Señor, auméntanos la fe para que no seamos sordos a tu voz
Muy apreciado lector, en este domingo XXVII del Tiempo ordinario (Ciclo C), la
Palabra de Dios nos enriquece con el Libro del profeta Habacuc (Hab 1,2-3; 2,2-4), el Salmo
94 (Señor, que no seamos sordos a tu voz), la segunda carta de san Pablo a Timoteo (2Tim
1,6-8.13-14), y el Evangelio de Lucas (Lc 17,5-10). El tema central: la fe, que es el
fundamento (ser y quehacer) de nuestra vida cristiana.
Deseo compartir esta reflexión en tres momentos: el contexto; la impotencia del
discípulo; finalmente, una petición muy actual: ¡Auméntanos la fe!.
El contexto del Evangelio. Teniendo de fondo una catequesis para sus discípulos,
Jesús aprovecha para mostrarles las exigencias de la fe, y aunque no hemos leído los
primeros 4 versículos del capítulo 17 es muy importante recordar estas exigencias: el
hacerte pequeño como actitud esencial para vivir el evangelio, y el aprender a perdonar
siempre al que te ofende.
La impotencia del discípulo. Así entonces, podemos ver porqué los discípulos le
dicen: auméntanos la fe, con ello piden fe para entender y vivir los valores del reino y para
aprender a perdonar, ya que el perdón es el signo más expresivo de la presencia de Dios
en quien perdona.
Lucas, nos describe el sentir del discípulo (que ahora es nombrado apóstol en clara
referencia a la misión) que experimenta la impotencia de anunciar el evangelio con una
actitud y mentalidad farisea, es decir, de grandeza, de triunfo: “Si tuvieras fe como un grano
de mostaza” (v. 6). La mostaza es el grano más pequeño, símbolo del inicio del reino de
Dios a partir de unos valores humanamente significantes.
La misión de anunciar el evangelio solo es posible cuando entiendo que la fuerza
radica en Dios, es decir, cuando mi confianza está en la fe y entiendo que Dios no es un
amo exigente, sino que soy su hijo: “No somos más que siervos, solo hemos hecho lo que
teníamos que hacer” (v. 10).
Una petición muy actual: ¡Auméntanos la fe! Hoy, nosotros vivimos momentos
sumamente difíciles: de violencia, de indiferencia, de incredulidad, de egoísmo, de
desencanto, desanimo (Cfr. Hab 1,2-3). Quizá, nosotros mismos sintamos que nuestra fe
se desvanece o se bloquea. Pero recordemos, el que busca sinceramente a Dios se ve
envuelto, más de una vez, en la oscuridad, duda o inseguridad. Los creyentes tenemos que
aprender a creer inmersos en este horizonte de crisis de humanidad y de crisis personal
(Cfr. Hab 2,2-4).
Todo lo que es importante en nuestra vida es siempre algo que va creciendo de
manera lenta y secreta, como fruto de una búsqueda paciente y como acogida de una gracia
que se nos regala. En concreto, nuestra fe puede comenzar a despertarse si acertamos a
gritar (orar) desde lo más profundo de nuestro corazón: “Señor, auméntanos la fe.” Que
nuestro grito (oración) nos ayude a hacer vida lo que dice San Pablo: “Reavivemos el don
de Dios…” (2Tim 1,6)
Estimado lector, pido a Dios te bendiga y te conceda todos los deseos y anhelos de
tu corazón, además de que nos conceda el deseo de encontrarnos con Él y trabajar por su
reino. Bendecido domingo, por favor, no te olvides de rezar por un servidor y por todos los
sacerdotes de nuestra iglesia diocesana.

Discussion about this post