que quedan, y dejar en sus manos expertas, las más complejas responsabilidades, por el bien del Estado y de los ciudadanos de los que es servidor y para los que existe.
Después de la tierra quemada
Si esto no es la reacción a un desacuerdo e inconformidad ante un resultado electoral, planteado bajo el modelo de guerra con la estrategia de “tierra quemada”, ¿Qué es entonces?
Si no se abandona la violencia y se vuelve a los causes de la política, solo se abonara al odio y a la destrucción, no al fortalecimiento de Tamaulipas.
Costará mucho esfuerzo, consumirá mucha energía y requerirá grandes dosis de voluntad y esperanza. Habrá daños irreparables. Pero seguro que de la yerba arrasada y la tierra quemada, brotará de nuevo y con más vigor la plántula de la nueva semilla.

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